Por Joel Álvarez Borrego
Existen personas muy inclinadas a un equipo de futbol, son capaces de fuertes discusiones a favor del equipo de su predilección. Otros defienden a capa y espada la religión que profesan. Y algunos muestran su inclinación a un solo partido político sin detenerse a pensar en las propuestas o acciones de los demás. Estos tres ejemplos son suficientes para detectar algo que daña profundamente las relaciones humanas, el dogmatismo. El dogmatismo es una actitud que implica aceptar ciertas creencias o doctrinas como verdades absolutas, sin cuestionarlas ni permitir críticas. Se asocia a menudo con una falta de apertura al diálogo o al cambio de opinión.
Cuando dos personas o un grupo de personas, cargando cada uno con su propia postura dogmática se reúnen para establecer una plática, ésta se convierte en un verdadero caos, los puentes de comunicación se caen cual si hubieran sido dinamitados cayendo irremediablemente en posturas bizantinas. Las discusiones bizantinas son debates o argumentos interminables y muy detallados sobre cuestiones que, en realidad, son insignificantes o irrelevantes. El término proviene de la época del Imperio Bizantino, donde se decía que los teólogos debatían sobre cuestiones teológicas complejas mientras ignoraban problemas prácticos más urgentes. Hoy en día, se usa para referirse a debates que son considerados inútiles o sin sentido.
Para poder establecer verdaderos puentes de comunicación es necesario despojarse de toda actitud dogmática y abrirse al diálogo con un pensamiento crítico. Para ello debemos enseñarnos a escuchar, pero sobre todo escoger con quien o quienes vas a dialogar, pues no vale la pena perder el tiempo.
Mediante el diálogo se pueden obtener consensos, es decir llegar a acuerdos que jamás serán absolutos, todos los acuerdos tienen su grado de relatividad. O en su caso caer en disensos, es decir no llegar a acuerdos pero sin violencia verbal ni aires de grandeza. Disenso se refiere a la falta de acuerdo o discrepancia en opiniones, ideas o puntos de vista entre personas o grupos. Es cuando hay desacuerdo o diferencias respecto a un tema en particular.
¿Has participado en una plática donde el uno busca convencer al otro y a la inversa?
No pierdas tu tiempo.
He aprendido
a no intentar
convencer
a nadie. El
trabajo de
convencer es
una falta de
respeto, es
un intento de
colonización
del otro.
José Saramago