Por Chente Riva
Culiacán amanece con el ruido de las escuelas y el cansancio viejo del magisterio: salones llenos, papeleo infinito, salarios que no alcanzan, y una sensación que se repite en las pláticas de pasillo: “el sindicato ya no nos mira”. En ese ambiente arrancó —con el ciclo escolar 2025–2026— la pelea por la dirigencia de la Sección 27 del SNTE. Y aquí conviene decirlo sin rodeos, para que no nos vendan humo:
solo hay dos proyectos en disputa: el continuismo o el cambio.
Todo lo demás —los apodos, las fotos, los “destapes” a medias, la espuma de redes— sirve para una cosa: distraer, confundir y, sobre todo, dividir.
La Sección 27 no es poca cosa. Se habla de 49 mil agremiados: maestras y maestros frente a grupo, personal de apoyo, gente jubilada que se ganó cada peso. Es, en los hechos, una de las fuerzas laborales más grandes del estado. Y cuando un sindicato así se mueve, tiembla más de un escritorio.
El reloj estatutario y el silencio que huele a control
La historia reciente tiene fecha. Genaro Torrecillas López llegó a la Secretaría General en la elección interna de 2021. Ese dato importa porque dejó una marca: la base inconforme ya era grande, aun con un proceso conducido por la estructura nacional.
Su periodo estatutario cerraba en noviembre y, sin embargo, el magisterio sinaloense ha vivido una especie de “tiempo suspendido”: versiones, cálculos, especulaciones. Lo cierto es que cuando el sindicato se tarda, casi siempre es por lo mismo: arriba están acomodando la mesa.
Y esa mesa, lo sabemos, casi nunca se pone para las bases.
La maquinaria de arriba: “no hay oficial, pero sí hay línea”
En esta contienda muchos se presentan como “independientes”. La palabra se ha puesto de moda porque “candidato oficial” ya no se dice como antes: quema. Pero la línea existe, solo aprendió a hablar bajito.
Del lado del continuismo, el guion es conocido:
- aparecen varios aspirantes,
- se reparten saludos y reuniones,
- se agita el agua para que parezca “democracia”,
- y al final, el aparato empuja al que conviene.
En el mapa que tú planteas, aparecen como figuras del bloque oficialista —o por lo menos como nombres que se mueven en esa cancha— Everardo Meléndrez Hernández, Segismundo Mendívil Chaparro y Héctor Jesús Urías “El Chetos”. Y la frase que corre en el gremio es brutalmente simple: “Genaro Torrecillas les dijo que se movieran”.
Aquí está una clave política que las bases deben mirar con lupa: “a la dirigencia le conviene que haya muchos candidatos”.
Porque muchos nombres del mismo lado revuelven el voto, fragmentan simpatías, crean pleitos pequeños —de grupo, de región, de nivel— y al final dejan a la base en una pelea horizontal: maestros contra maestros, mientras el aparato se queda con el control vertical: dirigencia sobre todos.
Cuando hay diez voces compitiendo por la inconformidad, la inconformidad se vuelve ruido. Cuando hay una sola ruta, se vuelve fuerza.
El mando real: Cepeda, el centro y el sindicato como pieza política
El continuismo de la Sección 27 no se entiende solo con nombres locales. Arriba hay un eje: Alfonso Cepeda Salas, dirigente nacional del SNTE y senador. En el SNTE, el centro opera como aduana: autoriza, define reglas, valida.
Dicho en lenguaje de escuela: si el árbitro, la cancha y el silbato están en la misma bolsa, la democracia se vuelve una promesa escrita en el pizarrón.
Por eso en las bases se escucha una sospecha que no es paranoia sino memoria sindical: que el relevo seccional se decide menos en Sinaloa y más en el cálculo político nacional. Y en ese cálculo, la Sección 27 vale por su tamaño y por su capacidad de movilización.
La lección de 2021 que el poder quiere que se olvide
Aquí entra el dato que debería estar pegado en la puerta de cada delegación, porque es la prueba numérica de lo que hoy se repite como intuición.
En 2021, Genaro Torrecillas ganó con 14,417 votos. Pero la inconformidad, sumada, era mayor:
- Carlos Rea Camacho: 7,170 votos
- Jaime Valdez: 5,116 votos
- Sergio Campas: 3,534 votos
Sumados: 15,820 votos.
Es decir: si Rea Camacho, Jaime Valdez y Campas hubieran ido unidos, le hubieran ganado a la dirigencia.
Ese dato no es un “hubiera” romántico. Es una advertencia para el presente: la división es el alimento del continuismo. Y la unidad —cuando es real, cuando es de ruta y de acuerdos— es lo único que cambia el marcador.
El otro proyecto: el cambio que nace desde abajo (y con nombres propios)
Del lado del cambio, no hablamos de un “perfil” bonito para la foto. Hablamos de una idea sencilla: recuperar el sindicato para que vuelva a ser herramienta de defensa laboral, no oficina de trámites ni escalera política.
Aquí aparece lo que incomoda al aparato: las bases organizadas.
En ese terreno están:
- María Trinidad Nieto, de GEMA, con discurso de renovación desde las aulas y un empuje que ha prendido en sectores que ya no quieren “más de lo mismo”.
- El profe Rea Camacho y el Movimiento Magisterial de Base, con un antecedente clave: ya demostraron que hay un magisterio que puede competir y que no está dispuesto a agachar la cabeza.
- Juan Antonio Zavala Parra, de Impulso 27, con trayectoria sindical y presencia organizativa.
Y aquí hay una verdad dura: el cambio no se decreta con un nombre. Se construye con organización. Si las bases se dispersan en proyectos que no se hablan, la estructura de arriba gana sin sudar. Si las bases entienden que el momento es histórico y caminan en una sola dirección, el aparato se ve obligado —por primera vez en mucho tiempo— a mirar al piso, no solo al techo.
Por eso el dato de 2021 cae como martillo: sí se puede ganar, pero solo si se evita el error de ir cada quien por su lado.
La elección como espejo: lo que está en juego de verdad
Esta contienda no se reduce a “quién queda”. Se trata de preguntas que en cualquier escuela se sienten como un golpe diario:
- ¿Quién defiende al maestro cuando faltan pagos, horas, nombramientos, cambios arbitrarios?
- ¿Quién le pone freno al abuso administrativo cuando el docente está solo?
- ¿Quién pelea prestaciones, condiciones de trabajo, seguridad social, carrera, y no solo la foto del evento?
- ¿Quién convierte al sindicato en casa común y no en club privado?
Por eso la frase central debe quedar clara, para que nadie la esconda bajo propaganda: cambio o continuismo.
La jugada del poder: dividir para heredar
La estrategia es vieja: llenar la boleta de aspirantes, simular competencia, y convertir la elección en un laberinto donde el voto de la base se pierda por cansancio, por confusión o por pleitos internos.
Y mientras tanto, la dirigencia corre en modo “último mes”: gira, saludo, promesa tardía, fotografía. Es el recurso del que no quiso escuchar cuatro años y de pronto “descubre” a la base cuando siente el fin del cargo.
Eso también es continuismo: llegar tarde a la gente, pero a tiempo al puesto.
Lo que viene: noviembre como prueba (y la base como protagonista)
Si esta elección ocurre en el calendario señalado, el magisterio sinaloense tiene enfrente una oportunidad rara: doblarle la mano al aparato con el arma más simple de todas: el voto organizado y defendido.
Pero si el cambio se reparte en tres, cuatro o cinco candidaturas que no se coordinan, el continuismo vuelve a pasar —como siempre— por el hueco que deja la división.
Y aquí es donde la historia reciente enseña, con números:
En 2021 el oficialismo ganó con 14,417,
pero la suma de los otros fue 15,820.
La base ya demostró que tiene con qué. Lo que falta no es fuerza: es unidad de proyecto.
Una última imagen, desde abajo
En la escuela real —la de grupos grandes y calor de mediodía— el maestro sabe cuándo un alumno intenta marearlo: cuando da muchas vueltas para no contestar lo esencial.
A la Sección 27 hoy le pasa lo mismo.
No es una elección de personas: es una elección de rumbo.
Continuismo o cambio.
Y esta vez, con 49 mil agremiados, la base no está obligada a pedir permiso para hacerse escuchar.








