Por Edgar Adair Espinoza Robles
El poder no sólo se disputa en las urnas ni en los congresos. También se disputa en los silencios, en las columnas pagadas, en las voces que aparentan lealtad mientras afilan el cuchillo. Hoy, la Cuarta Transformación atraviesa precisamente ese punto: el momento en que el movimiento debe definirse ideológicamente o resignarse a ser administrado por los mismos de siempre, esos que se disfrazaron de obradoristas sólo para seguir usufructuando el poder público.
Claudia Sheinbaum ha enviado señales claras: el 2027 no será un reparto a conveniencia de los pragmáticos del viejo régimen. Se acabaron las alianzas tácticas con quienes jamás entendieron que el humanismo mexicano no es un eslogan, sino una ética de servicio. La presidenta está reorientando el rumbo hacia la izquierda histórica del movimiento, aquella que viene de luchas, no de cúpulas; de convicciones, no de cálculos.
Y es precisamente ahí donde nace el llamado “fuego amigo”. No es fuego ni es amigo. Es el resentimiento de quienes creyeron que la 4T era una nueva franquicia para acumular poder, influencias, contratos o candidaturas. Son los mismos que hoy utilizan medios alquilados, encuestas infladas y guerra sucia para atacar a quienes sí representan el alma del movimiento. Porque ya lo saben: en el 2027 no serán protagonistas. El movimiento no va a hipotecar su futuro para satisfacer sus ambiciones personales.
Claudia Sheinbaum ha decidido lo primero. La presidenta está marcando distancia con los pactos pragmáticos que durante años se hicieron con sectores del viejo régimen. Sectores que acompañaron al movimiento sólo para sobrevivir políticamente, pero que jamás entendieron que el humanismo mexicano no es una retórica, sino una ética: servicio, no privilegio.
Vale recordar un episodio crucial de la historia mexicana: al final de su gobierno, Lázaro Cárdenas tuvo que elegir sucesor. Tenía dos rutas:
- Francisco J. Múgica, general de convicción socialista, la izquierda más pura de la Revolución.
- Manuel Ávila Camacho, un perfil más moderado, conciliador, cercano al centro ideológico.
Cárdenas eligió a Ávila Camacho, calculó que no podía dejar el poder en manos de la izquierda más radical de su tiempo so pena de una guerra civil.
López Obrador hizo exactamente lo contrario. Él, que podría ubicarse en un centro-izquierda pragmático después de gobernar, eligió a su Múgica: Claudia Sheinbaum. No optó por el centro. Optó por la congruencia. Y en muchos sentidos, ella es más de izquierda que él. Eso explica muchas cosas. Explica el nerviosismo de algunos dentro del movimiento.
Por eso, las candidaturas al Congreso de la Unión, y especialmente las locales, serán el verdadero termómetro. Ahí se verá si el movimiento decide le mantiene espacios a los oportunistas de siempre, o si se atreve a dar el paso que históricamente se le exigía: consolidar una identidad ideológica firme, asumir que la 4T no es un acuerdo de élites, sino un proyecto moral y político, tiene la confianza popular, ahora es cuando.
El mensaje desde Palacio Nacional es simple: la lealtad se mide en principios. Y quienes usaron el movimiento como trampolín, se quedaron sin red.
El 2027 no será un reparto; será un parteaguas. Y la historia, como siempre, sabrá a quién colocar del lado del pueblo, a quienes sirven con amor al pueblo.
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1 Comment
Es un buen texto. Claro y preciso. Describe el paisaje político nacional con sus personajes, perfiles y aspiraciones.
La presidenta está en un punto de inflexión en el que deberá tomar la decisión de lanzarse al ejercicio pleno del poder arropada en ese 80% de apoyo popular o concesionar espacios a las élites depredadoras de siempre. Coincido contigo Edgar, en el sentido de la importancia de consolidar ideológicamente a nuestro partido, que de repente se pierde en el oleaje del pragmatismo. Somos y debemos asumirnos como un partido de izquierda y sin claroscuros en la geopolítica.
Creo que nuestra presidente tomará la mejor decisión y cortará las anclas al gatopardismo y sus intereses grupistas para lograr una mejor flotación y consolidar nuestros objetivos nacionales de desarrollo y de beneficios para todos.