Una guerra que también mata de hambre
En Gaza, el asedio israelí no solo se libra con bombas y balas, sino también con restricciones extremas al acceso de alimentos, agua y medicinas. La ONU y organizaciones como OCHA, Save the Children y Oxfam denuncian que más del 90% de la población palestina enfrenta una lucha diaria por sobrevivir, atrapada entre la violencia y la escasez extrema.
En las últimas 48 horas, al menos 33 personas —muchas de ellas niños— han muerto por hambre en Gaza, según datos del Ministerio de Sanidad gazatí. Naciones Unidas clasifica la situación en fase 5: catastrófica, la más alta en la escala de inseguridad alimentaria.
“Política calculada de inanición”
Para Jonathan Whittall, de OCHA, lo que ocurre no es una simple crisis humanitaria: es una política sistemática de inanición. Los camiones con ayuda humanitaria permanecen retenidos en la frontera debido a disputas sobre qué productos pueden ingresar. Mientras tanto, la población se arriesga a morir por una bolsa de harina. “Las estampidas por comida matan más que los bombardeos”, denuncian periodistas locales.
Israel niega estar provocando una hambruna deliberada. Argumenta que busca impedir que Hamás se beneficie de los suministros. Sin embargo, informes de derechos humanos acusan a Tel Aviv de convertir la comida en arma de control.
El derecho internacional es claro
Desde el Estatuto de Roma hasta los Convenios de Ginebra, el derecho internacional prohíbe explícitamente el uso del hambre como táctica bélica. La Resolución 2417 del Consejo de Seguridad de la ONU, aprobada en 2018, lo considera un crimen de guerra cuando se emplea intencionadamente contra civiles.
La Corte Penal Internacional emitió en 2024 una orden de arresto contra el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu por crímenes de guerra, incluyendo el uso de la inanición como método de guerra. Sin embargo, ninguna orden se ha ejecutado por falta de voluntad política internacional.
Historia de una táctica silenciosa y mortal
El hambre ha sido utilizada a lo largo de la historia como arma de sometimiento, exterminio y desplazamiento forzado. Algunos ejemplos documentados:
- Holodomor (Ucrania, 1932-33): millones murieron por una hambruna provocada deliberadamente por Stalin.
- Sitio de Leningrado (1941-44): casi un millón de rusos murieron de hambre bajo el asedio nazi.
- Sarajevo (1992-96): las fuerzas serbias cortaron comida, agua y energía, causando miles de muertes.
- Siria (Ghouta y Madaya, 2013-16): el régimen de Bashar al-Assad impuso asedios que mataron por inanición.
- Yemen (desde 2015): el conflicto ha dejado a más de 17 millones en crisis alimentaria.
- Tigray, Etiopía (2020-22): el gobierno fue acusado de bloquear intencionalmente el acceso a alimentos y medicinas.
Gaza, desde 2007 y especialmente tras 2023, se ha sumado a esta lista. La ONU y expertos legales coinciden: el hambre inducida en contextos de guerra no es una consecuencia colateral, sino un arma silenciosa y brutal.
Pocas condenas, mucha impunidad
Aunque el derecho internacional clasifica estas prácticas como crímenes de guerra o incluso genocidio, la rendición de cuentas sigue siendo excepcional. Probar la intención deliberada, en contextos de alta complejidad política y militar, es uno de los mayores retos jurídicos.
El abogado Hassan Al-Hattab y el historiador Essam Khalifa coinciden: la impunidad internacional permite que el hambre siga siendo utilizada como herramienta de exterminio, control territorial y presión política.








