Por Alejandro Castro Osuna
Los viejos toman la pantalla, se enamoran, cobran venganza, encubren asesinatos, defienden a los suyos. De eso van las dos historias que vi en estos días.
¿Qué serías capaz de hacer por conocer la verdad?
¿Qué serías capaz de hacer por ocultar la verdad?
Me morí con la serie de Dos Tumbas. A veces uno tiene planes que tardan años, que cuestan caros y llega alguien y los arruina con una opinión, con una palabra, con una acción. No voy a llenar de spoilers esta columna, pero tienen que ver la serie de Dos Tumbas. La premisa de la serie es la famosa idea de Confucio: “Quien busca venganza debe cavar dos tumbas”, y la serie cumple con todo el requisito. A veces, más que ayudar, las buenas intenciones estorban, matan.

La actuación de Kiti Mánver es excelsa: una abuela en semi-retiro que emprende una carrera de venganza y verdad, muy al estilo de John Wick pero de la tercera edad. Los personajes de las dos jovencitas están súper bien desarrollados, y es hasta el último momento donde se resuelve el gran misterio de los asesinatos que inician la historia. Kiti carga con el peso de toda la historia y en una escena es un amor de persona y en la que sigue se convierte en una psicótica con sed de venganza.

Qué chilo es ver historias centradas en personas de la tercera edad, donde ellos llevan el protagónico y son capaces de sostener la trama completa.
Lo mismo me pasó con la serie 1923, la precuela de Yellowstone. La serie está buenísima y explica cómo los Dutton se hicieron de tanta tierra y tanto dinero allá en el lejano Montana. Todas las vertientes y personajes están buenos y bien llevados, pero la pareja de viejos —Helen Mirren y Harrison Ford— está deliciosa: sus pleitos, sus amores, sus conquistas se ven conectados por una vida juntos; ambos se entienden, se conocen, se saben.

Hay una escena, en medio de una balacera a campo abierto, muy al estilo Viejo Oeste, donde Ford busca con la mirada a Mirren, que está escondida detrás de un tronco, y le dice: “Corre”. Ella no pregunta, no sabe por qué; ella sabe que es su equipo y confía ciegamente su vida a él. Ella corre, él le cuida la espalda y recibe un tiro, pero le salva la vida.
Después de eso en la siguiente escena, Mirren entra en su cocina; Ford está herido y sangrando sobre la mesa del comedor y, como quien desmenuza un pollo, procede con calma y fuerza a sacar la bala y a atender a los demás heridos, regresándole así el favor por aquel “corre”.
Cada escena, cada diálogo de Helen y Harrison le dan estructura a la serie; son ellos quienes cargan con la historia y jalan a los personajes para que los alcancen en nivel y profundidad de actuación. Lloré la mitad de la serie.
Qué bueno es ver obras que no están enfocadas en los amores juveniles, en los amores virginales y de primavera. Ya me estoy haciendo viejo.

La última película de amores otoñales que me movió fue Los Puentes de Maddison (1995), donde Streep deja ir su amor de fin de semana porque se debe a su esposo y sus hijos en ese espacio gris y aburrido de Iowa. O la misma Meryl, en August: Osage County, con cáncer de boca y peluca, que se agarra a golpes con su hija, Julia Roberts, durante una cena familiar que igual me sacó risas como lágrimas.

Escríbanme, yo los leo.
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Alejandro Castro es originario de Mazatlán y parte de la generación millennial, estudió Turismo en la UdeO y más tarde una maestría en Ciencias Sociales en la UAS. Ha combinado la docencia universitaria con la investigación y la capacitación, además de desempeñarse en distintos espacios públicos: fue secretario técnico de la Junta de Coordinación Política en el Congreso de Sinaloa, secretario particular en la SEPyC y coordinador de proyectos estratégicos en su ciudad natal.
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