Por: Alejandro Castro Osuna
El concepto de género significaba mujeres y niñas en 1991 cuando se creó el Movimiento por los 16 Días de Activismo en contra de la Violencia de Género. Las causas y luchas de la población LGBTIQ estaban en otra bolsa: eran la disidencia, los diferentes, “los otros”. Se empezaba a hablar de diversidad sexo-genérica en voz alta en aquellos lejanos 90’s. Un año antes la homosexualidad había salido del catálogo de enfermedades mentales de la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Ese año se estrenó la película mexicana Solo con tu pareja de Alfonso Cuarón, con el VIH como protagonista y con una cantaleta moralina sobre la infidelidad y el sexo libre. Madonna cantaba Justify My Love y México firmaba el Tratado de Libre Comercio.
Ser “homosexual” en aquel 1991 significaba todo lo que no cabía en el término heterosexual, sin preguntar, sin diferenciar; toda la diversidad se definía como homosexual, sin más. Todo lo que no estaba ahí adentro no existía en voz alta: el movimiento lésbico estaba mal entendido, las comunidades y los movimientos trans tenían una lucha encarnizada contra los estigmas, y la guerra del SIDA estaba costando vidas, familias, amigos.
Y en medio de esa guerra nacen los 16 Días de Activismo en contra de la Violencia de Género. A mí me ha sonado, desde siempre, a un grupo de personas con privilegios tratando de justificar sus comodidades. Pero veamos cómo se ha comportado este fenómeno en los últimos 34 años.
Los 16 Días de Activismo han servido para llevar pláticas, conferencias, talleres de empoderamiento y fortaleza a las niñas y niños de educación básica; para hacer campañas de concientización en contra de la violencia hacia las mujeres e intrafamiliar; para hacer campañas de prevención de infecciones de transmisión sexual y embarazos no deseados. Poco o nada se habla de diversidad sexo-genérica.
Y estoy totalmente a favor de la concientización en contra de la violencia en cualquier ambiente y tipo, pero no podemos seguir hablando de activismo y protección a favor del género cuando solo hablamos de mujeres y niñas. Interesante sería ver cursos y talleres para la protección de los derechos de la población trans, campañas en contra de la homofobia y la lesbofobia, conferencias donde les expliquen a las juventudes sobre la diversidad de género y sus derechos de expresión y a una vida libre de violencia sin importar su sexualidad o identidad.
En 2010, por ejemplo, la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS) inauguró el “Centro de Políticas de Género para la Igualdad entre Mujeres y Hombres”. La máxima casa de estudios de Sinaloa sigue definiendo el género como binario y absoluto. Hace muy poco tiempo se abrieron posibilidades sobre población de la pluralidad genérica y no binaria dentro del Centro de Políticas de la UAS, y sigue siendo un tema poco explorado dentro de sus cuerpos académicos.
Y con esto no propongo que los 16 Días de Activismo se conviertan en una jornada abocada a la población LGBTIQ; mi idea va más en compartir los espacios desde la pluralidad y la información para los jóvenes que cada vez son más claros y abiertos sobre sus sensaciones y sentimientos. Son ellos los que nos están marcando el ritmo y la ruta, y es a estas generaciones jóvenes a las que debemos crecer en el entendimiento y respeto por la pluralidad sexual y de género.
Lo he dicho antes: las puertas que abren las mujeres han servido para que entremos todes. Son las mujeres las que han levantado la voz y han sido de las primeras en conseguir que sus voces se escuchen.
Esperemos que con el paso de unos años más, estos días de Activismo genuinamente se conviertan en espacios para visibilizar el género y todo el espectro dentro del término. Somos muchos, somos diversos, somos todos; abramos espacios donde todos quepamos en el concepto de género y dejemos de pensar que solo incluye la dupla hombre-mujer heterosexual.
Escríbanme, yo los leo.
Alejandro Castro Osuna
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Alejandro Castro es originario de Mazatlán y parte de la generación millennial, estudió Turismo en la UdeO y más tarde una maestría en Ciencias Sociales en la UAS. Ha combinado la docencia universitaria con la investigación y la capacitación, además de desempeñarse en distintos espacios públicos: fue secretario técnico de la Junta de Coordinación Política en el Congreso de Sinaloa, secretario particular en la SEPyC y coordinador de proyectos estratégicos en su ciudad natal.
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