Por Diego Angulo
En una columna anterior escribí las razones por las que en Sinaloa la candidatura a la gubernatura será para una mujer. Claudia Sheinbaum quiere alcanzar dieciséis gobernadoras, según lo dijo en la mañanera, y para lograrlo Morena necesita postular a doce mujeres en las próximas diecisiete elecciones de 2027. Ahí entra Sinaloa, además de que es uno de los siete estados donde habrá elección y nunca ha gobernado una mujer. Pero no será cualquier mujer: tendrá que ser de izquierda. Estas son las razones y la historia.
En 2006, Andrés Manuel López Obrador no quiso pactar con nadie para llegar al poder. Se sabe que la maestra Elba Esther Gordillo lo buscó y, en Sinaloa, se comenta que Juan Millán y Jesús Aguilar le organizaron una reunión con los gobernadores del noroeste para mostrarle su apoyo; AMLO nunca llegó. En 2012, los grupos de poder ni siquiera lo buscaron: ya conocían la respuesta. Todos se fueron con Enrique Peña Nieto, incluso el PAN.
El fraude y los resultados de 2012 fueron una lección para Andrés: la izquierda, por sí sola, no alcanzaba para ganar. El pueblo no se identificaba con ella; no la entendía. Era necesario primero llegar al poder y luego impulsar un proceso de reaprendizaje político en la población. En ese sentido, en 2018 la historia fue distinta. AMLO, quien en su momento fue calificado como un “peligro para México”, comenzó a hacer alianzas con priistas, panistas, sindicatos y grupos empresariales. Así fue como vimos junto a él a Manuel Espino, expresidente del PAN; a Germán Martínez, exsecretario particular de Felipe Calderón; al empresario Alfonso Romo, y hasta al deudor fiscal Ricardo Salinas Pliego, entre otros.
Y entonces llegó la izquierda al poder, por primera vez en la historia contemporánea de México. Una vez en el gobierno, los antiguos aliados incómodos fueron los primeros en salir y comenzaron a ser sustituidos por perfiles genuinamente de izquierda, mientras las mañaneras funcionaban como un proceso pedagógico para que la población se apropiara de los conceptos e ideas del pensamiento progresista.
En 2024 se consolidó un nuevo ciclo de alianzas pragmáticas, necesarias para alcanzar los votos suficientes que permitieran las reformas constitucionales, pero al mismo tiempo se afianzó el proyecto ideológico de izquierda. En esa elección, Morena prohibió que fueran candidatos a diputados federales o senadores quienes compitieron contra el partido en 2021, aunque permitió su incorporación a través de los aliados del Verde y el PT.
Este proceso de reizquierdización se delineó por primera vez el 18 de marzo de 2023, durante el aniversario de la expropiación petrolera. Ese día, AMLO recordó que Lázaro Cárdenas cometió un error al elegir a Manuel Ávila Camacho en lugar de Francisco J. Múgica como su sucesor. Dijo: “Era tal la oposición de derecha que el general Cárdenas tuvo que actuar con cautela, y posiblemente eso influyó para que apoyara la candidatura de Manuel Ávila Camacho y no la del general Francisco J. Múgica, con quien tenía más afinidad ideológica y quien representaba una mayor certeza de continuidad y de profundización de la política social y nacionalista.” Y sentenció: “En esta breve historia hay enseñanzas mayores… nada de zigzaguear, sigamos anclados en nuestros principios… no a las medias tintas.”
Ahí quedó claro para el morenismo que la candidatura presidencial sería para quien garantizara la profundización del proyecto de la Cuarta Transformación. Ni Adán Augusto, ni Monreal, ni Marcelo cumplían esa condición. Solo Claudia Sheinbaum. Ese día nació el mantra que hoy define el proyecto de Sheinbaum: “Está asegurada la continuidad con cambio” dijo Amlo.
Claudia Sheinbaum entendió perfectamente ese objetivo. El primer paso lo dio con la conformación de su gabinete: al contrario de AMLO, todos sus cuadros son de izquierda, a pesar de que priistas y panistas también la apoyaron. Asimismo, en Morena se creó una comisión para decidir si aceptar la afiliación de figuras provenientes de otros partidos; los Yunes fueron de los primeros rechazados. Sheinbaum impulsó una reforma contra el nepotismo y obligó a los diputados a renunciar a los dobles cargos, tanto en el partido como en la Cámara. Cada vez que un morenista se aleja de los principios, no los protege: les exige coherencia. Lo vimos con Monreal, tras sus viajes en helicóptero privado, y con Adán Augusto, respecto a su declaración patrimonial.
Este es el nuevo rumbo. Sin duda, en Sinaloa se buscará a una persona que garantice la profundización de la 4T, una figura auténticamente de izquierda. Por trayectoria de izquierda y en la consolidación del movimiento de Morena, se cuentan con los dedos de una mano: Graciela Domínguez e Imelda Castro. Por afinidad ideológica se sumaria Tere Guerra, pero jugaría en contra su falta de ascendencia partidaria.
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1 Comment
mi voto es para la Lic Graciela Domínguez Nava porque ella si es 100 % de izquierda y jamás se ha dejado convencer por. ingun oportunista priísta de antaño , ella es cien porciento dicidente y es de la cultura del esfuerzo , del pueblo y para el pueblo, necesitamos de urgencia alguien como ella, sobre todo el magisterio necesitamos respaldo ya que hemos sido muy oprimidos por el casicasgo sindical, necesitamos autonomía y que respeten nuestras ideologías, por eso y más nos urge un cambio real y con la Lic Graciela Dominguez Nava sin duda la habrá ….