Por Cruz González Astorga
Acabo de leer un artículo en el portal sinaloense “Espejo”, publicado el 2 de julio del año en curso, que en los últimos años ha ganado un prestigio nacional en el terreno del periodismo, abordando temas apremiantes del estado Sinaloa, sin descartar el más obvio, la violencia entre grupos de la sociedad.
El reconocer, por parte del portal, el daño al tejido social producido por la guerra entre los cárteles enfrentados para controlar el territorio, y todo lo que conlleva en él, desde la economía hasta la política, ha generado estados de miedo, psicosis, paranoia y una escala de violencia en todos los niveles de la vida, incluyendo el familiar.
El planteamiento oficial, como medida de solución, parte del uso de las fuerzas armadas para reconstruir dicho tejido, es decir, contra los grupos generadores de violencia, la violencia del Estado: dudo que esa vía conduzca a la paz, sin embargo, tiene el beneplácito de analistas que desde los medios de comunicación legitiman el accionar del gobierno federal y estatal.
Bajo todos los parámetros de las ciencias y las artes, hasta del sentido común, los instrumentos bélicos como alternativa en aras de construir la paz, jamás resarcen los daños sociales y emocionales provocados por la guerra. El Estado se equivoca cuando la medida no incorpora como proyecto principal el modificar las relaciones sociales dentro y fuera de las instituciones: si dentro es una carnicería donde no hay amistades ni honestidades y los éxitos se logran con el tráfico de influencia (basta ver cómo opera el sindicalismo del magisterio, se espantarían); fuera es un campo de batalla donde el pez grande se come al chico.
Dentro de las instituciones impera la corrupción, la renuncia de tres tesoreros en Escuinapa, sin explicar la cantidad de entradas y salidas de dinero y otras inconsistencias de carácter económico (lo mismo se hace en las escuelas públicas), denota la inestabilidad en a finanzas del municipio, y una crisis profunda que no se dice, pero se siente.
La disputa por el poder, no es otra cosa que alcanzar la impunidad en todos los actos, violar la ley sin que se aplique para sí; el poder, diluido en apenas hacer ruedas de prensa alentando a la sociedad que todo va bien, que no hay que preocuparse, que la economía se está reactivando y otros cuentos como los tragamonedas, de tanto repetirse crees que vas a ganar, y bueno, te das cuenta que te quedaste sin un peso.
Los intereses de corporaciones son los que imponen su agenda a los gobernantes. El caso más palpable lo tenemos con el presidente de Escuinapa, un gobierno que obtuvo legitimidad en las urnas, y después la perdió en su inoperancia para actuar frente a los problemas sociales.
La editorial de “Espejo” divaga en el plano de las soluciones, se queda en los aires al sugerir qué hacer, solo menciona “invertir también en lograr la paz duradera con enfoque de no repetición”. ¿Qué significa invertir en un enfoque de no repetirse? O, dicho de otra manera, ¿cómo no se repetiría aquello que da soluciones? Pareciera que estamos en una clase de la Universidad donde las abstracciones se enfrentan para provocar una sonoridad más agradable a la clase, o sea, enredarlos.
Destaca en la publicación “la inversión de 454 millones de pesos y la llegada de mil militares más para reforzar las tareas de seguridad pública en Sinaloa, y los nulos esfuerzos por atender las causas de la violencia”. Significa que al gobierno no le interesa detener las causas que provocan la violencia, sino dar un golpe de autoridad, sea capturando los capos visibles o reduciendo a los grupos a su mínima expresión, aislándolos en gavillas.
Esa paz que ofrece el gobierno de la 4T no va acompañada de justicia, como tampoco sanar los daños emocionales ni la confianza entre las personas. No hay proyectos de carácter cultural, educativo (más allá de las escuelas), deportivo y generación de empleos que fortalezcan el bolsillo de la población, las diversas expresiones y entendimiento de laos distintos puntos de vistas e intereses.
Escuinapa vive lo que Naomi Klein denominó “la doctrina del Sock”; la sociedad queda suspendida por el miedo, y esa suspensión se aprovecha para hacer reformas, concretar concesiones o, en este caso, militarizar Escuinapa y el país entero.
¿Hacia dónde camina el país para asumir que la militarización es el camino para alcanzar la paz? Hay una imagen distorsionada de la realidad; las caravanas de militares transitan por las calles de Escuinapa, aparentemente resguardando el orden, a su vez, las autoridades locales no atienden a las víctimas de la violencia o del desorden, la oficialidad en los tres niveles de gobierno niega el espacio y la palabra a las madres buscadoras de sus seres queridos.
Se criminaliza a la víctima, porque si un joven pierde la vida, no se investigan las causas, la sociedad ya tiene la sentencia que justifica el hecho lamentable: andaba mal.
Si una mujer es ultrajada; andaba mal. Si un hombre es desaparecido; andaba mal. Todos los actos van acompañados de un juicio trabajado con anticipación que se relaciona directa o indirectamente con la violencia. Y el emitir juicios es precisamente violencia, donde mejor recibimiento tiene este modismo es en las redes sociales.
La apuesta a la militarización “es la única y última carta con la que juegan los gobiernos nacional y estatal” afirma “Espejo”. Cómo interpretar de lo anterior desde un municipio como Escuinapa, años atrás acostumbrado a la cháchara, el juego de la lotería y la baraja, la pedaleada, la fiesta hasta altas horas de la noche, el caminar libremente sin preocupación de ser asaltado o secuestrado: todo se ha ido a la borda.
Se ha esfumado en unos años lo que se construyó en más de cien, otros caminos para la paz tendrían que salir de las propuestas de la sociedad; ya se han realizado marchas, plantones, denuncias públicas y las autoridades hacen oídos sordos.
Que no se agoten las ideas, que debatan para luego realizarlas; mucha paciencia para el largo trayecto que falta por recorrer hacia la paz; porque una cosa es con militares en las calles, el mensaje que mandan es que sin armas no hay orden; la otra, diferente y contraria a la oficial es la autoorganización de la sociedad por medios pacíficos y éticos, por una paz con justicia y dignidad.
Profe Cruz








