Elizabeth Montoya: “Fue un ataque directo, pero sigo aquí y voy a regresar”

Elizabeth Montoya

Por Jonatan Azbat Carrillo

Con voz serena, firme y profundamente humana, la diputada Elizabeth Montoya rompió el silencio en una entrevista transmitida por Grupo Fórmula, tres semanas después del atentado que marcó su vida para siempre.

El miércoles 28 de enero, en Culiacán, al terminar una sesión del Congreso del Estado de Sinaloa, Montoya y su compañero de bancada de Movimiento Ciudadano Sergio Torres fueron atacados a balazos. Él continúa hospitalizado; ella sobrevivió tras perder un ojo y someterse a cirugías reconstructivas en el rostro.

“Fue un ataque directo”, dijo con claridad. No una confusión. No un daño colateral. Directo.

Y, sin embargo, su mensaje no estuvo cargado de odio, sino de gratitud.

“Estoy con vida, y eso es lo importante”, expresó. Habló de fe. De milagro. De seguir adelante.

Sin amenazas, sin enemigos

Durante la conversación, Montoya fue enfática: nunca recibió amenazas. Nunca tuvo un conflicto más allá de las diferencias propias del debate parlamentario.

“Somos una oposición responsable”, afirmó.
Una oposición que —dijo— reconoce lo que se hace bien y señala lo que considera incorrecto, pero siempre desde el respeto.

No le hace sentido la versión de que el ataque haya sido consecuencia de disputas ajenas en las que supuestamente quedaron en medio. Insistió: no tenían problemas con nadie.

Su trayectoria pública ha estado marcada por el trabajo social. Fue directora del DIF en Culiacán y preside la Comisión de Atención a la Familia, Niñas, Niños y Adolescentes en el Congreso. Su causa, repitió, sigue siendo la misma: la niñez, las familias, los adultos mayores.

La serenidad después de las balas

Lo que más sorprendió en la entrevista no fue la crudeza del relato —la sangre, la confusión, el traslado a la Cruz Roja, la cirugía— sino la serenidad con la que lo narró.

Habló consciente de que perdió un ojo. Habló consciente de que su rostro fue intervenido quirúrgicamente. Habló consciente de que su vida cambió para siempre.

Y aun así, eligió hablar de futuro.

“Hay mucho por hacer”, dijo.

Iniciativas en salud mental para que cada escuela tenga un psicólogo. Propuestas para mejorar la atención a niñas y niños con autismo. Reformas en materia epidemiológica. Gestión para adultos mayores.

No habló desde la victimización. Habló desde la vocación.

Regresar

Elizabeth Montoya quiere volver. Ama su trabajo. Quiere regresar al Congreso una vez que concluya una nueva cirugía pendiente.

Sabe que su voz ahora tendrá otro peso. Sabe que su testimonio se convierte en símbolo. Sabe que sobrevivir a un atentado la coloca en un lugar distinto.

Pero no quiere que la violencia sea el centro de su historia.

Quiere que lo sea la reconstrucción.

En un estado herido por la violencia, su mensaje fue una invitación a no rendirse. A no dejar que el miedo gobierne la vida pública. A insistir en la paz.

Porque, como dijo al aire nacional:

“Somos más los que queremos tranquilidad, desarrollo y un mejor país.”

Y desde esa convicción —herida, pero de pie— Elizabeth Montoya anunció que volverá al espacio político.

No desde el rencor.
Desde el amor por servir.

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