Por Cruz González Astorga
“la tierra de esta parte del mundo es mía… los indios vienen con las escrituras” Blas Ibarra y Buelna
Desde mi juventud el nombre de Felipe Bachomo ha resonado profundamente como un personaje que representó la cohesión de los indios del norte de Sinaloa en la lucha contra los atropellos de los “yoris” (blancos).
No fue, sino hasta hace unas semanas, después de un escrito sobre Luis Pérez Meza (el trovador del campo) que un amigo de Topolobampo, el profesor Askary, con quien solía filosofar aquellas prolongadas tardes bajo los árboles de eucalipto en la Escuela Normal de Sinaloa, me sugirió el abordar a Bachomo.
En su petición había un “no olvides a los del norte, aquí también hay historias por contar”. Eso interpreté, busqué información entre los archivos de Presagio, una vieja colección que el Archy (vendedor de libros usados en Culiacán) me regaló cuando solía visitarlo para observar sus marionetas de teatro, encontrando vagos pasajes de su vida.
Por fortuna tenía entre los materiales el libro de Ramiro Sánchez Arce, apasionado investigador de historia regional, de la ciudad de Los Mochis, documento que había leído en un par de ocasiones, haciéndome una imagen rebelde de Bachomo.
La pretensión de la columna periodística donde se publican estos artículos, consistió en analizar literatura, en especial novelas y cuentos, para luego compartir con el lector imaginario, como decía Nicanor Parra. El rumbo de las publicaciones se ha ido modificando, en parte a las opiniones del limitado público (pero fieles), ensanchando el horizonte de la escritura, diversificando su temática y estilo.
Sin proponérmelo, escribir un artículo sobre Luis Pérez Meza desembocó en inclinar la mirada en la historia y literatura sinaloenses. En lugar de poner atención en los «grandes» autores y el «gran» arte renacentista, griego, romano o francés, al lado había y hay expresiones dignas de conocer.
La novela histórica de Ramiro Sánchez Arce “Viento Frío” ofrece un panorama básico, con una estructura accesible para los lectores que dan sus primeros pasos en el conocimiento de la historia regional, el personaje aludido jugó un papel central en el periodo de la revolución mexicana con unas demandas vigentes hasta el día de hoy, no podemos disociar a los pueblos originarios de la tierra donde nacieron.
El libro tiene imprecisiones, muchos errores elementales en la edición, que no desmeritan el trabajo del autor, el esfuerzo de Ramiro abona al debate histórico, replantea desde su perspectiva otra lectura de Felipe Bachomo.
Paco Ignacio Taibo II cuando escribió el libro sobre el “Che Guevara” comentaba el peligro latente del investigador al enamorarse del personaje que estudia, tendiente a sobredimensionarlo de la realidad. Ramiro Sánchez Arce suele romantizar a Bachomo, contiene datos importantes para ubicarlo espacial y temporalmente, pero el lado sentimental es el que se impone; los supuestos motivos de odio de Bachomo hacia los “yoris” para incorporarse a la revolución; su amor silencioso por la hija de su patrón, Elvira Cázarez; la poca o nula formación política, entre otras.
Ramiro Sánchez Arce expone que en el alma de Bachomo se escondía un rencor hacia el “yori” por el asesinato de su padre Antonio Bachomo, perpetuado por los rurales, «una banda de asesinos al servicio de intereses de malos gobernantes y hacendados caciques», cazaban a los indígenas como si de animales se tratase, con toda la impunidad del sistema de justicia del Porfiriato, o precisamente por eso.
Cuando estalla la revolución maderista, Bachomo no duda en incorporarse para refrendar la memoria de su padre. Sánchez Arce no describe un ideario revolucionario que lo impulsara, sino su sed de venganza como a muchos indígenas de la región de El Fuerte, Sinaloa.
Podemos dejarnos llevar por el reduccionismo en la base explicativa de Sánchez Arce que, dicho sea de paso, tiene que ver por la falta de información de la infancia y juventud del personaje, sin embargo, una vez dentro de “la bola” (la revolución mexicana de 1910), sale a relucir la demanda de los pueblos originarios en palabras y actos de Felipe Bachomo como sucedió en el sur del país con Emiliano Zapata, en otras palabras, el fijar firmemente la lucha por la tierra expresa una postura política y la demanda principal que trastoca la base económica del país en esa época; la repartición de la tierra.
Que había un odio en Felipe Bachomo “el Missi”, sí, pero no es un odio personalizado, era un malestar colectivo de los indígenas hacia los terratenientes quienes, no conformes con arrebatarles las tierras, los empleaban como esclavos como bien lo expresó el exgobernador de Sinaloa y uno de los personajes más acaudalados de entonces, Don Blas Ibarra y Buelna.
Una de las paradojas de Bachomo, que no le sucedió al General Zapata, fue no generalizar a los patrones de las haciendas como engranes de la estructura porfiriana, de ahí el respeto hacia las propiedades del cacique José María Cázarez, su antiguo patrón. Durante la revolución las propiedades de los Cázarez no fueron tocadas, para Bachomo el padre de Elvira era considerado un “patrón bueno”, aunque, como los “patrones malos”, se aprovechaban del trabajo de los indígenas.
La revolución fue una esperanza para los originarios, Bachomo considerado «sin bandera», se mantuvo al margen de las filias revolucionarias hasta que fue tocado por el villismo. Primero se sumó a Madero en 1910, después se integró con los Constitucionalistas contra el chacal Victoriano Huerta, posteriormente, al darse cuenta que ninguna facción representaba su bandera de lucha que era la tierra, llevó a cabo su propia lucha indígena en la revolución mexicana.
Se atrincheró en la comunidad de Jahuara, implementaba un sistema de justicia al margen de la vida institucional y/o revolucionaria del país. Redimía a los pueblos atacando a los terratenientes y las instalaciones industriales, particularmente el ingenio azucarero de Los Mochis, propiedad de Benjamín F. Jonhston.
El grupo que comandaba el General Bachomo, grado que le fue dado por el Gobernador Felipe Riveros para atraerlo y apaciguarlo. A Bachomo los títulos militares no le interesaban, tenía el reconocimiento de su gente, los indios mayos-yoremes del norte de Sinaloa, por quienes luchaba y eso le bastaba; su método era la guerrilla, atacaba y se desplazaba hacia otros puntos, por esa razón era imbatible en su territorio.
“Bachomo (los días del gato). Crónica Indígena de la Revolución”, escrito por Jesús Ángel Ochoa Zazueta, en términos de información, maneja un soporte más sólido y profundo que cualquier otro autor sobre la vida y el contexto histórico de Felipe Bachomo.
“Viento Frío” de Ramiro Sánchez Arce, es una historia novelada donde se manejan datos duros y una serie de imprecisiones históricas, y un sinfín de faltas ortográficas que, para fortuna del libro, no afectan su fluidez y entendimiento; en otros pasajes fantasea para darle colorido a la vida del Missi; en cambio, Jesús Ángel Ochoa Zazueta en “los días del gato” expone un amplio y sofisticado trabajo de investigación tanto de campo como documental, llevándole el proyecto la inversión de alrededor de veinte años.
En “Viento Frío” Bachomo entra a la revolución por causas personales; en “Bachomo, los días del gato” desmitifica la individualidad del héroe, situándolo en un movimiento de carácter de clase que defendía los derechos indígenas bajo la bandera de Bachomo.
El libro de Jesús Ángel Ochoa Zazueta es una investigación exhaustiva del norte de Sinaloa, el enfoque permite comprender a Bachomo y el movimiento que representa en una perspectiva histórica; en el contexto nacional del desarrollo de las haciendas como pilares económicos del Porfiriato; el desencanto después de las ambiciones de poder de las divisiones políticas-militares que luchaban entre sí; la invasión territorial de compañías y empresarios norteamericanos que se hacían de tierras y aguas.
Todas estas relaciones de poder giran alrededor de las tierras de los pueblos indígenas del norte de Sinaloa y sur de Sonora, legitimando el sistema el despojo en aras del Progreso.
Bachomo, fue tentado tanto por los carrancistas como por villistas, inclinándose por éstos últimos, este fue factor de su derrota, el salirse del terreno que dominaba para entrar a otro desconocido.
Derrotado el movimiento que representaba, se entregó bajo la promesa del indulto, para evitar más sangre de los suyos, después de pasar por la prisión fue fusilado públicamente en Los Mochis como mensaje de escarmiento para quien deseara seguir su ejemplo de luchar contra el gobierno de Venustiano Carranza.
La figura emblemática de Bachomo se mantiene viva en la memoria colectiva de los pueblos yoremes y mayos, es el rumor silencioso de tantos años de agravios y despojos que van convirtiéndose en rabia organizada, porque, aunque los ríos no traigan agua en la superficie, hay profundas veredas por donde los manantiales se comunican sin ser vistos, se sienten, así los indígenas caminan otros tiempos, y por otros tiempos donde Felipe Bacho espera su regreso a la vida.
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