Más allá del monstruo: La ética social de Frankenstein

Frankenstein

Por Ismael Cancino Horcasitas

A propósito de la recién estrenada película de Guillermo del Toro, Frankenstein —disponible en Citicinemas previo a su estreno en Netflix—, promete revivir toda la emoción, la belleza trágica y la reflexión ética de Mary Shelley a la gran pantalla.  

Cuando abordamos la obra maestra de Mary Shelley, Frankenstein o El moderno Prometeo, no estamos ante una simple ficción gótica. Estamos, en el fondo, ante un texto fundamental que nos interpela sobre la esencia de la condición humana y la necesidad de empatía colectiva para nuestra época. Sus dilemas éticos y emocionales no son reliquias del 1818, sino espejos que reflejan los desafíos de nuestra lucha por la justicia social hoy, un llamado a no dejarnos cegar por la obsesión o el ego, sino a equilibrar la ambición con la responsabilidad social y moral.

Toda creación implica una deuda con el pueblo. Nuestras aspiraciones, nuestros proyectos, las tecnologías que impulsamos, no pueden ser fruto del individualismo o el egoísmo. El verdadero Moderno Prometeo no es el que tiene poder, sino el que lo ejerce con humildad y conciencia de las repercusiones a largo plazo.

Tenemos que combatir las posiciones egoístas. Frankenstein nos exige empatía activa; nos desafía a cuestionar nuestros juicios superficiales y a ver la humanidad compartida, nos recuerda que la verdadera monstruosidad reside a menudo en la incapacidad para aceptar y acoger lo diferente. Cuando la sociedad rechaza, margina y condena, está sembrando la soledad que alimenta la violencia y la desesperanza.

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