Diversidad Política | El sexo digital está protegido por ley en México

sexo digital

Por Alejandro Castro

Hace mucho, mucho tiempo había salas de chat diferenciadas por colores en la plataforma LATINCHAT. Los colores oscuros servían para practicar lo que hoy conocemos como sexting (sexo digital): ya lo practicábamos, pero aún no sabíamos que tenía nombre. Hoy en día, la juventud encuentra nuevos amigos, ligues y sexo rápido en esos espacios virtuales.

Y no solo los jóvenes, cada vez es más común que estos espacios de encuentro digital se conviertan en la nueva forma de socializar en un mundo cada vez más rápido, más agitado, más proclive a la segregación y la soledad del individuo.

Compartir contenido sexual o erótico con otras personas por medios digitales no es un delito en sí y está protegido por ley siempre y cuando el material sea personal, propio y quienes aparecen en él estén conscientes de que están siendo grabados y difundidos, sean mayores de edad y en pleno uso de sus facultades.

Todo esto nace a partir de que una aliada fue vulnerada en su intimidad al filtrarse material erótico que ella no autorizó hace algunos años y sacó fuerzas para exponer su caso, llevarlo a las autoridades y enfrentarse al sistema legal y judicial del país, es que hoy tenemos algo llamado Ley Olimpia. Gracias Olimpia Coral por atreverte.

La Ley Olimpia es un conjunto de reformas en la legislación federal que se ha replicado en las leyes locales en las leyes locales donde se tipifica como delito compartir y almacenar material íntimo, sexual, erótico de una persona sin su consentimiento. Es decir, pasar el pack, pasar las nudes del ligue, del jale, del chacal, del ex, es un delito si este no nos las autoriza expresamente.

Y tal vez para un pequeño grupo de personas esto de que se filtren sus nudes sea un horizonte lejano, improbable, imposible. Pero para una parte importante de nuestra comunidad no lo es. Es frecuente el uso de apps de ligue donde el contenido sexual y explícito es la norma: sexo rápido, anónimo, free. Es así como nuestras nudes suben a internet y andan en los celulares de nuestros ligues actuales o anteriores. Y aunque sea una decisión personal enviar esas imágenes, esto no da la autorización a la persona que las recibe para que las comparta.

Con los meses que pasamos aislados y luego en semireclusión por la pandemia, la transferencia de material erótico vía digital se incrementó, el uso de apps y el sexting se convirtió en una solución a medias para nuestra vida sexual. Mientras todo sea consensuado, privado y entre adultos, no hay mayor asunto.

Pero hay grupos en redes sociales que se dedican a cambiar likes por fotos, donde se exponen, de la manera más pública y sin censura alguna, las imágenes de desconocidos a los cuales se les violentaron sus derechos a la privacidad y la protección de su identidad. Las redes sociales de META ya ofrecen la posibilidad de bajar contenido sexual que no haya sido autorizado después de un engorroso sistema de validación y verificación de identidad, aun así, siempre existen huecos digitales y respaldos en los dispositivos.

No existe el cibersexo 100 % seguro, todo puede ser grabado, todo puede ser compartido, todo puede ser respaldado. Entonces no nos queda más que cuidarnos; si ya estás seguro que vas a compartir fotos o videos íntimos: no grabes tu rostro; no permitas que te puedan identificar por el lugar o lo que se ve de fondo en tus imágenes; déjale claro a tu ligue o pareja que ese material es exclusivamente entre ustedes y no para compartir, por lo menos que se den por enterado; usa plataformas que te permitan mandar mensajes temporales y de autodestrucción para que no queden almacenados en los dispositivos y se filtren “sin querer”.

Todos tenemos cibersexo, todos sexteamos, no vamos a ser críticos morales, mejor seamos empáticos; si por casualidad o error recibimos material explícito de un conocido o sabemos de plataformas que difunden material explícito sin consentimiento, denunciemos, cuidémonos entre nosotros.

Escríbanme, yo los leo.

Alejandro Castro Osuna

+ + +

Alejandro Castro es originario de Mazatlán y parte de la generación millennial, estudió Turismo en la UdeO y más tarde una maestría en Ciencias Sociales en la UAS. Ha combinado la docencia universitaria con la investigación y la capacitación, además de desempeñarse en distintos espacios públicos: fue secretario técnico de la Junta de Coordinación Política en el Congreso de Sinaloa, secretario particular en la SEPyC y coordinador de proyectos estratégicos en su ciudad natal.

+++

Aviso de responsabilidad:
Las opiniones expresadas en esta columna son exclusiva responsabilidad de quien las firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de este medio.

(Visited 264 times, 20 visits today)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Close