Expediciones científicas internacionales han localizado miles de recipientes en el fondo del Atlántico Norte y estiman que podrían existir alrededor de 200 mil barriles relacionados con antiguos vertidos de residuos radiactivos. Los primeros análisis detectaron elementos radiactivos de origen humano en el entorno marino.
Un equipo internacional de científicos investiga un enorme depósito de residuos radiactivos en las profundidades del océano Atlántico, donde se estima la presencia de alrededor de 200 mil barriles arrojados décadas atrás.
Las expediciones realizadas entre 2025 y 2026 permitieron cartografiar zonas del fondo oceánico mediante tecnología robótica. En uno de los sectores estudiados fueron identificados aproximadamente 3 mil 500 recipientes, algunos ubicados a profundidades superiores a los 4 mil 700 metros.
El objetivo de las investigaciones es determinar cuál ha sido el impacto de estos residuos después de permanecer durante décadas bajo el mar y conocer hasta dónde pudieron dispersarse las sustancias que contenían.
Detectan radiactividad de origen humano
Los científicos utilizaron un sumergible tripulado para acercarse a los recipientes, fotografiarlos y obtener muestras del agua, los sedimentos y el entorno.
Los análisis iniciales detectaron elementos radiactivos de origen humano, según la información difundida sobre las expediciones.
Uno de los aspectos que genera mayor interés científico es que también fueron encontradas trazas en sedimentos situados lejos de algunos de los recipientes.
Esto abre nuevas interrogantes sobre el alcance de la dispersión de las sustancias y sus posibles efectos sobre el ecosistema marino.
Barriles llevan décadas en el fondo del Atlántico
Los residuos corresponden a vertidos realizados durante décadas pasadas, particularmente durante los años 70 y 80.
Tras permanecer tanto tiempo a enormes profundidades, algunos recipientes se encuentran integrados parcialmente al entorno y cubiertos por organismos marinos.
Los investigadores recolectaron cientos de kilos de muestras para analizar el comportamiento de los contaminantes y determinar si existe afectación sobre las especies que habitan estas zonas.
Científicos no planean sacar los barriles
Pese a la magnitud del hallazgo, el proyecto científico no tiene como objetivo retirar inmediatamente los recipientes.
Extraerlos desde profundidades superiores a los cuatro kilómetros representaría un desafío técnico considerable y podría provocar nuevos riesgos ambientales.
Por ello, los especialistas buscan primero comprender qué está ocurriendo con los barriles, qué sustancias han liberado y cómo ha respondido el ecosistema.
Las próximas expediciones estarán enfocadas en establecer hasta dónde pudieron desplazarse los contaminantes.
¿Representan un peligro para las personas?
De acuerdo con los investigadores citados en la información difundida, los hallazgos no representan actualmente un peligro directo para las poblaciones costeras.
Sin embargo, consideran necesario mantener la vigilancia sobre los sedimentos y la fauna marina.
Uno de los principales puntos que deberán esclarecer las investigaciones es si los residuos permanecen principalmente confinados en las profundidades o si sus componentes pueden incorporarse a organismos y eventualmente avanzar dentro de la cadena alimenticia marina.
Los nuevos estudios permitirán conocer con mayor precisión las consecuencias ambientales de unos vertidos realizados hace décadas y que todavía permanecen en las profundidades del Atlántico.








