Moscú marcó distancia. El Kremlin sostuvo este jueves que la guerra desatada tras los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán no es un conflicto propio y que Rusia no está en condiciones de detenerla. La definición la hizo el vocero presidencial, Dmitri Peskov, quien además admitió que el gobierno ruso buscará proteger sus intereses económicos frente a la sacudida global que ya provoca la escalada en Medio Oriente.
“El conflicto en curso no es nuestra guerra”, dijo Peskov en su rueda de prensa diaria. Después fue todavía más lejos: al preguntarse si Rusia puede frenar la guerra, respondió que no, y señaló que sólo pueden detenerla quienes la iniciaron, en referencia a Washington y Tel Aviv.
La postura no es menor. Rusia ha mantenido una relación estratégica con Irán, pero ahora deja claro que no piensa involucrarse militarmente en un escenario que puede incendiar todavía más la región. Según Peskov, aunque existe un tratado de asociación estratégica entre Moscú y Teherán, Irán no ha solicitado ayuda militar ni armamento desde que comenzaron los bombardeos.
Moscú mira primero su propio interés
El Kremlin no intentó disimular el cálculo. Peskov afirmó que Rusia debe minimizar el impacto económico de las “convulsiones globales” que provoca la guerra y actuar conforme a lo que más convenga a sus intereses. Incluso reconoció que, “por muy cínico que pudiera parecer”, la Federación Rusa debe asegurar su propio beneficio en la medida de lo posible.
Ese beneficio ya empieza a verse en el mercado energético. Reuters reportó este viernes que el conflicto en Irán ha provocado un aumento significativo en la demanda de petróleo y gas rusos, en un contexto en que el estrecho de Ormuz quedó prácticamente bloqueado y se alteró una porción crítica del suministro mundial de hidrocarburos.
Rusia condena, pero no interviene
La posición rusa mezcla crítica política con distancia práctica. Moscú ha acusado a Estados Unidos e Israel de empujar una escalada más amplia y ha advertido que la guerra podría incentivar incluso una nueva carrera nuclear en la región. Pero al mismo tiempo, ha dejado claro que su papel será, por ahora, diplomático y no militar.
Reuters resumió el nuevo momento con claridad: Irán enfrenta esta ofensiva prácticamente aislado, mientras Rusia y China se mantienen al margen de una intervención directa y se limitan a respaldo diplomático, mediación y cálculo estratégico.
El mensaje de fondo
Detrás de la frase de Peskov hay algo más que prudencia. Hay una admisión fría: Rusia no quiere abrir otro frente mientras sigue atrapada en la guerra de Ucrania y bajo sanciones occidentales. En vez de eso, busca aprovechar la alteración de los mercados energéticos, evitar una confrontación adicional con Washington y preservar su margen con los países del Golfo. Esa lectura se desprende de los reportes sobre la posición rusa en esta crisis.
Línea del tiempo
- 1 de marzo de 2026: Rusia condena los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán y advierte del riesgo de una desestabilización regional mayor.
- 3 de marzo de 2026: Moscú señala que la guerra podría empujar a Irán y a países árabes a buscar armas nucleares.
- 5 de marzo de 2026: Dmitri Peskov declara que el conflicto “no es nuestra guerra” y que Rusia no puede detenerlo.
- 6 de marzo de 2026: El Kremlin reconoce que la guerra ya elevó la demanda de petróleo y gas rusos.








