Por: Edgar Adair Espinoza Robles
La reacción contra Olinia ha retratado con precisión a una parte de la comentocracia mexicana que no es otra cosa que mediocre, mezquina y frustrada hasta las cachas.
Todavía no nace el proyecto y ya quieren enterrarlo. Todavía no rueda el primer vehículo y ya decretaron el fracaso. No analizan, no cuestionan técnicamente, no proponen mejoras; simplemente se burlan. Porque hay sectores incapaces de soportar que México aspire a algo distinto a la eterna dependencia.
Lo más irónico es quiénes encabezan muchas de esas críticas. Son herederos políticos e intelectuales de décadas donde el país perdió industrias estratégicas, abandonó el desarrollo tecnológico y se resignó a ser maquila barata. Generaciones completas que no construyeron soberanía energética, ni tecnológica, ni industrial. Los mismos que no hicieron ni un patín hoy quieren ridiculizar cualquier intento de innovación nacional.
Y claro que Olinia puede enfrentar dificultades. Todo gran proyecto las enfrenta. Lo que resulta enfermizo es ese placer automático por apostar al fracaso propio. Esa mentalidad colonial donde si algo viene del extranjero merece aplausos y si nace en México merece sospecha, burla y linchamiento anticipado. Ahí la mediocridad mental de quienes creen que aspirar ya es un exceso.
La oposición traidora a la Patria que llevan años instaladas en la comodidad del cinismo. Nunca construyeron nada, nunca arriesgaron nada, nunca imaginaron nada grande para el país. Se acostumbraron tanto al fracaso administrado que cualquier intento de transformación les parece ridículo. Confunden inteligencia con amargura y análisis con sarcasmo.
La mezquindad también tiene mucho de resentimiento. Les irrita que exista un gobierno que al menos plantee discutir soberanía tecnológica, movilidad eléctrica y capacidad industrial mexicana. ¡¡Preferían el viejo modelo donde México únicamente compraba, obedecía y dependía, es más piden a gritos que nos invadan los gringos!!
Y sí, también hay frustración porque solo saben reaccionar desde la burla estéril. Desde esa comodidad de redes sociales donde destruir siempre parece más fácil que construir. Pero ningún país avanzó escuchando a quienes se dedicaban exclusivamente a decir “no se puede”. El desarrollo siempre incomoda a los resignados.
Al final, Olinia quizá triunfe o quizá tenga tropiezos. Y si la derecha quiere ver fracasar cualquier intento nacional antes siquiera de darle oportunidad de existir. Desde aquí le deseo lo mejor a este proyecto y a todos los que quieran darnos soberanía y ayudar a un México mejor.
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