Cruz Antonio González
Los procesos sociales anunciados por la revolución mexicana que cambiarían el curso de la sociedad actualmente sufren un retroceso que coloca al Estado como un garante de los intereses de las facciones que lo administran.
Previamente al inicio de la revolución, Madero alertaba sus intenciones de entrar al juego de la dictadura de Díaz, al ser rechazado, puesto que la casta de militares sostenía al régimen, vio la necesidad de explorar otros caminos. Madero no estaba en contra del gobierno de Díaz, sino, al igual que en la Rusia zarista, buscaba libertades políticas para las jóvenes generaciones, a la que aun pertenecía el hijo de hacendado Francisco I. Madero.
Viene a cuento la anterior referencia histórica porque tal parece que el presente realiza una imitación del pasado, tanto de la transición democrática truncada por Díaz en el proceso electoral donde, para sostenerse, tuvo que hacer prisionero al candidato alterno de apellido Madero.
La imitación, vista a la distancia no es fiel, Madero no prometió cambios sociales, sino políticos. En el caso de las administraciones morenistas sucede algo análogo, con la diferencia sustancial de prometer sobre la marcha cambios sociales que no terminan de asentarse, y en no pocos casos como el educativo y la cultura resultan mera simulación.
Más que una excepción, prometer cambios es la regla de toda la clase política que al día de hoy actúa con los usos y costumbres heredados, no por los demócratas de 1910, sino de las administraciones que hicieron de los partidos políticos una dictadura donde se distribuían periódicamente el poder.
En los hechos la alternancia ha resultado una prolongación de las formas en el quehacer político donde hay apertura para quienes lo legitiman, quienes no, o salen vomitados o domesticados, por lo común resulta la segunda opción.
Durante buena parte del Siglo XX, y lo que va del XXI, la forma de sometimiento social más efectiva parte del control de la información; en este rubro se definen las pautas de la comunicación moderna, y desde luego la educación de niños y jóvenes.
Existe una comunión en la percepción de la realidad motivado por intereses políticos, y no por los hechos, que son los que definen lo que sucede en Sinaloa. Tanto la presidenta Claudia Sheinbaum como el gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, han sostenido durante este año de crisis social (la terrible violencia padecida) que su agudización tiene origen en los fenómenos sociales como la sequía, sin reconocer que la misma ha sido alimentada por el grave clima de violencia en la entidad rebasado en muchos aspectos la gobernabilidad oficial.
En Sinaloa no hay gobernabilidad, Rocha Moya gobierna de manera virtual desde las mañaneras y declaraciones a la prensa servil; la vida institucional parece una caricatura de lo que aspira ser, o quizá ese es su destino, ser caricatura de los poderes de facto que mantienen control territorial, y todo lo que ello implica, incluyendo feudos políticos y producción económica de regiones enteras.
No se puede esperar otra cosa de los gobiernos morenistas que la falta de autocrítica, fiel a la máxima “estás conmigo o con el enemigo” traducido vulgarmente a la descalificación por reaccionario o ser de derecha.
Bajo lo denigración han escamoteado la autocrítica, prefieren las alabanzas y complacencias, y desde luego rechazar la realidad. La narrativa oficial se impone desde el centro y se dispersa hasta la periferia, es en este punto cuando surgen personajes patéticos salidos de los comics como Lord Molécula y declarar que “la percepción de inseguridad en Sinaloa ha sido creada por los medios”.
No extraña en absoluto la opinión de este personaje por demás ridículo, sino el eco en los “medios alternativos” que se jactan de críticos siendo sólo una onda de expansión de las mañaneras para respaldar la inoperancia de las administraciones federal y estatal en tema de seguridad que, como consecuencia trae a colación el dolor de cientos y miles de familias.
Una simple opinión sin fundamento alguno como el señor Molécula fue retomada por una Diputada morenista y expuesta al público con sus propias palabras. No cabe duda, desde el poder se construye una realidad simbólica y discursiva que contrasta con la vida diaria; las instituciones al unísono repiten la consigna, porque el objetivo es mantenerse como fuerza política, por encima de los intereses del llamado pueblo bueno y sabio.
Esta dicotomía entre narrativa gubernamental y realidad social emparenta a todos los partidos políticos sin excepción, negar la realidad sin el costo social caracteriza a los políticos de ayer y hoy, mentir es el principio básico de quien aspira a la estructura democrática.
La crisis social que se padece no camina aislada, va de la mano de una crisis económica que han querido maquillar con programas sociales, combatir la pobreza repartiendo dinero sin tocar el fondo que consiste en apropiarse del valor de la producción laboral.
En esto último también hay una continuidad de las administraciones presentes con las pasadas, quien manda es el gran capital, con las sobras ya sabrán qué hacer si se las embolsan como los prianistas o lo reparten creyéndose humanistas como los morenistas, pero eso no cambia la condición en la que se vive.
La agonía de la clase política mexicana desdibuja cada vez más la democracia, lo único que hizo Morena en este aspecto fue darse un colchón de respiro; no tardaron ochenta años como el PRI, bastó un sexenio para poner las cosas en su lugar. ¿Qué hacer? Se preguntan, jugar con las tendencias en boga se responden; lo femenino, transgénero, juventud, lo indígena, mediados por el poder militar y un pensamiento de concentración de poder y decisión erosionan a pasos agigantados la ya deformada democracia mexicana.
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1 Comment
La democracia aún no ha muerto, l está en agonía tampoco. la democracia está en proceso de su nacimiento, los gobiernos de la Cuarta Transformación no le van cumplido al 100% debido al número de integrantes que están en sus filas con ambiciones e ideales del conservadurismo que se niega a morir, aún a pesar de que existen movimientos de verdaderos morenistas dispuestos a defender los ideales del Obradorismo y su humanismo.