Por Alejandro Castro
Hemos visto desde hace muchos años aquella emblemática camiseta con la foto del Ernesto “El Che” Guevara por todos lados, yo mismo tuve una mochila con su rostro en la prepa, cuando pensaba que era revolucionario.
Ernesto nació en Argentina en 1928, estudió medicina y se enroló al movimiento revolucionario de Latinoamérica del siglo pasado, hay una película con Gael García Bernal donde se cuenta la travesía en moto del héroe por toda Sudamérica y sus dialécticas en sus diarios, muy romántico el señor revolucionario. Esos diarios fueron lectura obligatoria en las escuelas de Cuba.
Es casi imposible pensar en la izquierda revolucionaria latinoamericana sin incluir la imagen de Fidel Castro o Ernesto Guevara, los asociamos de manera inmediata con la lucha de ideales y el bienestar común y desinteresado, casi casi como los libritos que arrojaban por debajo de la puerta, los domingos, donde un león convive con una oveja. Esa era la utopía revolucionaria de El Che, en un ideal socialista, de igualdad de derechos y acceso a los beneficios sociales del Estado de manera universal.
Pero esos no fueron los ideales que nos describe Reinaldo Arenas en sus memorias autobiográficas: Antes que Anochezca, donde nos habla de campos de concentración para la población LGBTIQ de Cuba después de la revolución y llegada al poder del comunismo, dirigido por Fidel e ideado por Ernesto.
Esos campos se llamaban Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP) y ahí iban a parar homosexuales, disidentes políticos, religiosos, periodistas incomodos y cualquiera que no pensara o actuara como decía el Régimen. Ernesto conoció el modelo de estas Unidades de Producción en un viaje que hizo a China donde existía algo parecido.
La primera UMAP fue abierta por El Che en la bahía de Guanahacabibes para recibir a los internos. Un huésped de honor de esos campos de concentración fue Pablo Milanés, por disidente político. Los homosexuales eran enviados a esos campos de trabajo forzado, separados de sus familias, exhibidos en las plazas públicas y condenados a muertes prematuras por trabajos extenuantes, accidentes en los campos o enfermedades comunes por no ser admitidos en hospitales públicos. El lema y razón de trabajo en los campos de concentración cubanos era: El Trabajo los hará Hombres. Suena tan cercano a aquella frase que los alemanes nazis usaban para sus propios campos de concentración.
Reinaldo Arenas vio caer la dictadura de Batista. Pero el futuro después de la instauración del régimen no fue mejor, es más, fue peor, mucho peor. Una vez instaurado el gobierno de Castro, se armaron redadas en contra de la población disidente, donde se incluían a cualquier letra de las LGBTIQ. Hay una película homónima al libro autobiográfico de Reinaldo, estelarizada por Javier Bardem, que cuenta la historia y estremece hasta las lágrimas.
Cuba no era la excepción mundial, era la regla. Eran los años sesenta del siglo pasado y a nivel internacional se estaban dando las primeras luchas para ganar espacios para la diversidad. Las mujeres ya habían abierto varias puertas, habían ganado espacios, ya se podía hablar de sexo, de placer sexual pero aún faltaba mucho para hablar de género o de diversidad sexo genérica.
Pero no era lo mismo ser reprimido en la calle por la condición sexo genérica a ser apresado y mandado a trabajos forzosos. Fidel Castro, en una entrevista que le concedió a La Jornada, en 2010, se declaró culpable de lo que pasó en sus campos de concentración con una frase escueta: “si alguien es responsable, ese soy yo”.
Cuba vive actualmente cambios sociales, ha habido un trabajo legal y político para respetar los derechos de la población de la diversidad llevados por la sobrina del dictador Mariela Castro Espín.
Les recomiendo los documentales que hablan de “El Éxodo de Mariel”, muchos exiliados salieron de la isla en ese barco camaronero; hay varios en YouTube.
Escríbanme, yo los leo.
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Alejandro Castro es originario de Mazatlán y parte de la generación millennial, estudió Turismo en la UdeO y más tarde una maestría en Ciencias Sociales en la UAS. Ha combinado la docencia universitaria con la investigación y la capacitación, además de desempeñarse en distintos espacios públicos: fue secretario técnico de la Junta de Coordinación Política en el Congreso de Sinaloa, secretario particular en la SEPyC y coordinador de proyectos estratégicos en su ciudad natal.
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