Por Jonatan Azbat Carrillo
En pleno 2026, el VIH dejó de ser una sentencia de muerte… pero no dejó de ser una emergencia de salud pública.
La ciencia ha avanzado. El tratamiento antirretroviral es gratuito en México. Una persona con diagnóstico oportuno podemos vivir con calidad y alcanzar carga viral indetectable, lo que significa que no transmite el virus por vía sexual.
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Eso es un logro histórico.
Sin embargo, hay una realidad que no podemos ignorar: siguen llegando personas a hospitales en condiciones graves, con el sistema inmunológico comprometido, con infecciones oportunistas y en etapas de SIDA, también varios casos de personas de personas que han fallecido por complicaciones relacionadas con el virus. Y eso no ocurre por casualidad. Ocurre por diagnóstico tardío.
En México, estudios recientes han mostrado que aproximadamente el 40 % de las personas con VIH son diagnosticadas en etapas avanzadas de la infección, cuando el sistema inmunológico ya está gravemente comprometido y el riesgo de desarrollar SIDA y complicaciones serias es muy alto. Eso significa que casi la mitad de las personas descubren que viven con el virus cuando el daño ya está avanzado.
Un retraso en conocer el diagnóstico puede significar años viviendo con el virus sin tratamiento, aumentando no solo la probabilidad de hospitalización y muerte, sino también de transmitirlo a otras personas sin saberlo. El diagnóstico tardío no solo impacta a quien vive con el virus, impacta a toda la red de salud pública.
Este fenómeno no es exclusivo de México. En Europa, casi la mitad de los diagnósticos también se realizan demasiado tarde, lo que dificulta el acceso oportuno a terapia antirretroviral y atención médica que salvan vidas. Estamos frente a un problema estructural, no aislado.
¿Y por qué ocurre esto? Aquí entra el estigma.
Durante décadas se instaló la narrativa falsa pero persistentemente extendida de que el VIH es un “virus de personas gay”. Esa percepción no solo desinforma; mata. La evidencia científica deja claro que cualquier persona con vida sexual activa puede adquirir el virus, independientemente de su orientación sexual o identidad de género. El virus se transmite por prácticas específicas, no por etiquetas sociales.
De hecho, en varios países se ha observado que las personas heterosexuales —sobre todo hombres— presentan tasas especialmente altas de diagnóstico tardío, precisamente porque ni las personas héteros, ni muchos profesionales de la salud perciben el riesgo y no promueven la prueba en tiempo y forma. El prejuicio termina retrasando la detección.
Cuando una persona no conoce su diagnóstico:
- No accede a tratamiento.
- No puede prevenir nuevas transmisiones.
- No recibe seguimiento médico adecuado.
- Y aumenta la probabilidad de hospitalización y muerte.
Y lo más grave: en Sinaloa hemos visto casos donde personas llegan a urgencias con complicaciones relacionadas con VIH y no son atendidas con la prontitud y el enfoque integral que requieren. El estigma no solo discrimina; también retrasa atención médica.
Eso es inaceptable.
Aquí es donde el llamado debe ser directo y claro para la Secretaría de Salud de Sinaloa y para el Gobierno del Estado:
Sí, hemos avanzado. Pero no es suficiente.
Es urgente:
- Asignar mayores presupuestos para prevención y detección.
- Implementar campañas permanentes de pruebas rápidas en colonias, sindicaturas y comunidades rurales.
- Desarrollar campañas masivas de sensibilización que rompan el mito de que el VIH es exclusivo de una población.
- Capacitar continuamente al personal de salud en atención libre de estigma.
- Garantizar atención inmediata y digna en áreas de urgencias.

La prevención no puede depender únicamente de organizaciones civiles. El Estado tiene la responsabilidad constitucional de garantizar el derecho a la salud.
La prueba de VIH debe normalizarse como parte rutinaria del cuidado médico. Más no imponerlas. Las pruebas son gratuitas en CAPASITS, en el IMSS, en el ISSSTE y en los distintos centros de salud. Pero la gratuidad no sirve si no hay campañas visibles, si no hay información clara o si el miedo sigue siendo más fuerte que la conciencia.
El diagnóstico oportuno salva vidas. El diagnóstico tardío las pone en riesgo.
Desde Se VIHve hemos acompañado a personas que llegan devastadas emocionalmente no solo por el virus, sino por el trato recibido. También hemos visto historias de esperanza cuando el diagnóstico llega a tiempo y el tratamiento se inicia de inmediato. Sabemos que la diferencia entre una historia y otra es, muchas veces, una prueba hecha a tiempo.
Derrumbemos los prejuicios.
Hablemos del VIH como lo que es: un tema de salud pública.
Exijamos políticas públicas a la altura del problema.
Si tienes vida sexual activa y no te has hecho la prueba en el último año, acércate a los espacios de salud. Si tienes dudas o necesitas orientación, en Se VIHve podemos acompañarte.
La indiferencia cuesta vidas.
La prevención las salva.
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