Por Alejandro Castro
Hace días cenando con un amigo, en la plena confianza nos contaba que apenas hace poco él se empezaba a definir como grisexual. Le había costado encontrarse, le tomó valor poder definirse, pero lo más difícil fue explicarle a la familia y su primer círculo quién era y qué significaba poder decirlo.
Y lo más sorprendente de la declaración y su salida del clóset es que no pasó nada, nada cambió, nadie se escandalizó. Todavía a mi generación, en nuestra juventud, nos costaba salir del clóset, explicar quiénes éramos y a quién amábamos. Hoy, poco a poco, nuestras definiciones sexuales y genéricas están pasando a un segundo nivel, a una parte de nuestra persona que nos hace únicos, pero no nos excluye ni nos define por completo.
Cada vez hay más definiciones y autopercepciones sexo-genéricas y veo eso como positivo, llegará el momento que serán tantas y tan dispares que tener que explicar qué somos, a quién queremos, qué sentimos, qué nos gusta, será innecesario por sin sentido, por irrelevante, por aburrido, por obtuso.
En esa misma cena, otro amigo nos decía que no podía entender la diferencia entre la demisexualidad y la grisexualidad, que los conceptos se empataban. Y ahí empezó el debate:
¿Qué significa tener la capacidad de enamorarse de cualquiera persona sin distingos sexo genéricos>?
¿Cómo definir el deseo sexual sin involucrar un deseo carnal, corporal>?
¿Todo el sexo está en el cuerpo o está el cliché de que el cerebro es el órgano más erótico>?
La grisexualidad, emparentada con la asexualidad, es tema de conversación hoy en día. ¿Tener nulo o muy poco deseo sexual es normal?, ¿tener deseo sexual solo por una persona y solo en ocasiones específicas es parte de la definición sexual?
La definición de grisexualidad explica que es el muy bajo, casi nulo, deseo sexual y solo en episodios específicos, con ciertas personas con la que se tiene una empatía sexo-intelectual.
Tener que explicar todas nuestras conductas sexo-afectivas, cada que nos presentamos, es lo cotidiano para la población LGBTIQ+, salimos del clóset cada que nos presentamos en un nuevo círculo de amigos, en un empleo nuevo, en una fiesta. La pregunta siempre está implícita y la respuesta es cada vez más sencilla. Incluso las nuevas generaciones prefieren no etiquetarse ni definirse, están dispuestos a amar y compartir su tiempo y sus afectos con quien quieran, sin decir o etiquetarse de manera definitiva, usar etiquetas momentáneas, efímeras, pasajeras.
Por lo pronto, usemos etiquetas, definiciones, prefijos, conceptos. Poco a poco se irán diluyendo, pero lo importante es hacernos ver, nombrarnos, sabernos diferentes, para que desde nuestras diferencias nos mezclemos.
Escríbanme, yo los leo.
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Alejandro Castro es originario de Mazatlán y parte de la generación millennial, estudió Turismo en la UdeO y más tarde una maestría en Ciencias Sociales en la UAS. Ha combinado la docencia universitaria con la investigación y la capacitación, además de desempeñarse en distintos espacios públicos: fue secretario técnico de la Junta de Coordinación Política en el Congreso de Sinaloa, secretario particular en la SEPyC y coordinador de proyectos estratégicos en su ciudad natal.
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