El sol se colaba entre las palmeras de la Plazuela Obregón, justo a un costado de Catedral, cuando decenas de madres buscadoras se abrazaron entre sí como si intentaran sostenerse unas a otras para no caer. Ahí, en el corazón de la ciudad, se inauguró el mural “Perdón por no haberte abrazado más fuerte, pensé que te volvería a ver”, un mosaico hecho de pequeños cuadros que contienen 222 rostros… rostros que no regresaron a casa.

El temblor en la voz de las madres hacía vibrar la plaza. Nadie hablaba fuerte, pero todos escuchaban. Los pasos se detenían. Los transeúntes bajaban la mirada. Algo en el aire obligaba a guardar silencio: la memoria se había vuelto más pesada que el ruido de la calle.
Madre buscadora tomó el micrófono y sus palabras se rompían como vidrio:
“Ya fue localizado sin vida. Él cumpliría 25 años el lunes. Y aquí estoy en la lucha… Esta lucha es cruel, desgarradora, pero aquí seguimos hasta encontrarlos y hasta hacerles justicia a todos.”

Por su parte Belinda Aguilar, madre buscadora y miembro de Sabuesos Guerras AC habló de abrazos cálidos, de acompañamiento, de familias que llegan desorientadas y encuentran sostén en otras madres que ya aprendieron a caminar entre el dolor.
Ese mural, dijo, es memoria y advertencia. Es grito. Es evidencia.

“Este mural es una victoria para nosotras: demuestra que el problema existe.”
Luego, una madre con el rostro cansado, pero los ojos firmes, tomó la palabra. Su hijo es Jesús Tomás Félix Félix, pero todos lo llaman Tito. Frente a su fotografía de mosaico, se sostuvo del micrófono como quien se sostiene del único clavo que impide la caída:

“Hijo, quiero que sepas que tu rostro en este mural no significa que me di por vencida. Mientras no se demuestre lo contrario, seguiré en la lucha por ti y por todos. La lucha no termina aquí.”
Las lágrimas se multiplicaron. Cada fragmento del mural parecía latir.
La presidenta de Sabuesos Guerreras AC, María Isabel Bernal, habló desde el centro mismo de la herida:

“La desaparición de Yosimar encendió la llama de este proyecto. Este mural es un acto de justicia y memoria. Cada pieza es el latido de un corazón ausente. Que quede claro: el amor nunca se rinde.”

Agradeció a las instituciones que hicieron posible la intervención en una zona histórica, recordando que la memoria también es patrimonio y que el derecho a recordarlos es una forma de lucha contra la indiferencia social.

Otra de las madres, Mirtha Mendoza, sostuvo entre las manos una fotografía desgastada, como si fuera un relicario:
“Es doloroso ver a tu ser querido plasmado en un mural, pero también es orgullo. He buscado años enteros. He hecho una promesa: buscarlo hasta el último suspiro. Lo busco en el cielo, en el viento, en la gente. En todo.”
Y habló de José Manuel, un joven que amaba la música, la comida, la vida, sus hijos. Un hombre que hoy es mosaico y ausencia.
Luz María Angulo sostuvo entre las manos una ficha de busqueda, desde hace 11 años a su Jesús Eduardo desapareció, el 6 de julio de 2014. Su voz cargaba diez años de resistencia:

“Esto representa esperanza. Que no los olvidemos. Que el pueblo sepa que esto está pasando. Él dejó dos niños, uno de tres meses y una niña que ayer cumplió 15 años. Esto es para que sepan que no estamos solas.”
222 rostros mirando de frente
Cada cuadro del mural contiene una historia. Un cumpleaños que nunca llegó, una silla vacía en la mesa, un teléfono que sigue esperando una llamada que no volverá.

La frase que da nombre a la obra, grabada como sentencia sobre los rostros, se siente como un susurro que rompe el pecho:
Perdón por no haberte abrazado más fuerte, pensé que te volvería a ver
Nadie sale de ese lugar siendo el mismo.
Nadie puede seguir diciendo “a mí no me pasa”.
Porque es una herida abierta en medio de la ciudad.

Sabuesos Guerreras no pide compasión. Exige memoria, verdad y justicia.
En la plazuela se quedaron los rostros mirando a quienes pasan, como un recordatorio de que el silencio también desaparece personas.

Y mientras las madres se abrazan, se escucha una frase que cruza el aire como plegaria y trueno:








