Diversidad Política | Transporte a la infancia de Frida Cartas

Diversidad Política | Transporte a la infancia de Frida Cartas

Por Alejandro Castro

Me encontré este libro por casualidad y lo compré por el chisme de saber por qué la Universidad Autónoma de Sinaloa se niega a otorgarle su cambio de identidad a una persona trans que ya cumplió con todos sus requisitos administrativos y académicos.

Frida es mi paisana y creció en una colonia popular de Mazatlán, la mayoría de sus relatos se parecen a la infancia de muchos de mi generación: juegos en la calle, calles encharcadas después de la lluvia, bandadas de niños entrando y saliendo de las casas de los vecinos como si fueran nuestras, reuniones de Tupperware de las señoras, ambos padres trabajadores. Eran los años 80 del siglo pasado.

La historia se hace profunda cuando Frida nos cuenta como desde niña supo quién era y qué quería: quería ser reina del carnaval, quería usar vestidos, quería tener amigas y jugar a las muñecas. Debió ser difícil ser una persona trans, en transición, pero con las convicciones bien claras de quién eres y qué necesitas, en el Mazatlán de finales del siglo pasado. Y Frida nos lo cuenta de manera jocosa, alegre, tropical, mazatleca. 

Leyendo despacio, podemos encontrar lo que muchas personas LGBTIQ+ viven diario, sobre todo las personas trans para las que a veces es difícil explicar los cambios físicos, externos, cuando en el interior se tiene la convicción de lo que somos, de lo que queremos, de a quien amamos. Es Frida la que defiende desde el inicio su ser, aun contra sus vecinos, compañeritos de la escuela, maestras y su propio padre.

Pero Frida tuvo un gran faro: su madre. Ella entendió desde el inicio el corazón y el alma de Frida que la acompañó desde su primer momento. Su mamá sobaba empacho, subía molleras, inyectaba a domicilio, trabajaba en una congeladora limpiando camarón y lo que usted guste y mande.

Un guiño de nostalgia es esa visita de Frida a la recién inaugurada Plaza del Mar, refugio de las colonias y los poblados rurales de Mazatlán donde íbamos a jugar a “las maquinitas” más nuevas y con los juegos más modernos. El libro está escrito como anecdotario, como chispazos, recuerdos que brincan en el tiempo y que dejan ver una historia cotidiana pero extraordinaria.

Frida nos cuenta del amor carnal con su vecino y de su relación epistolar con un profesor de la UAS que falleció de manera trágica; de sus desamores y de sus desengaños juveniles. Es la historia de amor de muchos de nosotros, con amores imposibles y amores inmediatos.

El libro lo compré en Gonvill a un super precio, es de editorial Almadía y vale cada hoja. 

Escríbanme, yo los leo.

Alejandro Castro Osuna

FB: Alejandro Castro Osuna

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Alejandro Castro es originario de Mazatlán y parte de la generación millennial, estudió Turismo en la UdeO y más tarde una maestría en Ciencias Sociales en la UAS. Ha combinado la docencia universitaria con la investigación y la capacitación, además de desempeñarse en distintos espacios públicos: fue secretario técnico de la Junta de Coordinación Política en el Congreso de Sinaloa, secretario particular en la SEPyC y coordinador de proyectos estratégicos en su ciudad natal.

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