La novela total como reconstrucción de la vida

Por Cruz Antonio González Astorga

Hermann Broch escribió una novela monumental en tres partes denominada los sonámbulos. De sobra está decir el impacto generado por esta propuesta, dando un giro literario completamente diferente a lo conocido hasta entonces.

Nacido en Viena, Broch revolucionó la novela en muchos aspectos, los sonámbulos no sólo mantienen un vínculo temático, también poseen una estructuración que va modificándose conforme el momento histórico que vive el autor, mismo momento que se filtra sin aspavientos a cada una de las novelas, y los personajes son sujetos de su tiempo, representan a cabalidad las vicisitudes históricas de Alemania y Europa central.

Los sonámbulos se leen como un todo, pero cada una de las partes tiene sus particularidades y vida propia. Conforme se leen aumenta la complejidad y el desafío literario. Su originalidad consiste en la búsqueda de una renovación constante de la estética de la novela, sí las tres novelas que conforman los sonámbulos son distintas, la muerte de Virgilio, es completamente diferente en todos los sentidos al resto de su obra.

Con la muerte de Virgilio, Broch evita los estereotipos, logra lo mismo que Kafka, la no clasificación de su obra. Hermann Broch es una multiplicidad estética, con una elasticidad artística que no se pueden encontrar en otros autores, salvo que lleve el apellido Rabelais.

En las novelas de Broch no hay espacio para el aburrimiento, al pasar, en el caso de los sonámbulos, del romanticismo a la anarquía, y de ésta al realismo, estamos mirando el tiempo con los ojos del autor, el ambiente militar y el destino de la sociedad europea condenada a la guerra, es decir, la degradación de los valores.

En el caso de la muerte de Virgilio es una ruptura completa con las tres novelas de los sonámbulos, una novela poética, el discurso lírico compone esta magna obra que recrea el peregrinar de los últimos años del poeta romano Publio Virgilio Marón, escritor de la Eneida.

La recreación de la vida de Virgilio hecha por Broch, y desde luego, de las peripecias alrededor de la Eneida, es una variante que nos lleva obligadamente a la recreación que hace Milán Kundera de Jack el fatalista de Denis Diderot en una obra de teatro que tituló Jack y su amo.

El arte de la novela es la inacabable, o, en defecto, las muchas posibilidades de reconstruirse o abrirse caminos. La capacidad narrativa de Hermann Broch, lo voluminoso de su trilogía, lo relaciona con Robert Musil y su también monumental novela de nombre el hombre sin atributos.

Los enlaces mencionados entre estas obras y autores no es casualidad, parten de un contexto específico que Europa central, y de una manera de concebir la novela, anclada en la tradición creada tanto por Rabelais como por Cervantes. Todos ellos sin excepción, así como la literatura rusa salió de las mangas del capote de Gogol, los centroeuropeos de la garganta de Rabelais.

Leer a Hermann Broch no significa despersonalizarse, la novela es una constante expansión en maneras de ver el mundo, en su caso la novela total, todas las expresiones literarias caben en la novela, hasta el silencio y la risa.

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