Por Nicole Ródriguez
Como alguien que busca en algún momento ser poeta, no puedo evitar reírme sobre el hecho de escribir sobre un poeta que escribe sobre otro poeta.
Me parece que la poesía es así: un poeta nunca escribe solo de sí, sino del hermano poeta. Y aunque es claro que éste siempre escribe desde su perspectiva, sus propios ojos y discernimiento, creo que un poeta que no escriba sobre los suyos, carece de humanismo.
Y con ello, no podríamos hablar de una izquierda sin poetas humanitas que escriban sobre el paso de otros por sus tierras, dejando una marca, perceptible aunque no visible al ojo simple.
Esto lo representa muy bien Feliciano Castro Meléndrez en su ensayo Pablo Neruda en Sinaloa, tomándose la tarea de contarnos cómo la vida e historia del estado ha quedado marcada por la visita del chileno por Mazatlán y Topolobambo.
De dicho libro quisiera resaltar una parte importante que este ensayo menciona: “el mundo del arte y la literatura tenían amplia presencia en la izquierda”, refiriéndose a la cercana relación que tenían Neruda y el Dr. José Ley Domínguez durante sus militancias en el Partido Comunista. Recordemos la veracidad de esta cita, pues un claro ejemplo fueron Las Vanguardias, que, inclinado el siglo XX, los rusos ya utilizaban sus carteles con simbología (sin letras) para que los analfabetas pudieran enterar lo que en sus pueblos y fábricas pasaba.
O como, tiempo después, aunque en el mismo siglo, en México comenzaron a pintarse los murales, para que los ciudadanos pudieran enterarse de las causas y problemas sociales que en la época ocurrían.
El arte y la literatura nos provoca cuestionarnos la vida entera; nos invitan a explorar el interior, para después ir a la vida cotidiana y aplicar esas nuevas ideas y pensamientos que nos generan esas obras en particular.
Como nos lo recuerda muy bien Feliciano Castro, la izquierda necesita del arte y la literatura, pues sin ellas, sus militantes podrían carecer de maneras que ayuden a cuestionarse a sí mismos, a la sociedad y a la política en general.
Aunque se tenga esperanza en la nueva política de los últimos años en México, en todo este tiempo he pensado que si no seguimos cuestionando a nuestros políticos, aunque sean de izquierda, podríamos, sin darnos cuenta, caer en las viejas prácticas y enseñanzas, porque eso pasa cuando nadie se cuestiona las cosas.
La poesía no se hizo con el fin de poner palabras juntas y que se escuche bonito, sino para pensar, cuestionar y dialogar, que recordemos que estas tres cosas conforman la política, o si queremos decirlo de otra manera: la verdadera política, que nace de esta manera, cuando en la Polis, los grandes pensadores se reunían a platicar e intercambiar ideas sobre sí mismos y la sociedad completa.
Si queremos formar una buena política izquierdista, habría que volver a retomar estas prácticas, donde las artes y la literatura estén completamente inmiscuidas en ella.
Al final creo que de ahí nace Pablo Neruda en Sinaloa, para seguir incorporando el arte y la literatura en la izquierda, y claro que con ello, la poesía, ¿pues qué mejor forma que sea de un poeta escribiendo sobre otro poeta?