Por: Alejandro Castro
Hace poco, en una reunión de amigos conocí a un grupo de gente joven que venían de otro estado y era su primera vez en Sinaloa. Yo asumí que por la relación con mis amigos ellos también eran gays.
Después de algunas horas de platicar, uno de ellos fue enfático: él no era gay, no se consideraba bisexual y su plan de vida era encontrar una mujer, casarse y tener hijos. Primero pensé que bromeaba, luego pensé que era bisexual de clóset y al final entendí que él tiene sexo con otros hombres como parte de su exploración y disfrute erótico, pero no es homosexual.
¿Se puede? Sí, sí se puede y es una práctica común. Jóvenes que exploran su sexualidad, se divierten, disfrutan, pero no se definen como gays. Uno de ellos en particular hablaba de su rol en las relaciones y mantenía que mientras él jugara el rol de activo no se contaba como homosexual, porque él “era el hombre” y su pareja jugaba el rol femenino.
Fue así como empezamos a hablar de sus prácticas sexuales. Para ellos es común tener sus primeras experiencias sexuales con hombres afeminados, mayores que ellos, que les pagan o patrocinan sus fiestas y sus aventuras de fin de semana. Estos encuentros sexuales se prolongan durante sus años de soltería y pueden continuar de manera esporádica una vez casados, siempre y cuando ellos lleven el rol activo de la relación.
También fueron enfáticos: cuando se es adulto, ya no tienen sexo con otro hombre maduro; la idea es buscar una pareja más joven que juegue el rol pasivo.
En algunas plataformas de ligue, a estos encuentros sexuales esporádicos se les define como “Hombres que tienen sexo con Hombres, HSH“, sin explorar la identidad o definición sexogenérica, solo pensando en el encuentro sexual sin ataduras ni definiciones.
Para estos jóvenes, la definición de homosexualidad tenía que ver con la feminidad de las personas. Si un hombre es discreto, masculino y no tiene un entorno ligado a actividades LGBT, entonces no se considera gay o bisexual. Según la cultura de la zona donde ellos viven, el gay es amanerado, femenino e intenta ser o parecer mujer. Mientras se mantenga un perfil discreto y varonil, las prácticas homoeróticas no ponen en duda su identidad sexual o de género.
Estamos a unas cuantas horas de distancia por carretera de esa zona del país y sus formas de pensar y expresar son muy diferentes a las nuestras; somos mexicanos, somos estados vecinos y nos separa un mundo de ideas y pensamientos.
¿Se acuerdan de aquella columna sobre los griegos y sus prácticas homoeróticas? Pues yo lo entendí más o menos así.
Escríbanme, yo los leo.
Alejandro Castro Osuna
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Alejandro Castro es originario de Mazatlán y parte de la generación millennial, estudió Turismo en la UdeO y más tarde una maestría en Ciencias Sociales en la UAS. Ha combinado la docencia universitaria con la investigación y la capacitación, además de desempeñarse en distintos espacios públicos: fue secretario técnico de la Junta de Coordinación Política en el Congreso de Sinaloa, secretario particular en la SEPyC y coordinador de proyectos estratégicos en su ciudad natal.
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