Miles salen a las calles en Colombia contra el triunfo de la ultraderecha; Cepeda llama a la calma y Petro alerta polarización

La victoria del ultraderechista Abelardo de la Espriella en la elección presidencial de Colombia desató este domingo una ola de protestas en distintas ciudades del país, especialmente en Bogotá y Cali, donde miles de personas salieron a las calles para rechazar el avance de un proyecto político que, advierten, amenaza conquistas sociales, derechos civiles y la frágil paz colombiana.

Entre consignas de “¡resistencia!”, barricadas en llamas, bocinazos, música y banderas, votantes de izquierda, jóvenes, estudiantes y simpatizantes del Pacto Histórico expresaron su rechazo al resultado preliminar que dio como ganador a De la Espriella, un abogado ligado a sectores de extrema derecha, respaldado por Donald Trump y señalado por sus adversarios por su cercanía con figuras del paramilitarismo y del narcotráfico.

Lo que inició como una movilización pacífica derivó en algunos puntos en enfrentamientos entre manifestantes y cuerpos antidisturbios. En medio de las protestas, fueron quemadas llantas y banderas de Estados Unidos, país cuyo gobierno ya expresó respaldo al nuevo presidente electo. Las imágenes recordaron al estallido social de 2019 a 2021, cuando el gobierno derechista de Iván Duque reprimió duramente la protesta social dejando decenas de muertos.

La inconformidad no es menor. Durante su campaña, De la Espriella prometió mano dura contra el crimen, megacárceles, impulso al fracking y un discurso abiertamente hostil hacia la izquierda. Aunque tras el preconteo moderó el tono y aseguró que gobernará “para todos los colombianos”, entre sus bases opositoras persiste la desconfianza.

En ese contexto, el candidato del Pacto Histórico, Iván Cepeda, hizo un llamado a sus simpatizantes a mantener la calma y actuar con responsabilidad política. En conferencia de prensa, pidió “guardar la calma y la tranquilidad” y reiteró que sólo reconocerá el resultado una vez concluya el escrutinio final, mientras avanzan las impugnaciones de miles de mesas electorales.

Cepeda también respondió a las amenazas lanzadas por De la Espriella, quien advirtió que “el tigre puede morder más duro” si la izquierda “estimula la violencia”. El senador fue tajante: “A nosotros que no nos amenace. Somos un movimiento político muy numeroso, con una larga historia de resistencias. Hemos derrotado a muchos gobiernos autoritarios y políticos violentos”.

Por su parte, el presidente Gustavo Petro alertó que Colombia se encuentra “al borde del abismo del fraccionamiento violento”, en un contexto de fuerte polarización política y tensión social. Petro respaldó la revisión de los resultados mesa por mesa y advirtió que el país podría entrar en una nueva etapa de confrontación si el nuevo gobierno opta por desmontar programas sociales, endurecer la represión y militarizar aún más el conflicto interno.

La preocupación no sólo se centra en el plano político. Organizaciones sociales, sectores juveniles y analistas advierten que el triunfo de la ultraderecha puede traducirse en retrocesos en derechos de las mujeres, de las comunidades diversas, de los pueblos empobrecidos y en una política de seguridad que reactive la violencia estatal contra la protesta social.

Colombia entra así en una fase de alta tensión. Mientras la derecha celebra el ascenso de un presidente alineado con Washington, la izquierda se reorganiza en las calles, en los tribunales y en el terreno político, con la convicción de que la disputa por el rumbo del país apenas comienza.

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