Por Cruz Gonzaléz Astorga
“Era verdad que llovía
proletarios y colchones,
“sanchos”, rameras y artistas,
burócratas por montones,
gandayas y atracadores
jugando a pares y nones. No, no estoy loco señor
se lo puedo demostrar,
yo soy fulano de tal y vivo en aquel lugar” Rodrigo González
Toc toc toc… ¿Quién es? -¡Soy yo abuelita!, ¡Caperucita! Con la astucia que corresponde a un devorador, y la inocencia humana de no percibir el miedo y el horror en las voces externas que suenan con estridencia y resuenan como ruinas de una sociedad consumida así mismo por el mito creado y administrado desde el exterior de construir en Sinaloa una gran industria de producción y consumo relacionados con el narcotráfico y la violencia.
No es una copia fiel del cuento de Charles Perrault, pero su idea sirve de símil para tratar de entender con imágenes los sucesos caóticos de Sinaloa, y si alzamos un poco más la mirada en el país y el mundo.
Destacamos la palabra “devorador” como la que engloba la historia presente. Una clase gobernante que perjuró atacar la corrupción y desde el Tercer Piso se tejió una red de familiares y amigos que se beneficiaron de los programas económicos del Estado.
Se puede decir que la envestidura de Rocha Mocha representa la rapiña (nada nuevo) de una clase política que fue cambiando de ropaje con el paso de los años; de la izquierda edulcorada de mansiones, coñac y paseos por el mundo; sí, la misma que impulsó con consigna radicales la autonomía universitaria (UAS) en los años setenta y ochenta, a ser asesor de los gobernadores priistas; de aferrarse a llegar a la gubernatura (a cualquier precio) a construir un monopolio donde todo lo decidía desde su oficina, sea para orquestar destituciones de presidentes municipales “incómodos” (Los Mochis, Culiacán y Mazatlán) e imponer a sus ahijados, como él fue impuesto con el cobijo de AMLO.
Que política y narcotráfico van de la mano en Sinaloa no es nuevo, que se publican investigaciones y la sociedad marche para pedir la destitución de tal o cual funcionario, tampoco es desconocido, el tema sigue siendo el cálculo político que se hace e hizo en su momento, si se destituye a Rocha Moya, y lo que desencadenaría ese precedente, obligando a actuar sobre otros gobernadores con señalamientos de mantener vínculos con los grupos delictivos.
Mientras la presidenta sostenga el discurso de la inocencia de Rocha, la supuesta guerra sucia contra su persona, la persecución mediática de la prensa tradicional, las “tramoyas” de la derecha y otros argumentos por el estilo, denotan una complicidad del Estado mexicano con el caso Rocha Moya, que incluye a AMLO.
Hay una paradoja en el proyecto político de Morena; si la economía mexicana se rige desde afuera, a pesar de los nacionalismos vertidos desde el estrado; ¿por qué se defiende a criminales políticos con todos los recursos del Estado, y se criminaliza a los defensores del medio ambiente, de la identidad cultural y diversidad sexual, de las formas organizativas autónomas?
Samir Flores no tenía vínculos con el narco, su vida, entregada a la lucha de los originarios contra la Termoeléctrica de Morelos y las comunicaciones. Su muerte sólo tiene explicación en el contexto de complicidad entre gobernantes y grupos de la delincuencia organizada.
En la falsa consulta de la 4T (iniciada con Obrador y continuad con Claudia) en la bahía de Ohuira para que la empresa GPO pueda construir una planta de amoniaco, teniendo como consecuencia la contaminación de ecosistemas; la muerte ecológica.
En ambos casos, por citarlos como ejemplo de hacia dónde camina el proyecto de Morena, se criminaliza a la población que se organiza y defiende su territorio. La imposición de Rocha como gobernador, versión ofrecida por él mismo, es la esencia de un proyecto político que pretende establecerse más allá de la administración de Claudia Sheinbaum.
Durante su gestión hubo malestares que fueron ignoradas, como el negocio en que convirtieron el programa educativo USICAMM Sinaloa, el control de los espacios educativos renovando votos de confianza con el charrismo sindical de las secciones 27 y 53.
En su gobierno se persiguió a dirigentes y movimientos que no se doblaron a su designio de “gobierno de izquierda”. No pocos movimientos magisteriales, campesinos y obreros se dejaron llevar por el canto de sirenas, actuando como matraqueros del gobernador en cada gira por los municipios.
De un año a la fecha se le vinculó al asesinato de Cuén Ojeda, la prensa guardó silencio, se cerraron las investigaciones, y FGR, pese a dar a conocer que la versión de la gasolinera fue un montaje, no se procedió a profundizar en el tema.
Ante lo dicho podemos plantear una serie de preguntas, no para que ayuden a resolver el problema, sino para observar los intereses políticos en juego al desvincular a Rocha Moya de los hechos acontecidos y, desde entonces, ha colapsado terriblemente a Sinaloa, sin asignar ninguna responsabilidad al gobernador. Iniciamos:
Si la Fiscalía General del Estado de Sinaloa sabía que Cuén Ojeda no falleció en la gasolinera y que el video fue un montaje, ¿existe la probabilidad de que Rocha Moya desconociera la trama o estuvo de acuerdo en su edición? Nadie en su sano juicio pensaría que Rocha, lejos de Sinaloa como se dijo, y en un avión prestado (¿o rentado?) de uno de los hijos del poderoso empresario de carne Jesús Viscarra, no tuviera información.
Ahí tenemos la primera inconsistencia; la segunda la constituye la serie de señalamientos de Ismael “Mayo” Zambada de la cita donde, supuestamente estaría el gobernador y hoy occiso Cuén Ojeda y, a la que no asistió Rocha Moya.
¿Fue invitado o no?, ¿por qué precisamente ese día, a esa hora, tuvo Rocha Moya salida fuera de Sinaloa? ¿Para borrar las pistas que lo vincularan?, ¿rompimiento con los mediadores con su eterno conflicto con Cuén?, ¿a quién le beneficiaba el sacar de la jugada al siempre incómodo Cuén Ojeda?, ¿por qué la cúpula de la UAS y el PAS, cuestionaban al gobierno de Rocha (esos programas de Víctor Hugo eran la cantaleta de todos los días defendiendo la “autonomía” de la Universidad controlada por Cuén) y después respaldaban al otrora nefasto gobernador de Sinaloa e inquisidor de los intereses políticos universitarios.
Después del secuestro de Zambada se desató la guerra, ¿o cómo llamarle al proceso de destrucción social con sus miles de desaparecidos y muertos?, ¿daños colaterales como Calderón? No, Rocha optó por algo peor, ignorarlos; los muertos que no son muertos porque no se cuenta con los cuerpos.
De entonces a la fecha la economía se fue al traste, cientos de empresas quebradas en Culiacán y miles de desempleados. La guerra deja al descubierto otra cosa, la economía en Sinaloa depende directamente del narco. Si es así, ¿qué empleos produce el Estado?, bueno, tal vez seguridad para esas empresas que proporcionan empleos que como órgano institucional no puede o no quiere.
Sobre el camino se observa no sólo una crisis de una sociedad en conflicto, sino la dependencia de un estado de las operaciones económicos de estos grupos en pugna. Es cierto, a Rocha lo impuso Obrador en la contienda interna, pero en el proceso electoral quien operó fue la delincuencia organizada.
¿Se puede abstraer de toda responsabilidad a Rocha Moya de estos procesos que contravienen la vida democrática? Bueno, el Estado mexicano lo ha logrado en voz de su policía consentido Harfuch, socialmente existe la idea que fue un crimen de Estado, como muchos otros silenciados por la maquinaria de la prensa servicial, la clase política y la casta de intelectuales que legitiman con sus entelequias la realidad.
Lo cierto hay un caos, y ese caos tiene varias percepciones de posibles soluciones; la primera, aplaudida por los conservadores, clamando a bocajarro la intervención del gobierno norteamericano y los escrúpulos sin ética de Trump sobre territorio mexicano por encima de acuerdos, tratados y leyes.
Este escenario es posible, y toma cada vez más revuelo con la extensión de la lista de gobernantes y funcionarios con vínculos con los generadores de violencia; la justicia impuesta desde fuera. Ante esta tentativa se levantan las banderas del nacionalismo (que sólo sirve para los gobernantes) de impedir la invasión o injerencia de la potencia del norte sobre el suelo mexicano.
La segunda opción es cerrar filas como se ha hecho desde que Rocha Moya las papas se le han calentado de más. El gobierno federal ha salido a respaldarlo en todo momento, incluso cuando la ciudadanía salió a las calles para su destitución por inoperante ante las olas de violencias.
Entonces como ahora la consigna fue defender a Rocha, porque Rocha es parte fundamental del proyecto de la 4T, las palabras son textuales de los funcionarios oficiales, “defender a Rocha es defender el proyecto político de Morena”, sólo les faltó decir que defender a Rocha era defender a la patria, aunque hay quienes así lo piensan.
Esta segunda posibilidad abre un abanico de posibilidades, de todas la que más destaca es la continuidad de un régimen que apunta a convertirse en la tercera versión del Porfiriato; partido-Estado, concentración del poder, centralismo, entrega de las riquezas a casta de empresarios, simulación de justicia, corrupción y un sinfín de enfermedades terminales que, a diferencia del cuerpo humano, se regenera para seguir como sistema-mundo imponiendo su lógica de conquista y dominación territorial al servicio de los capitales extranjeros.
¿Qué hay detrás de los señalamientos hacia Rocha Moya y la defensa férrea de la 4T? Un reacomodo en el régimen económico y político. No es que Trump o quien lo suceda pretenda hacer limpia de los generadores de violencia y los funcionarios (y funcionarias) relacionados en la producción de estupefacientes y lavado de dinero.
El reacomodo parte de la imposición de las reglas del juego de Estados Unidos hacia México, como en el caso de Venezuela, el problema no era Maduro ni el tipo de gobierno establecido; el problema es ponerle trabas al acceso de los recursos al imperio del norte. Si Maduro con su régimen comunista, como suelen llamarlo quienes no conocen un ápice del comunismo, con todo y su lapidaria discursiva hubiese facilitado los recursos requeridos, jamás hubiese sido secuestrado.
En la ausencia de Maduro, la presidenta Delcy Rodríguez ha hecho acuerdos y pactos favorables para el siempre voraz “imperio yanque”. Algo parecido sucede en México, el problema no es el narco, sino la administración de los recursos que deja el narco; hay mucho dinero disperso entre los chicos malos de Sinaloa, ese dinero habría que cuidarse, pero por los chicos buenos asignados por Trump.
Además del dinero derramado en muchas manos, la violencia también es un negocio, y permite entre otras cosas, ser la punta de lanza para desmantelar comunidades y robar territorios. En conclusión, de la segunda variante, el narcotráfico no es una anomalía de la sociedad moderna o del Progreso, es un brazo más, posee las características del sistema-mundo de la sociedad capitalista donde la ganancia (sin importar las leyes y la moral establecidas) es la base fundamental.
Las airadas narrativas de los políticos enclaustrados en el poder, a la víspera resultan inútil, el pueblo bueno y sano no se va a sacrificar por la integridad de Rocha Moya.
La población ha sido golpeada en su base fundamental: las y los jóvenes. Si un sector social ha pagado las consecuencias de esta guerra entre los grupos delictivos y la complicidad de los tres niveles de gobierno, es precisamente la juventud.
La mayoría de las y los desaparecidos y asesinados han sido jóvenes. Quiere decir que el proyecto de Morena no tiene interés en los jóvenes, salvo cuando se acercan las elecciones y el Mundial de fútbol.
¿En qué terminará esta tragicomedia, muy a la mexicana por cierto? En un reacomodo, Rocha es una pieza más, sustituible, rentable, y negociable.
Para quienes resisten la idea de los vínculos entre el poder oficial y el poder no oficial (gobierno y narco), cuando se realiza una investigación científica se toman muestras del objeto de estudio en pequeñas proporciones, el contenido de esas muestras ayuda en buena medida a explicar el todo, es decir, lo pequeño aporta elementos para comprender el fenómeno que se intenta conocer; de la misma manera, aplicado a la sociedad, si los regidores y presidentes municipales, así como diputadas y diputados, en el caso de Sinaloa, están al servicio del narco, o fueron propuestos por ellos, ya cada quien sacará sus conclusiones de esta metodología, o en todo caso que apele a la experiencia de vivir en Sinaloa, es posible que esas muestras territoriales como las sindicaturas y municipios sean similares si se amplia a una gubernatura o ejecutivo federal.
El tiempo dirá hacia dónde se acomoda la realidad, mientras tanto a seguir observando y sacando conclusiones que ayuden a tomar las mejores decisiones como sociedad en aras de una mejor vida.








