Washington .— Pese a la retórica agresiva del presidente Donald Trump, el gobierno de Estados Unidos permitirá que México continúe suministrando petróleo a Cuba, una decisión que exhibe las contradicciones entre el discurso político y la práctica real de la política exterior estadounidense.
De acuerdo con la posición oficial, Washington no ha ordenado ni exigido a México suspender los envíos de crudo hacia la isla, aun cuando Trump aseguró públicamente que no habría “ni petróleo ni dinero” para Cuba y lanzó nuevas amenazas para forzar un acuerdo con el gobierno cubano, reportó el lunes CBS News citando a funcionarios estadunidenses.
México, pieza clave tras el aislamiento regional
Desde el aislamiento energético de Venezuela y el endurecimiento del bloqueo económico, México se ha convertido en un proveedor estratégico de combustible para Cuba, en un contexto marcado por apagones prolongados, escasez de energía y una crisis económica profunda.
La decisión de permitir los envíos revela un cálculo pragmático de Washington: cortar totalmente el suministro podría provocar un colapso energético con consecuencias humanitarias difíciles de contener, algo que incluso el propio gobierno estadounidense parece no estar dispuesto a asumir, pese a su discurso de presión máxima.
Según declaraciones del secretario de Energía, Chris Wright, citadas por CBS News, la política actual de Estados Unidos es permitir que México continúe suministrando petróleo a la isla.
“Estados Unidos no busca provocar el colapso del gobierno cubano, sino negociar con La Habana para abandonar su sistema comunista autoritario”, declaró otro funcionario estadunidense.
Retórica de castigo, política de contención
Mientras Trump insiste en justificar sus amenazas como parte de una estrategia de “seguridad nacional”, funcionarios estadounidenses han dejado claro que la prioridad no es provocar el colapso del gobierno cubano, sino mantener márgenes de negociación que permitan presionar sin desatar una crisis regional mayor.
Esta lógica vuelve a poner en evidencia el uso del castigo económico como herramienta política, donde los pueblos quedan atrapados entre sanciones, bloqueos y amenazas que poco tienen que ver con la democracia y mucho con el control geopolítico.
Cuba responde desde el derecho internacional
Desde La Habana, el presidente Miguel Díaz-Canel respondió que cualquier avance en la relación con Estados Unidos debe basarse en el respeto al derecho internacional, y no en la hostilidad ni la coerción económica que durante décadas ha marcado la política estadounidense hacia la isla.
El mensaje es claro: la presión no ha logrado doblegar al gobierno cubano, pero sí ha profundizado las dificultades cotidianas de su población.
Entre la soberanía y la presión externa
La decisión de Washington de tolerar los envíos mexicanos confirma que la política exterior de Estados Unidos hacia Cuba no se rige solo por principios, sino por conveniencia. México, por su parte, mantiene una postura que combina soberanía, diplomacia y solidaridad regional, aun bajo la constante presión del vecino del norte.
La pregunta de fondo permanece abierta:
¿hasta cuándo la política internacional seguirá utilizando el acceso a la energía como mecanismo de castigo colectivo?








