Por Alejandro Castro
En 2021, Graciela Domínguez, actual diputada federal por el Distrito 01, y Yeraldine Bonilla, la actual secretaria general de Gobierno, ambas morenistas, hacían una denuncia pública y una denuncia formal ante la Fiscalía Estatal por las irregularidades en la construcción y concesión del estadio de futbol construido en uno de los extremos de Mazatlán por el entonces gobernador Quirino Ordaz, nuestro embajador en España.
El costo de construcción del estadio fue de más de 700 millones de pesos, dinero público. Dinero que no se invirtió en drenaje, pavimentación, nuevas escuelas, rehabilitación de parques o nuevas vialidades en Mazatlán. Quirino decidió que esos 700 millones de pesos servían para hacer un estadio y luego darlo en concesión, regalarlo recién estrenado al empresario Ricardo Salinas Pliego.
El estadio inició su construcción en 2017 por una empresa sin experiencia en ese tipo de obras, pero que salió ganadora en la licitación pública. Para 2019, la Auditoría Superior del Estado observaba en la revisión de la cuenta pública varias irregularidades en la ejecución del proyecto; tal vez la más importante es que no se tenía certeza de quién era el dueño del predio donde se construyó ese monstruo blanco que fue coronado con un gran letrero luminoso: PURO SINALOA.
El Tío Richi se trajo al Monarcas, un equipo de medio pelo de Michoacán, le cambió el nombre y lo instaló en Mazatlán. Desde entonces, según los números y estadísticas de los juegos y temporadas, el Mazatlán FC es un poco más que mediocre como equipo de futbol; ojalá Carlos Arredondo nos ayude con el comportamiento del equipo en la cancha en estos últimos años, de futbol sé muy poco.
La diputada Domínguez era clara en aquel 2021: los terrenos donde se construyó el estadio no tenían certeza jurídica, no sabían quién era el dueño de ese predio inmenso en una orilla al norte de Mazatlán. Los que vivimos en Mazatlán sabemos que la ciudad cambió mucho a partir de la llegada del estadio: una vialidad en línea recta que conecta al estadio con las principales avenidas de la ciudad, alumbrado público, rutas de camión, conexión con el libramiento Villa Unión. Y lo más importante: el estadio hizo explotar la construcción de viviendas de interés social en los terrenos aledaños.
Es imposible entender la dinámica de crecimiento impulsada por grandes proyectos de infraestructura en esa zona de Mazatlán sin ver el enorme estadio que se ha convertido en el núcleo geográfico. Esa burbuja inmobiliaria creada en un extremo de Mazatlán se debe al estadio, y no es casualidad: también eso estuvo planeado.
La denuncia de 2021 ante la Vicefiscalía Anticorrupción nunca prosperó; en esos años estaba al frente la Lic. Reyna Angulo Valenzuela y poco o nada avanzó esa investigación bajo su gestión. Para 2023, Ríodoce retomó la investigación del caso y seguía empantanado, igual o peor: la fiscal Bruna decía que no existía una carpeta sobre ese caso. El estadio, que se llamaba Kraken, cambió de nombre en 2023 en favor de una marca comercial dedicada a temas inmobiliarios; ahora es el Estadio El Encanto.
Todo viene al caso ahora que el Tío Richie anunció que venderá el equipo de futbol y dejará vacante el espacio que solo ocupó 5 años y que se convertirá en un hueco financiero en la administración estatal. ¿No sabía Quirino que esto podía pasar? ¿No hay una cláusula en el contrato de comodato que previera la salida anticipada del comodatario? ¿Qué hará la administración actual con ese monstruo blanco?
Bueno sería conocer la opinión de Graciela Domínguez y Yeraldine Bonilla en este tema, ellas lo entienden desde el inicio. ¿Dónde está Ismael Carreón Ruelas, el operador del contrato de comodato y subsecretario de Finanzas de la administración pasada? ¿Ya está Quirino de vacaciones en Mazatlán, alguien lo ha buscado?
El Tío Richie es muy activo en su red social X; hasta hace poco le coqueteaba a Mazatlán con instalar una planta de ensamblaje de motocicletas y presumía su amor al uniforme morado del Mazatlán FC. ¿Ya dijo algo al respecto?
Escríbanme, yo los leo.
Alejandro Castro Osuna
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Alejandro Castro es originario de Mazatlán y parte de la generación millennial, estudió Turismo en la UdeO y más tarde una maestría en Ciencias Sociales en la UAS. Ha combinado la docencia universitaria con la investigación y la capacitación, además de desempeñarse en distintos espacios públicos: fue secretario técnico de la Junta de Coordinación Política en el Congreso de Sinaloa, secretario particular en la SEPyC y coordinador de proyectos estratégicos en su ciudad natal.
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1 Comment
Sobre todo, eso: “¿Dónde está Ismael Carreón Ruelas, el operador del contrato de comodato y subsecretario de Finanzas de la administración pasada? ¿Ya está Quirino de vacaciones en Mazatlán, alguien lo ha buscado?”.
¿Acaso en Mazatlán todos saben de Quirino “pero guardan un respetuoso/convenenciero silencio”, como sucede en Culiacán con los eventos privados [con consumo moderado de alcohol] en el interior del Jardín Botánico? Este es un espacio -y propiedad pública- controlado por Agustín Coppel Luken y sus cuates de una IAP de “puros ricos” (Rocha Moya dixit).