La presidenta de la Jucopo señala que el debate debe resolverse con base en estudios especializados y buscando un equilibrio entre desarrollo y conservación ambiental
Ante las recientes manifestaciones en contra de la planta de amoníaco proyectada en la Bahía de Ohuira, la presidenta de la Junta de Coordinación Política del Congreso del Estado, Teresa Guerra Ochoa, reconoció la validez de las preocupaciones expresadas por grupos ambientalistas y comunidades de la región, aunque consideró que la discusión debe resolverse con base en evaluaciones técnicas.
Cuestionada sobre las protestas que se han intensificado en Ahome y Los Mochis, la legisladora señaló que se trata de un tema complejo que enfrenta dos intereses legítimos: la necesidad de impulsar el desarrollo económico y la obligación de proteger los ecosistemas.
“Hay una línea muy delgada entre lo que es todo un desarrollo industrial y las afectaciones que pueden generarse a reservas naturales o ecosistemas. Entiendo que existen diferentes puntos de vista y creo que ambas partes tienen razones que deben ser tomadas en cuenta”, expresó.
La diputada indicó que el debate sobre la planta de amoníaco ha cobrado relevancia nacional y recordó que incluso fue abordado recientemente durante la conferencia matutina de la presidenta de México.
Llama a esperar los dictámenes técnicos sobre el proyecto de la planta de amoníaco
Aunque reconoció las preocupaciones ambientales que han sido planteadas por organizaciones ciudadanas, pescadores y especialistas, Guerra Ochoa evitó adelantar una postura definitiva sobre el proyecto y consideró que será necesario esperar los estudios y evaluaciones correspondientes.
“Yo creo que esto queda mucho a una evaluación técnica. Ambas partes tienen razón. No deja de ser real que el desarrollo industrial puede traer beneficios económicos, pero también es verdad que puede generar afectaciones a los ecosistemas”, señaló.
La legisladora sostuvo que cualquier decisión debe sustentarse en información especializada y en criterios que permitan valorar tanto los beneficios como los posibles impactos ambientales.
“Hay que esperar los dictámenes técnicos y esperar que se tome la decisión que más convenga a la comunidad y al país”, agregó.
El desafío es encontrar un equilibrio
Durante su respuesta, Guerra Ochoa reflexionó sobre los efectos que históricamente han tenido las actividades humanas sobre el medio ambiente, señalando que el crecimiento poblacional, el turismo y el desarrollo industrial suelen generar transformaciones en los ecosistemas.
“Cuando el ser humano llega a muchos lugares termina afectando ecosistemas. El desarrollo turístico afecta ecosistemas, el crecimiento poblacional afecta ecosistemas y también lo hace el desarrollo industrial”, afirmó.
Sin embargo, también advirtió que las sociedades demandan cada vez más infraestructura, servicios y oportunidades económicas, por lo que consideró necesario encontrar puntos de equilibrio entre ambas necesidades.
“El reto es cómo mantener un equilibrio y cómo tomar decisiones que beneficien a las mayorías, sin dejar de escuchar las preocupaciones legítimas que existen sobre el cuidado del medio ambiente”, comentó.
Congreso atento al desarrollo del debate
La presidenta de la Jucopo señaló que desde el Congreso del Estado se mantienen atentos a las distintas opiniones que han surgido en torno al proyecto y reiteró su respeto por los movimientos ambientalistas que han impulsado la defensa de la Bahía de Ohuira.
Asimismo, se declaró partidaria del cuidado ambiental y de la concientización sobre la protección de los recursos naturales, aunque insistió en que la discusión sobre la planta de amoníaco debe resolverse con base en evidencia técnica y en una evaluación integral de sus posibles impactos.
Las declaraciones de la legisladora ocurren mientras continúan las movilizaciones y posicionamientos ciudadanos respecto a la instalación de la planta de amoníaco en la Bahía de Ohuira, un proyecto que durante años ha generado división entre quienes destacan sus posibles beneficios económicos y quienes advierten riesgos para uno de los ecosistemas costeros más importantes del norte de Sinaloa.
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