Canek: historia y leyenda de un héroe maya

Por Cruz González Astorga

«El herrero de la hacienda se acercó al nuevo amo y le dijo.

-Señor, ya está terminado el hierro para marcar a las bestias del campo. ¿Hago otro para marcar a los indios?

            El amo contestó:

            -Usa el mismo.

            Canek rompió el hierro». Canek

Canek es una novela mexicana escrita en la primera mitad del siglo pasado por Ermilio Abreu Gómez, nacido en la península de Yucatán donde funcionó como engrane fundamental del Porfiriato la esclavitud laboral de los indígenas.

La novela tiene distintas dimensiones de análisis, destacando la estética y la histórica, ambas intrínsecamente relacionadas en la cultura maya. En Canek se respira poesía en las palabras de los personajes, los silencios, el cuchicheo de los indígenas; un ambiente lleno de simbolismos y metáforas donde van implicadas la naturaleza y la rebeldía ante las injusticias.

Cuando se evoca las memorables obras poéticas en la literatura, por estilo, estructura y contenido, Canek ocupa un lugar especial; una hermosa, tierna y entrañable novela del pasado y presente de los pueblos mayas.

Si Shakespeare romantizó a Hamlet al elaborar una estratagema basada en simular locura para vengar la muerte del padre, y así lograr su cometido al precio de sacrificar la vida del héroe para honrar la memoria del rey traicionado, su padre.

Abreu Gómez hace lo propio con un personaje sacado de la historia popular y la tradición indígena maya, Canek habla callando con los puños cerrados, sólo entre los niños se siente a gusto. En su nombre, convertido en símbolo de rabia y lucha, se funden dolor y esperanza para los originarios: el romanticismo de Hamlet concluye en su tragedia, el romanticismo de Canek no se limita a la ficción o referente literario, encarna en otros Canek del color de la tierra, es identidad de los pueblos para resistir los distintos rostros del invasor.

Para los estudiosos del arte literario Hamlet es considerada la obra mejor lograda, siendo un poema trágico escrito para dramatizarse, su belleza es admirada en todos los rincones del planeta, traducida a muchas lenguas, generando estudios de todo tipo, como sucede actualmente con La Metamorfosis de Franz Kafka.

Absurdo poner al lado de los monumentos mencionados el Canek de Abreu Gómez, más descabellado el colocar el aspecto ético por encima de ellas; si Hamlet es la unidad poética, y Don Quijote una mofa del medioevo; en Canek la poesía recorre la obra, una poesía propia de los mayas donde palabra y vida van de la mano.

Hamlet y Canek son también expresiones épicas, la diferencia entre ambas reside en la magnitud de los actos y contextualización de los acontecimientos. El héroe de Shakespeare atrae los reflectores de los lectores porque Hamlet lo sintetiza todo; la historia y la tragedia, resalta como individuo por sobre las circunstancias históricas-sociales donde se desenvuelve. Canek es sólo un espejo del colectivo al que pertenece, los protagonistas son reales, duelen en la carne del territorio y la historia de México. Canek es el pasado buscando su lugar en el presente; es pulso, también rebeldía contra quienes intentan imponerle otra visión del mundo, otro estilo de vida.

Hamlet evoca al héroe individual, situado en la tradicional filosófica europea donde la historia se sometía a la persona; Canek evoca la ebullición colectiva de los indígenas. Todavía hay más (otro disparate), Hamlet es, por cultura, el típico hombre occidental con poder y hambre de más dominio territorial (aquí no hay escrúpulos), ignorado este aspecto en analistas por el aura romántica de los castillos medievales y su caracterización teatral. En Canek es la ética el sustento de su personalidad y la de los suyos, es una historia viviente, una deuda histórica latente por el respeto y reconocimiento de los pueblos indígenas.

Canek y el niño Guy representan el respeto al otro, siendo diferentes en concepción de la vida, clase social, edad, y forma de interpretar y andar el mundo. Canek, escucha atento las fantasías del niño Guy, comprende lo que cuenta, paciente, lo que para el blanco es una tontería y pérdida de tiempo porque no genera ganancia. El indio Canek calla, en su silencio habita Guy, esperando la luna para atravesar los sueños, trastocando el único rincón que conservan con orgullo y dignidad; la memoria y dignidad colectivas.

II

Dejando atrás el tema literario, abrimos las puertas del análisis histórico que respaldan tanto la publicación de Canek en 1947 como hecho cultural y recuento histórico, en el sentido de expresar un proceso social de imposición sobre las culturas de los originarios por expresiones extranjeras, o en todo caso locales arropadas con el manto nacionalista.

Dividida en cinco partes; Los Personajes hablan del desenvolvimiento de los personajes que participan en la novela, el narrador describe la situación de los indios y la vida en las haciendas, hace dialogar a los personajes en un vínculo desigual donde los hacendados disfrutan del privilegio de pertenecer a la clase dominante económica, política y socialmente, el resto de la peonada les sirven en los quehaceres domésticos o el sostenimiento laboral de la hacienda, su economía.

En estas relaciones fragmentadas, los murmullos de los indígenas son de indignación, hablan con las miradas, los cuerpos rotos de tanto castigo y trabajo, las manos callosas que se cierran como señal de coraje, una alerta imperceptible para el terrateniente y los gobiernos locales afines a ellos.

La Intimidad es la parte donde se adentra en la vida de las haciendas, las relaciones internas, destacando el vínculo entre Canek y el niño Guy. Para la familia el niño Guy es un tonto por convivir demasiado con los indios, de comer incluso lo que ellos comen.

Guy, con la inocencia de la edad, hace amistad con Canek porque en su casa nadie le escucha, sus travesuras y ocurrencias le granjea regaños de la Tía Charo. Desde su corazón sencillo, intenta aprender de los indios, se hace de sus creencias, bebe agua junto a ellos, juega con el conejo hecho con el pañuelo blanco de Canek, observa las figuras de las nubes y dialoga sobre los fantasmas que se esconden en ellas, intenta guardar en su mano los colores del iris, lanza el cubo al fondo del pozo para, desde las profundidades ver las estrellas; toma de la mano de Patricio (nieto de Juan José Hoil) ante el peligro de una víbora que los acechaba…

Escucha las lecciones de Canek sobre la cantidad de estrellas en lo alto y de arenas en lo bajo del mundo, aunque no se abarque la cantidad de una y otra, se siente, que es otra manera de conocer.

Aprende el canto de los pájaros, besa la tierra como Canek porque en ella están los muertos, sus muertos, escudriña lentamente el secreto de las palabras del libro de Juan José Hoil; la historia de los indígenas mayas.

El padre de Guy era borracho, sin sentido de la vida, a veces le daba por escribir versos. Contaba Guy a sus amigos, cierto día su padre salvó a unos indios de ser devorados por los lagartos (estaban amarrados, seguramente por castigo de los patrones), subió a un cocotero y desde arriba arrojó cocos a sus cabezas hasta de hacerlos revolcar en su sangre y dolor. La Tía Charo temía que Guy siguiera los pasos de su padre escribiendo poemas.

Jacinto Canek llora la muerte del niño Guy, llora inconsolablemente «porque los niños que mueren se convierten en pájaros, se vuelven flores, van al cielo, despiertan…»

La Doctrina, La Injusticia y La Guerra narran los atropellos padecidos por los indígenas a manos de los blancos; los contrastes sociales dentro y fuera de las haciendas, así como las persecuciones de los gobiernos, protegiendo los intereses de los terratenientes, contra los hijos de la tierra, una dinámica que tristemente se observa en diversos conflictos actuales, incluyendo la situación en Sinaloa, la guerra perdida del estado.

La Doctrina es la cosmovisión de los originarios ante el nuevo panorama social a partir de la incursión de los extranjeros en sus tierras. A manera del Zaratustra de Nietzsche, Canek habla, diserta sobre la resistencia de los pueblos, la lucha contra el invasor blanco.

Canek dijo: -No se ha de olvidar lo que se lee en la crónica que escribió un señor antiguo que se llamaba Nabuk Pech. En ella se explica cómo los blancos buscaron en el norte hombres que les sirvieran como esclavos. Fue así porque, en aquellos parajes, los indios, sin agua, sin tierra ni animales, perecían de hambre y se daban, llenos de flaqueza de ánimo, al que primero los tomaba. Otra fue la furia que tenían para defenderse los indios del sur, porque aquí encontraban alimento para vivir y para cobrar poder de conciencia. No se diga nunca entonces que aquellos indios eran cobardes, ante se piense que eran muertos que hablaban al borde de las zanjas en que habían de caer. Entiéndase así porque es de justicia entenderlo así.

La Guerra es el último medio encontrado por los indígenas para resarcir los males padecidos, no es una guerra contra los blancos, es una guerra contra lo que representan: su mundo de destrucción en tierras mayas.

Canek, el personaje, simboliza el grito de indignación de un sector social despreciado por las sucesivas representaciones políticas con sus disfraces democráticas, hasta que los pueblos indígenas en nombre de Jacinto Canek, o recientemente en Zapata, hacen valer con estridencia su grito de rebeldía.

La novela dibuja el panorama de los originarios en México, un caminar de servidumbre y olvido. El plano social donde se desenvuelven los personajes de la obra es una representación de la realidad, intacta en muchos contextos del presente, por experiencia saben que «no se contentarán los blancos con lo suyo, ni con lo que ganaron en la guerra. Querrán también la miseria de nuestra comida y la miseria de nuestra casa. Levantarán su odio contra nosotros y nos obligarán a refugiarnos en los montes y en los lugares apartados».

En todas las luchas sociales existe un ideario que orienta los pasos a seguir para la liberación del yugo del patrón y sus lacayos, un horizonte de hacia dónde llegar. El horizonte zapatista en la revolución de 1910 era la repartición de tierras para los campesinos.

El horizonte planteado por los zapatistas levantados en armas en 1994 fue la liberación nacional, en su camino hay pasajes de construcción de la autonomía de las comunidades, los autogobiernos, un camino que ha llevado a una visión integral donde son campesinos por la mañana, pintores por la tarde, reflejando la inseparabilidad del arte y la política en su visión; ahora se empeñan en la lucha de «lo común», donde la estética y la política se entrelazan; la «no propiedad», como decir, este lago no es de nadie, no es propiedad de particular, su uso, disfrute y cuidado es común en quienes viven y dependen de él.

Ante el desdibujamiento de la humanidad, Canek plantea el horizonte de los originarios: «el hombre de estas tierras debe ser más exigente y más humano; debe querer la mejor realidad, la posible, la que madura y crece en sus manos. Esto será como vivir el ideal de la realidad».

III

Monólogos de Canek

la noche

la larga noche

de ayer

como sábanas cubre

las huellas de algún sitio

que tengo ya memoria

esas huellas

no llevan a ninguna parte

la noche cogió todo

casa y árbol

sólo la memoria vive

se llevó mis ojos

no puedo llorar

también la tierra

lo que somos…

de noche ando las huellas

de algún sitio

que no tengo

lo nombro

cuando nombro

cantan los gallos

la noche llega a su final

-niño Guy- ya puede abrir los ojos

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