Cruz Antonio González
¿En qué situación se encuentra la educación en México? ¿La denominada 4T reivindicó en los hechos las necesidades de las maestras y maestros? ¿Es el humanismo mexicano la respuesta que requiere en términos conceptuales y prácticos la educación pública?
Para responder las preguntas es necesario hacer un breve recuento de la historia inmediata en Sinaloa, los vínculos entre el partido en el poder y los movimientos magisteriales que se suscitaron en los últimos ocho años.
El movimiento de maestros estatales Somos más que 53 surgió espontáneamente convocado en redes sociales por maestras de Culiacán, asistiendo a tomar la sede del SNTE, negándosele el acceso por “los porros” de Educación Física a los manifestantes quienes, entre otras cosas, rechazaban la iniciativa promovida por la dirigencia en la persona de Fernando Sandoval de aumentar cinco años más el servicio profesional.
El abrupto rechazo abrió las puertas a una de las manifestaciones más amplias en la historia del magisterio sinaloense en el Congreso del Estado, la necesidad de darle cuerpo al movimiento devino en la organización mencionada anteriormente.
El movimiento de maestros, ante el proceso electoral del 2018 se inclinó a favor de la candidatura de Morena, respaldando a su vez a Rocha Moya en los comicios estatales. Todo parecía, desde la lógica del movimiento, que si el PRI, impulsor de la Reforma Educativa, lesionaba los derechos laborales, qué mejor que inclinarse por “su opuesto”, el movimiento de regeneración nacional.
La lógica, impregnada de sentimientos, carecía de análisis político; históricamente el magisterio estatal se educó en el priismo; rendirle pleitesía al cacique de La Cruz. Una vez en la gubernatura, Rocha integró en el rubro educativo de su administración a algunos dirigentes del movimiento que, al año fueron despedidos mediante un linchamiento mediático por corrupción (distribución de plazas), excepto a la cabeza de la SEPyC, Graciela Domínguez Nava, protegida por el Gobernador, quien durante su gestión hizo turismo político en el sur de Sinaloa, ahora se entiende su diputación.
El movimiento Somos más que 53 no sólo fue degradado por la administración “progresista”, también se le relegó para afianzar lazos con el sindicalismo charro controlado por Daniel Amador Gaxiola. Rocha traicionó al movimiento magisterial, rompiéndolo desde adentro, como lo hizo con la Universidad, para asignarle un control volcado a sus aspiraciones política.
Los docentes, esperanzados en mejores prestaciones y fortalecimiento de sus derechos, vieron diluidos ante la irracionalidad de un gobernante que vive a espaldas de la realidad.
Lo mismo ha sucedido con el movimiento de los maestros federales en el norte del estado, lo que en campaña de Amlo y Claudia se vociferaba la reivindicación de las maestras y maestros, derogando la Ley de Peña Nieto como se le conoce, terminó por afianzarse, poniendo en predicamento la jubilación con el sostenimiento de la Ley del ISSSTE.
Tanto los docentes estatales como federales tomaron las calles asumiendo como propios el proyecto del gobierno oficial, se dijo que tendrían mejores salarios y una jubilación que garantizara estabilidad de vida, los hechos hablan por sí solos.
El punto central aquí es el sentido de la crítica; pese a sus marcadas diferencias, ambos movimientos le apuestan a acaparar los puestos sindicales, es decir, controlar el aparato mediador entre el patrón y los trabajadores de la educación para plantear mejoras al gremio.
Pensar que esa vía garantiza la posibilidad de lograr las reclamaciones negadas por el Estado, demuestra la ingenuidad de sus dirigentes o voceros, el no comprender el momento histórico del presente en un plano internacional de habilitar o regreso al Estado nación, lo que implica fortalecer los vínculos institucionales, conciliar con quienes han desangrado al país por décadas con tal de mantener a flote el tomón del barco; la maquinaria ha demostrado (priismo, panismo y morenismo) que quien entra al aro de la política oficial termina legitimándola.
En caso de tomar las riendas del Sindicato, tendrán que negociar con el Estado, ¿negociar qué?, ¿mejores salarios? No hay dinero dice la presidenta. ¿Un nuevo paradigma de la educación? Si sólo hacen refritos teóricos amalgamados que marquen cierta diferencia con el enfoque predecesor. ¿Ascender a puestos burocráticos para después hacer lo que desde el movimiento niegan y cuestionan? Suena lógico, al fin y al cabo, como dicen los optimistas, se hizo el intento.
Pongamos el caso del movimiento Somos más que 53, ¿se atreverá a cuestionar a los gobiernos estatales y federales que mantienen la Reforma educativa de Peña Nieto? ¿Criticarán a Rocha Moya por el respaldo ofrecido a Ricardo Madrid y la estructura del SNTE? No lo hicieron, no lo harán.
¿Podrán los federales derogar la Ley del ISSSTE desde una estructura sindical oficial donde se toman decisiones verticales?, ¿no parece más un deseo que una razón argumentada? Si a nivel nacional la CNTE fue rechazada por la presidenta, escudándose en los modos (violentos), sin mirar jamás la causa del malestar; el gobierno populista ha cerrado las posibilidades de diálogo con los maestros. Resulta curioso, quienes abanderan las causas de los pobres, niegan encuentros con los trabajadores de la educación, quienes mantienen contacto directo con los pobres.
El gobierno de izquierda sostiene las reformas de los antecesores gobierno de derecha, al final del día podemos preguntar, ¿hay alguna diferencia? La derecha reforma el Artículo 3ro y la izquierda defiende las modificaciones que hizo la derecha, pero se dice diferente a ella.
El llamado humanismo mexicano en el campo educativo no tiene ningún fundamento filosófico, es una mezcla de narrativas adheridas para legitimar discursivamente el rumbo de la educación.
El enfoque de derechos humanos sólo aplica contra los docentes, no para defender sus derechos humanos; el humanismo no ha tocado las aulas, no ha transformado el espacio escolar, la práctica pedagógica, las relaciones laborales, vaya, no ha mejorado las condiciones materiales de las maestras y maestros.
¿Qué humanismo es ese que defiende a la dirigencia sindical oportunista por sobre el magisterio? Reiteradamente lo han demostrado, lo que les importa son los puestos, para mantenerse en ellos se concretan las alianzas, así sea con “el enemigo”.
Si la apuesta de los maestros en lucha es asumir el aparato burocrático-político del Sindicato debería considerar el escenario desde todos los enfoques, no sólo el pragmatismo característico en la política mexicana.
Fuera del aparato sindical, que opera exclusivamente para asuntos oficiales, las posibilidades de lucha se reducen, pero son más firmes y consecuentes ética y políticamente; quizá en esos márgenes se debate la transformación de la educación más allá de la narrativa del humanismo, hacer práctica el ideario que concibe las aulas como el terreno donde se siembra la semilla de la transformación con un magisterio organizado, crítico y radical.
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