El cineasta mexicano Guillermo del Toro presentó ayer en el Festival de Cine de Venecia su esperada adaptación de Frankenstein, recibiendo una ovación de pie que se prolongó por cerca de 13 minutos.
Durante el encuentro con la prensa, Del Toro aseguró que esta versión del clásico no es una película de terror en el sentido tradicional, sino una historia de amor marcada por la compasión y la humanidad.
“Una película que dice que sólo los monstruos juegan a ser Dios no podría llegar en un mejor momento. Ser sentimental en la actualidad es el nuevo punk”, afirmó el director tapatío.
Del Toro confesó que su fascinación por el personaje comenzó desde la infancia, cuando descubrió en Boris Karloff —intérprete del monstruo en la cinta de 1931 de James Whale— la imagen de un santo o un mesías.
Un relato íntimo y actual
El ganador del Oscar por La forma del agua (2018) y aplaudido por su Pinocho (2023), explicó que esta película llegó en el momento justo de su vida.
“Si la hubiera hecho antes de los 40, la habría contado desde la mirada de un hijo. Hoy la hice como padre. Entendí que las cosas suceden cuando tienen que suceder”, señaló.
Del Toro añadió que, aunque la historia está situada en otra época, habla directamente del presente:
“No le tengo miedo a la inteligencia artificial, le tengo miedo a la estupidez natural, que es más abundante”.
El reparto y la criatura
En esta adaptación, Oscar Isaac interpreta a Victor Frankenstein y Jacob Elordi al monstruo. El propio Isaac relató que, antes de filmar, Del Toro le dijo: “Estoy creando este banquete para ti, sólo tienes que aparecer y comer”.

Por su parte, Elordi describió a la criatura como un reflejo de sí mismo:
“Es un recipiente en el que pude volcar todo mi ser. En muchos sentidos, la criatura que aparece en pantalla es mi forma más pura; es más yo que yo mismo”.
Un Frankenstein diferente
Desde Cronos hasta La forma del agua, Del Toro ha dado voz a los seres marginados e incomprendidos. Con Frankenstein repite ese gesto, alejándose del cliché del terror para retratar el dolor de la soledad, el rechazo y la búsqueda de amor.
La película se inscribe en la tradición gótica de Mary Shelley, pero filtrada por la sensibilidad de un autor que ha convertido al “monstruo” en su metáfora más entrañable.









