Por Eleana Carrasco
El 2 de octubre es una herida abierta en la memoria nacional. La masacre de Tlatelolco fue un crimen de Estado contra jóvenes y estudiantes que exigían libertades democráticas. Durante décadas, el poder intentó sepultar el recuerdo bajo cifras maquilladas, comunicados oficiales y un silencio impuesto por la represión. Pero el cine ha sido un espacio de resistencia a pesar de la censura: un archivo vivo que nos devuelve las voces y los rostros de aquel movimiento.

En 2024, el decreto emitido por la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo reconoció oficialmente que los actos de violencia gubernamental perpetrados el 2 de octubre de 1968 fueron constitutivos de un crimen de lesa humanidad, un reconocimiento político que refuerza la necesidad de mantener viva la memoria a través de la cultura y la historia.
A continuación, una lista (no exhaustiva) de películas y documentales que conviene ver para entender la dimensión política y humana de 1968 en México:
El antecedente. La tragedia ocurrida el 14 de septiembre de 1968 en el poblado de San Miguel Canoa, en Puebla, fue preámbulo de la Matanza de Tlatelolco el 2 de octubre. Por ello, antes que otras películas, es Canoa: memoria de un hecho vergonzoso (Felipe Cazals, 1976) la que mostró cómo la paranoia política, el abuso desde la figura del párroco local y la manipulación social podían convertirse en violencia colectiva.
Considerada dentro de las 100 mejores películas del cine mexicano, reconstruye el linchamiento de un grupo de jóvenes universitarios que sólo iban a escalar el volcán La Malinche, pero debido al mal tiempo tuvieron que refugiarse en el pueblo, y pone el foco en la responsabilidad social —y en la complicidad de autoridades y medios— en la fabricación del “enemigo”. Con su estilo híbrido entre documental y ficción, Canoa abrió la puerta a un cine crítico que rompío con la narrativa oficial.

El Grito, México 1968 (Leobardo López Arretche, 1968) — Expresión visual en bruto: imágenes de marchas, mítines y de la Plaza de las Tres Culturas que funcionan como documento histórico. Fue el primer largometraje realizado por los estudiantes del Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (CUEC) de la UNAM, quienes registraron en 16 mm cuatro meses desde el interior del movimiento estudiantil. Ese contraste entre marchas pacíficas y la represión lo vuelve un testimonio único. También es parte de la lista de las 100 mejores películas del cine mexicano.

Una película prohibida y luego imprescindible es Rojo Amanecer (Jorge Fons, 1989), que se convirtió en un acto de valentía cultural y destaca por centrar su trama en los sucesos del 2 y el 3 de octubre de 1968, en medio del desarrollo de la Operación Galeana en los departamentos del edificio Chihuahua del Conjunto Urbano Nonoalco Tlatelolco, donde elementos del Estado Mayor Presidencial se apostaron primero simulando ser civiles y luego participando en los cateos en búsqueda de estudiantes refugiados.
El filme se rodó y editó de manera casi secreta en una réplica del interior de un departamento de Tlatelolco, en una bodega al sur de la capital. El guión de Guadalupe Ortega y Xavier Robles, Bengalas en el cielo, se escribió basado en testimonios de familias y sobrevivientes.
Las presiones políticas al interior del gobierno mexicano retrasaron su estreno al no otorgar la autorización y clasificación debida para enviarla a cines. La presión social y mediática hizo ceder al gobierno de su postura de prohibición, aunque lograron censurar ciertas partes que mostraban al Ejército Mexicano, así como eliminar un cameo de 22 segundos en los que se prolongaba la caminata de uno de los personajes entre los vestigios de la masacre.

Cabe mencionar que para 1989 y bajo las acusaciones de fraude electoral por parte de los contendientes de Carlos Salinas de Gortari, Cuauhtémoc Cárdenas y Manuel Clouthier, prevalecía una fuerte censura, especialmente en los medios de comunicación del país. Aún en la década de los noventa, el gobierno a través de Radio, Televisión y Cinematografía (RTC) de la Secretaría de Gobernación, ejercía una política de prohibición a las películas que consideraba inapropiadas o polémicas, como La sombra del caudillo de Julio Bracho e incluso La última tentación de Cristo, de Martin Scorsese.

Tlatelolco, verano del 68 (Carlos Bolado, 2013) — Aproxima el drama a nuevas audiencias mezclando ficción y contexto histórico; controvertida en su recepción crítica, pero relevante como vehículo de divulgación para nuevas generaciones.
En 2018, con motivo del 50 aniversario del movimiento de 1968, la película fue reestrenada bajo el formato de miniserie de 12 episodios, con escenas inéditas y transmitida por TV UNAM.

Memorial del 68 y producciones independientes como Ni olvido, ni perdón — Obras documentales y colectivas que rescatan testimonios de sobrevivientes, familiares y activistas: la memoria viva contra la impunidad.
Si el Estado mexicano ha reconocido en 2024 que lo ocurrido fue un crimen de lesa humanidad, la tarea ciudadana es no dejar que esa memoria se diluya. Estas películas no sólo reconstruyen el pasado: nos recuerdan que la democracia se defiende con memoria.

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