Fragmentos de un Estado en crisis

Por Cruz Antonio González Astorga

A mi avanzada edad, no pierdo la costumbre de acumular periódicos, revistas, artículos y libros para su posterior lectura. El momento llega cuando no hay domingo futbolero o de plano los partidos son aburridos, o la población se va a la playa a desintoxicarse de la tensión de una guerra al interior por el control del mercado de económico, e intoxicarse de bebidas embriagantes cuando calienta el sol.

Llega pues, y no queda más que bajar del estante roído por el tiempo ese cerro desordenado (para los visitantes), pero ordenado (para mí) que permite distinguir cuáles son las revistas, periódicos y libros pendientes; extraigo del orden o desorden las tres últimas ediciones de Río Doce.

Leo encabezados e intento relacionar los temas entre los ejemplares, lo primero que me viene a la mente es si todavía le gente lee este semanario porque cada semana la misma cantidad dejada en el Oxxo es la misma que recoge el trabajador. Pero no es el punto principal si venden o no, se sabe que cada vez se lee menos en papel impreso, y más en los grupos de chismes de las redes sociales.

En la lectura de los semanarios se percibe una crisis de la sociedad sinaloense que el gobierno del Estado intenta (inútilmente) maquillar con obras de infraestructuras, posando por los mercados o invitando a los turistas visitar el pacífico (¡cómo no!) Sinaloa.

El espejismo del tumulto en las layas de Mazatlán o Nuevo Altata no deja de ser un espejismo, fuera de esas imágenes reina la desolación, el miedo y… el terror, lo que denota una crisis más allá de los social, digamos incluso más allá del diagnóstico regional, es una crisis de Estado.

Ya entrado en esta dinámica de la lectura, como ritual de mis años juveniles, acerco el cenicero, aunque recuerdo que ya no fumo, el café no se ha podido preparar porque se acabó el gas y es domingo santo, y más vale no maldecir a nadie ni a nada, no vaya a ser. Despejo la mente, dejo de lado las extraordinarias jugadas de Lamine Yamal que no terminaron en gol en la portería del Atlético de Madrid, y el gol inesperado, de rebote de Robert Lewandowski que coronó el 2 a 1 a favor del Barcelona, y cada vez más cercano al título de La Liga.

Me olvido del fútbol y entro de lleno a las notas semanales destacadas en Sinaloa; primeramente, destacar la columna crítica de Omar Garfias del 22 de marzo bajo el título “¿Cómo nos gobiernan?”, inicia con una estadística preocupante que habla del miedo que existe en la sociedad y de la impunidad que reino en las instituciones de justicia: “El 96.31% de los delitos en Sinaloa durante el 2024, no fueron denunciados”.

En la edición del 29 de marzo Garfias expone el incumplimiento por parte del gobernador en la renovación de la Coordinación General del Consejo Estatal de Seguridad Pública (CGCESP), señalando la ausencia de una evaluación de control de confianza ni de profesionalización de las instituciones de seguridad pública y policía de investigación que cumpla con el perfil, conocimiento, habilidades y actitudes para el cumplimiento de las funciones.

Y, en la semana del 5 de abril, el mismo autor, publica que “el fracaso del gobierno no es sólo un problema de violencia: es la pérdida del control territorial, el crimen organizado gobierna donde el estado dejó de hacerlo”. Duras palabras para un gobierno como el de Sinaloa, que sigue sin reconocer la crisis institucional de su gestión sexenal.

En otro párrafo Omar Garfias expone: “El gobierno dejó su lugar a otro poder, por complicidad y/o por ineptitud”.

La crisis del Estado señalada por Garfias es acentuada por el análisis de Cristina Ibarra el 29 de marzo cuando dice: “La realidad de Sinaloa es que la violencia no ha frenado: siguen los robos de autos, asesinatos y secuestros, causando cierre de negocios y reducción de la confianza para invertir y trabajar normalmente… el Estado no ha sido capaz de asegurar la paz y, por ende, la vida económica normal”.

Un elemento que refleja la crisis social son los salarios, a pesar de los aumentos, no alcanzan porque los productos siguen subiendo de precios cada trimestre. En contraste, los salarios de los legisladores están muy por encima del grueso de la población sinaloense, la Redacción del semanario publica en 29 de marzo que cada uno de los diputados recibe un ingreso neto de 103.899.20 pesos mensuales.

En el caso de la Diputada Tere Guerra, líder de la bancada de Morena como Presidenta de la Junta de Coordinación Política recibe un bono de 20 mil pesos, otros 10 mil sólo por ser parte de la JUCOPO, y 20 mil como parte del fondo de gestión comprobable, para un total de 153 mil 899 pesos mensuales. Muy por encima del ingreso de la presidenta Claudia Sheinbaum que recibe 134 mil pesos mensuales.

En total, dice la redacción, “los legisladores de Sinaloa ocasionan un gasto de 15.2 millones de pesos cada uno”.

Mientras la sociedad padece la crisis de la inseguridad y la inestabilidad económica, los legisladores se sirven con la cuchara grande, dejando de lado la austeridad republicana como principio de la transformación. Hay un distanciamiento (como en el pasado) entre las necesidades de la población y el ejercicio de los legisladores al servicio de la sociedad que dicen representar.

En la edición del 29 de marzo Alejandro Mojardín, después de una investigación sobre los contratos del DIF estatal, descubre el otorgamiento de contratos con valor de 356 mil millones de pesos a una empresa de reciente creación.

“El 10 de marzo decidieron dar el contrato a Getrevanoa por ofertar el precio más bajo, cuando apenas tenía ocho meses de creada y dos empleados registrados en el IMSS”.

Pero es el mismo gobernador Rubén Rocha Moya quien defiende las compras del DIF, argumentando “tengo la plena seguridad que existe y que está todo bien… no tengo la menor duda” (Rio Doce. 5 de abril de 2026)

Para Iniciativa Sinaloa “la contratación es insostenible y tiene todos los elementos de una simulación”. El artículo redactado por Alejandro Mojardín expone tajante: la empresa Mercadeo Getrevanoa “en su currículum presentó fotos falsas de sus bodegas, no acreditó tener experiencia y las instalaciones no fueron localizadas en la dirección que dicen estar”.

¿Ante qué problemas estamos envueltos en Sinaloa?, dejemos de lado los ocasionados por la guerra de los ahora llamados generadores de violencia, situémonos en el Estado, legisladores que ganan en un mes aproximadamente lo que gana en un año un maestro de reciente ingreso, así la disparidad entre quienes gobiernan y los gobernados, mientras la sociedad padece un crisis profunda, los políticos operan para chupar la mayor cantidad de recursos del Estado, y, a su vez, se hacen concesiones a empresas “simuladoras” que el gobierno del estado de Sinaloa respalda.

Lo anterior deja entrever que administrar un estado resulta un negocio redondo, entonces, lo que está en juego en las siguientes elecciones, no es la disputa entre los partidos por ejecutar un proyecto económico y social para Sinaloa, sino el negocio de administrar los recursos del Estado y otorgar concesiones a empresas amigas o familiares, controlar aquello que en el Estado aún no es controlado como el resto del territorio, motivos por los cuales articulistas de Río Doce denominan Estado ausente, o al decir de Omar Garfias, Estado que dejó su lugar, ¿por complicidad o ineptitud? 

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