Alejandro Castro
Hace días hablaba de la poca interacción social que las nuevas generaciones están teniendo de manera presencial. Y el poco contacto real con su generación. Es decir, la realidad virtual se está convirtiendo en la nueva realidad. Jóvenes que interactúan por medio de sus videojuegos, de sus dispositivos móviles y las pocas veces que salen a la realidad están de manera constante conectados y atentos a lo que está sucediendo en su IG, en su FB o TikTok, produciendo contenido, compartiendo ideas y revisando estados.
Ahora hablemos de sexo
Entonces ¿cómo están tendiendo sexo estos nuevos jóvenes? ¿Cómo ligan? ¿Dónde se enamoran? En las apps también, en redes sociales, vía WhatsApp.
Lo más buscado en las páginas de contenido sexual es #hentai y #self y eso es lo que están buscando los jóvenes: realidades alternativas, fantasías, fetiches, personajes irreales, caricaturas que interactúan con seres mitológicos, con cuerpos perfectos en situaciones o escenas que serían imposibles con personas reales.
¿Qué lleva a esta nueva generación a buscar estímulos sexuales en caricaturas, en dibujos animados? Puede ser una forma para desasociar una realidad que no les gusta, con la cual no encajan o no se sienten cómodos, aceptados. Cumplir fantasías sexuales que serían impensables o peligrosas con actores de carne y hueso es uno de los propósitos del #hentai. Y mientras se mantenga en el ámbito de la fantasía y lo digital es parte de la exploración y gestión del placer de los espectadores. Con esta tendencia también han nacido nuevos movimientos en los clubs de sexo donde los asistentes interactúan disfrazados y desarrollando personajes de anime, animales o seres mitológicos de diferentes culturas. Estos clubs tienen sus reglas sobre quien puede asistir, los personajes aceptados y la forma de interactuar entre ellos, e insisto que mientras sea entre adultos y consensuado, la diversión y el contacto sexual es lo importante.
Pero los jóvenes también buscan cuerpos reales, buena iluminación, sexo en ritmo, editado, en buenas posiciones y con buenos enfoques, grabados en casa con celulares de alta gama y compartiendo no solo la intimidad sexual sino la intimidad de un hogar, de un departamento, de la propia recamara. Estos ambientes y personajes porno están etiquetados dentro del #self: lo propio, lo personal, lo mío.
La auto producción de contenido sexual en plataformas como OnlyFans, justforFans o vía telegram ha democratizado la pornografía. Ya los jóvenes no consumen pornografía estandarizada, ya son capaces de filtrar sus gustos y ver específicamente lo que les gusta, comprar o monetizar el contenido de personas comunes que producen y cumplen fantasías virtuales por unos cuantos dólares.
A la vez, esos mismos jóvenes se sienten cómodos al producir su propio material erótico que pueden compartir con parejas actuales o posibles ligues. Pero también para subir contenido a las plataformas y exponer sus cuerpos y sus deseos con otros iguales a ellos,con los que les interesa interactuar de manera erótica, romántica o para monetizar.
Además, con la protección que ofrece, en México, la Ley Olimpia sobre el contenido erótico y su distribución, es cada vez mas seguro exponerse en redes y plataformas. Las plataformas digitales, tanto las redes sociales como las que se dedican a albergar contenido sexual, también ofrecen protección del contenido que cada usuario publica y la autoría intelectual del mismo.
La exploración erótica y sexual de cada uno de nosotros es una decisión personal y es válido probar y decidir si nos gusta, si es placentero y si lo queremos seguir practicando y con quien, siempre que sean relaciones sanas entre adultos y con el consenso de los involucrados.
Escríbanme, yo los leo.
Alejandro Castro Osuna








