Por Alejandro Castro
Imagínate vivir en un mundo donde todos medimos 1.75 y para poder encajar te sometan a una cirugía para reducir esos centímetros que tienes de más.
Imagínate nacer en un mundo donde todos tenemos los ojos color café y tú tengas que usar lentes de contacto cada que sales a la calle porque los tuyos son verdes.
Imagina que eres el corredor más rápido de tu escuela, pero tú no puedes correr en público porque a tu familia le da vergüenza verte correr.
Pues más o menos así de ridículas son y así es como funcionan las terapias de conversión. Las terapias tienen la finalidad de negarnos, de invisibilizarnos, de decirnos que estamos mal, incompletos, que no servimos. Las terapias de conversión son el remanente de la Inquisición en esta época.
Las terapias de conversión no son una pesadilla, existen, son reales, están ahí, muy cerca, diciéndole a un grupo de la sociedad que tener una identidad o expresión de género diferente a la cis es malo, da asco, está mal.
Y no podemos dejarlos seguir, no podemos dejarlos avanzar. Las terapias de conversión son una vergüenza y las personas y asociaciones que las respaldan son unos irresponsables e ignorantes que lesionan, dañan e incluso matan a jóvenes internos en esos centros.
Según estos centros hay dos fines posibles a alcanzar: convertir a sus jóvenes en heterosexuales y conseguirles un buen matrimonio o mantenerles en el clóset de por vida (aun cuando, para algunos, el clóset puede ser la opción segura), reprimiendo su sexualidad y expresión de género.
Estas terapias implican maltratos físicos, tortura psicológica, vejaciones y, en algunos casos extremos, violación o exposición sexual a las mujeres que participan.
La mayoría de las asociaciones o instituciones que se dedican a esto son o están ligadas a alguna religión. Basan sus métodos en teorías y creencias que científicamente no se pueden sustentar y usan la vergüenza como forma de represión.
Por ejemplo, ponen a los jovencitos a ver porno gay y si su cuerpo responde al estímulo son castigados con descargas eléctricas en genitales o la punta de los dedos. Son obligados a someterse a procesos de purificación espiritual por medio de rituales religiosos.
Además de estos espacios establecidos, existen los ECOSIG, que son los “Esfuerzos para Corregir la Orientación Sexual y la Identidad de Género”. Y ustedes me dirán: pues suena a lo mismo; y en el fondo sí lo es, pero a diferencia de los Centros, estos “esfuerzos” se pueden llevar a cabo en espacios que pueden estar trabajando como asesoría psicológica o espiritual o por terapeutas independientes que consideran que pueden “curar” o “ayudar” por medio de sesiones privadas o personalizadas.
Los ECOSIG, ya sean en un centro establecido o como parte de terapias individuales son crueles, horribles, atentan contra el libre desarrollo de la personalidad, atentan contra el bien superior de niños, adolescentes y jóvenes que son enviados o expuestos a esos tratos por su familia, principalmente. En México, ya se legisló en contra de cualquiera de estos esfuerzos por invisibilizarnos, ahora queda el largo camino para que cada estado haga lo propio en sus leyes locales y se aplique la ley a aquellos que lo practiquen.
En Sinaloa fuimos de los primeros estados del país que prohibieron estas prácticas de vejación en julio 2023, y a nivel nacional se prohibieron en junio de 2024. Falta la homologación de los códigos y leyes en varios estados, pero en nuestro estado, estamos avanzando.
Si saben de alguien que está siendo sometido contra su voluntad a estos tratamientos o de algún lugar que los ofrezca o los practique, denunciemos.
Escríbanme, yo lo leo.
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Alejandro Castro es originario de Mazatlán y parte de la generación millennial, estudió Turismo en la UdeO y más tarde una maestría en Ciencias Sociales en la UAS. Ha combinado la docencia universitaria con la investigación y la capacitación, además de desempeñarse en distintos espacios públicos: fue secretario técnico de la Junta de Coordinación Política en el Congreso de Sinaloa, secretario particular en la SEPyC y coordinador de proyectos estratégicos en su ciudad natal.
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