Por Jonatan Azbat Carrillo
Culiacán volvió a demostrar que la cultura no se rinde. La FIL Culiacán 2025 no fue solo un festival de libros: fue un acto de resistencia, memoria y comunidad, en un contexto donde la violencia y la desigualdad marcan la vida cotidiana.
Con más de 100 mil asistentes, 180 expositores y 200 actividades, la plazuela Álvaro Obregón se convirtió en el corazón cultural de la ciudad, demostrando que leer, escribir y compartir historias es un acto de transformación social.

Voces institucionales y simbolismo político
El gobernador Rubén Rocha Moya y el alcalde Juan de Dios Gámez Mendívil tuvieron presencia destacada, enviando un mensaje claro: la cultura importa y la lectura puede ser una estrategia para enfrentar la violencia.

La participación de Feliciano Castro, sumó un ángulo inusual: unir literatura, economía y políticas públicas. Es un gesto positivo, aunque también invita a preguntarnos si estas alianzas se traducirán en acciones concretas para la comunidad cultural.

Literatura que confronta la realidad
Entre las intervenciones más significativas estuvo Martín Durán, con “Los verdugos invisibles”, 16 crónicas que documentan más de una década de violencia e impunidad en Sinaloa, abordando desapariciones, feminicidios y asesinatos de periodistas sin resolver. Por su parte, Martha Elena Santos Arroyo presentó “Caminos de Resiliencia”, una autobiografía sobre inclusión, bullying y la cultura del esfuerzo para personas de talla baja. Ambos recordaron que la literatura puede denunciar, visibilizar y educar, pero también que aún hay mucho por hacer.
Memoria y justicia
Uno de los momentos más emotivos fue la presentación de “La Memoria como Trinchera”, coordinada por Óscar Loza Ochoa. La obra homenajea a Lourdes Martínez Huerta, desaparecida en 1975, y convierte la palabra en resistencia frente a la impunidad. Este tipo de proyectos demuestra que la memoria no es opcional: es un compromiso con la justicia y la dignidad.

Diversidad editorial y feminismo
La feria reunió más de 60 editoriales y 170 escritores, integrando grandes sellos con proyectos independientes como Ediciones Mercuriana y la Librería Sra Dalloway. Libros artesanales, literatura feminista y voces emergentes muestran que la creatividad y la diversidad siguen encontrando espacios, a pesar de las limitaciones del mercado.
Cultura desde la infancia
Otro logro destacado de la FIL fue la creación de espacios dedicados a niñxs, donde pudieron acercarse a la lectura, la narración y actividades lúdicas vinculadas con los libros. Acercar la cultura y la literatura desde temprana edad no solo fomenta la imaginación y el pensamiento crítico, sino que también siembra semillas de resistencia cultural y ciudadanía informada.

Que más de 100 mil personas hayan asistido a la feria demuestra que estas iniciativas ayudan a formar nuevas generaciones que valoran la lectura como herramienta de aprendizaje y transformación.
Música sinaloense desde otra mirada: Flores de Amapa
Uno de los momentos más potentes de la FIL fue el concierto “Flores de Amapa”, una propuesta que más que un espectáculo es una declaración de identidad y reivindicación cultural. El 15 de noviembre, voces femeninas reinterpretaron la música de banda sinaloense desde nuevas perspectivas, reivindicando un género históricamente masculino. Participaron María Inés Ochoa, Regina Orozco, Alejandra Robles, Nath Velasco, Leiden y LAmenor, acompañadas por la Banda Sinaloense “Granito de Oro” de la UAS, bajo la dirección musical de Raúl Carrasco y Rosino Serrano.

En palabras de María Inés Ochoa, el proyecto es “una invitación al reencuentro con nuestra identidad y un llamado a soltar el miedo y a tomar nuestras calles con el canto, el baile, la alegría y la dignidad”. Este concierto se convirtió en un acto de resistencia cultural y celebración colectiva, mostrando que la música sinaloense puede ser apreciada y entendida desde nuevas perspectivas sin perder su raíz.
Arte, memoria y comunidad
La FIL no se limitó a libros y música: artesanos locales y la exposición de mujeres indígenas, organizada por la Secretaría de las Mujeres, reforzaron la idea de que la cultura es identidad, memoria y territorio. Cada espacio, cada presentación, fue una manera de conectar el pasado con el presente y de reafirmar que la cultura también es resistencia social.

Seguridad y contexto
La feria estuvo resguardada por la Guardia Nacional, el Ejército Mexicano y la policía local. Esto garantiza la seguridad de los asistentes, pero también evidencia que incluso los espacios culturales requieren protección, un recordatorio de las tensiones que atraviesan la vida cotidiana en Sinaloa.

Reflexión final
La FIL Culiacán 2025 fue un espacio de esperanza crítica y reivindicación cultural. Celebró la memoria, la música, la literatura y la resiliencia, pero también puso frente a nosotros las tensiones del estado: impunidad, desigualdad y retos de inclusión.

Reconocer los logros no significa ignorar los desafíos: la feria demostró que la cultura puede ser resistencia, reflexión y transformación. Con más de 106 mil personas, 180 expositores y 200 actividades, la plazuela Álvaro Obregón se convirtió en el corazón cultural de la ciudad, reafirmando que mientras haya ferias como esta, Culiacán seguirá resistiendo, pensando y celebrando su identidad desde todas sus voces y sonidos.
+++
Aviso de responsabilidad:
Las opiniones expresadas en esta columna son exclusiva responsabilidad de quien las firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de este medio.








