Habitando la periferia | Cuando permanecer deja de ser posible. Desplazamiento forzado en Sinaloa y el retorno a la sierra

Desplazamiento forzado en Sinaloa

Por Rita Tirado Lopez

El desplazamiento forzado en Sinaloa y el retorno inseguro a sierra suelen narrarse a través de cifras, informes y estadísticas. Yo volví a pensarles hace dos días, cuando recibí un audio de uno de los representantes de las familias desplazadas y retornadas de Chirimoyos, en la sierra de Concordia. Me decía que toda la comunidad estaba nuevamente sin electricidad y que, probablemente, en cuestión de horas también perderían la señal telefónica.

No era la primera vez que escuchaba algo así. Durante los meses estuvimos: Periferia Subversivx, otrxs colectivxs y voluntarixs con las Brigadas de Salud Comunitaria tuvimos la oportunidad de dormir en la sierra, convivir con las familias, compartir los alimentos y conocer, aunque fuera por unos meses, parte de su vida cotidiana. Ahí aprendí que, cuando la violencia recrudece, la incertidumbre no llega únicamente con los disparos. También llega con el silenciamiento.

Desplazamiento forzado en Sinaloa

Pueden llamarme conspiranoicx, pero no puede ser una coincidencia que los apagones comienzan a ser frecuentes. La señal telefónica se reduce significativamente. Los teléfonos presentan interferencias constantes durante las llamadas. Nunca he podido saber quién interviene esas comunicaciones ni quién provoca los cortes de electricidad. Tampoco puedo afirmarlo. Pero después de escuchar una y otra vez a las comunidades narrar la misma secuencia —violencia, aislamiento e incomunicación— no he podido dejar de preguntarme si el terror también se construye de esa manera.

Durante algunos meses parecía que las cosas comenzaban a estabilizarse. Varias familias decidieron regresar a Chirimoyos, La Petaca y El Cuantanal. Quienes hemos acompañado esos procesos sabemos lo que significa volver después del desplazamiento: regresar a una casa abandonada durante meses, reconstruir cercas, limpiar parcelas, reencontrarse con vecinos que también sobrevivieron al exilio forzado e intentar recuperar una vida interrumpida por la guerra.

Desplazamiento forzado en Sinaloa

Por un momento pensé que, quizá, la sierra tendría un respiro, pero me equivoqué. En las últimas semanas la violencia volvió a intensificarse en el sur de Sinaloa. Escuinapa enfrenta un repunte sostenido de enfrentamientos armados, detonaciones y explosiones que han alterado profundamente la vida cotidiana y provocado nuevos desplazamientos de familias.

Entre enero y junio de este año se documentaron múltiples jornadas de violencia en comunidades como El Roblito y El Tecomatillo, donde habitantes reportaron largas horas de disparos y explosiones, además la violencia ha llegado a las autoridades mismas. (Línea Directa, 2026; Animal Político, 2026).

Mazatlán tampoco ha permanecido al margen. Durante los últimos días de julio el municipio registró una escalada de homicidios, ataques armados contra viviendas, personas heridas por arma de fuego y agresiones con explosivos, consolidando uno de los periodos más violentos desde que comenzó la actual narcoguerra entre facciones del Cártel de Sinaloa (Luz Noticias, 2026; Revista Espejo, 2026).

Concordia, sin embargo, casi no aparece en los titulares. Y no es porque ahí no esté ocurriendo nada. Como han documentado las investigadoras Sheila Arias y Sibely Cañedo (2025), en municipios como Concordia opera un “doble cerrojo” sobre la información: por un lado, las amenazas directas de los grupos armados hacia periodistas y habitantes; por otro, la autocensura y la reproducción de narrativas oficiales por parte de los pocos medios que continúan informando desde estos territorios.

Gracias al vínculo que hemos construido con distintas comunidades serranas sabemos que, mientras escribo estas líneas, varias familias vuelven a abandonar sus hogares en comunidades rurales cercanas a las cabeceras municipales. Ha sido reportado en grupos de facebook locales que algunas familias, incluso han solicitado apoyo al Ejército para poder salir con vida de sus comunidades. Y algunas más, en la sierra, permanecen resistiendo aun sabiendo que los enfrentamientos podrían obligarlas a desplazarse nuevamente en cualquier momento.

Antes de colaborar con familias desplazadas pensaba que el desplazamiento forzado comenzaba el día en que una familia huía de su casa. Pero no es así, el desplazamiento comienza mucho antes, cuando las noches dejan de ser silenciosas, cuando el miedo invade a la comunidad. Cuando se tiene que aprender que quedarse sin electricidad también significa quedarse sin posibilidad de pedir ayuda. Cuando permanecer deja de sentirse posible.

Los Principios Rectores de los Desplazamientos Internos de las Naciones Unidas definen a las personas desplazadas como aquellas que se ven obligadas a abandonar su hogar para escapar de conflictos armados, violencia generalizada o violaciones a los derechos humanos, sin cruzar una frontera internacional. Pero incluso esa definición, necesaria desde el derecho, resulta insuficiente para explicar lo que ocurre en territorios como la sierra de Concordia.

El desplazamiento forzado no solamente implica abandonar una vivienda. Quien ha acompañado estos procesos sabe que las pérdidas son mucho más profundas. Se rompe el vínculo con el territorio, con las parcelas, con los caminos aprendidos desde la infancia y con las redes comunitarias que durante generaciones sostuvieron la vida cotidiana. También se fracturan los espacios donde se toman decisiones colectivas, donde circula la memoria y donde una comunidad ejerce, en los hechos, cierta autonomía sobre su territorio.

La psicóloga Edith Robles Arredondo, quien brindó atención durante las Brigadas de Salud Comunitaria a aproximadamente cuarenta personas desplazadas y retornadas, documentó síntomas asociados al trauma complejo y, de manera diferenciada en las mujeres, cuadros de depresión mayor. La violencia no termina cuando una familia logra escapar; continúa habitando los cuerpos.

Desplazamiento forzado en Sinaloa

Durante mucho tiempo pensé en el desplazamiento forzado como una consecuencia de la violencia. Pero, después de caminar estos territorios, de escuchar durante meses a las familias y de observar comunidades enteras vaciarse mientras otras intentan regresar, no puedo evitar preguntarme si el desplazamiento cumple también una función política-social. ¿Qué ocurre cuando un pueblo se vacía? ¿Quién se beneficia cuando una comunidad abandona el territorio?

Leyendo a Abel Astorga Morales encontré una reflexión que me ayudó a nombrar esta inquietud. Recuperando a Frantz Fanon, Zygmunt Bauman y Karl Polanyi, el autor propone mirar los grandes desplazamientos contemporáneos no sólo como crisis humanitarias, sino como expresiones de un orden económico que produce personas expulsables. Astorga recuerda que los desplazados forman parte de “los condenados de la tierra” de los que hablaba Fanon (1961): poblaciones empobrecidas, deshumanizadas y desprotegidas por la barbarie capitalista.

Desde Bauman (2005), retoma la idea de que la economía de mercado produce “residuos humanos”: personas privadas de oportunidades y derechos que terminan convertidas en daños colaterales de un sistema orientado al consumo. Conforme aumenta la desigualdad, escribe Astorga a partir de Bauman, también aumenta el sufrimiento humano. Y desde Polanyi (1944) recupera quizá una de las críticas más vigentes al neoliberalismo: cuando la lógica del mercado invade todos los ámbitos de la vida, las personas mismas terminan tratadas como mercancías.

Pensaba en todo esto mientras escuchaba nuevamente aquel audio desde Chirimoyos. Quizá el desplazamiento no sea únicamente el resultado de la violencia; quizá también sea una de las formas en que el capitalismo reorganiza los territorios. Cuando una comunidad abandona sus tierras no sólo pierde sus casas. También se debilitan las formas de organización colectiva, se fracturan los vínculos comunitarios y el territorio queda disponible para nuevas disputas económicas, políticas y armadas. No afirmo que exista una sola voluntad detrás de estos procesos. Lo que sí sostengo es que el desplazamiento nunca beneficia a quienes se ven obligados a irse.

Si el capitalismo necesita territorios disponibles para seguir expandiéndose, también necesita comunidades fragmentadas, vínculos debilitados y poblaciones obligadas a moverse. Quizá por eso el desplazamiento nunca sea únicamente una crisis humanitaria. También es una disputa por el territorio, por la memoria y por la posibilidad de seguir habitando lo común.

Mientras tanto, en la sierra de Concordia (y de todo Sinaloa) hay familias que siguen esperando que vuelva la electricidad o la señal para poder avisar que continúan con vida. Hay comunidades enteras que, aún después del desplazamiento, insisten en regresar, reconstruir sus casas y sembrar nuevamente la tierra. No porque existan garantías de seguridad, sino porque abandonar definitivamente el territorio también significa perder una parte de sí mismas.

Desplazamiento forzado en Sinaloa y retorno a la sierra

Tal vez esa sea la pregunta que deberíamos hacernos: ¿Qué significa hablar de paz cuando miles de personas siguen sin poder permanecer en el lugar donde nacieron? ¿Qué significa hablar de desarrollo cuando cada vez más comunidades sobreviven entre el miedo, el abandono institucional y el riesgo permanente de volver a desplazarse?

Porque habitando la periferia sabemos que defender el territorio también significa defender el derecho de los pueblos a permanecer en él. Que el desplazamiento forzado no solamente es un síntoma de la violencia; quizá es también una de las formas más eficaces de reorganizar el territorio y romper aquello que durante generaciones sostuvo la vida comunitaria. Y mientras sigamos contando únicamente cuántas personas fueron desplazadas, seguiremos dejando sin respuesta la pregunta más incómoda de todas: ¿A quién beneficia que los pueblos se vacíen?

+++

Rita Tirado Lopez (Elle, ella, él). Sociólogue y defensore de DDHH en Sinaloa; escribe desde la periferia sobre violencia, comunidad y resistencias.

Desde los márgenes también se piensa el mundo.

+++

Aviso de responsabilidad:
Las opiniones expresadas en esta columna son exclusiva responsabilidad de quien las firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de este medio.

Síguenos en nuestras redes sociales:

https://www.facebook.com/MesaReservadaMX

https://www.instagram.com/mesareservada.mx

(Visited 28 times, 2 visits today)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Close
Únete al
Canal