Por Cruz Gonzaléz Astorga
El mundial de fútbol ha concluido, España se coronó campeona del mundo de manera inobjetable, desarmando a la selección de Argentina que no supo ni pudo descifrar el estilo de juego de los europeos.
Los países anfitriones fueron buenos animadores mientras se medían contra rivales de bajo nivel; Alemania decepciona de nuevo, Brasil cambia su idiosincrasia futbolística; Uruguay en una crisis de identidad entre la garra y el ataque como propuesta; Portugal sólo genera buenas sensaciones; Marruecos maravilló con sus versatilidad y alegría de juego; Noruego en poco tiempo dio saltos agigantados; los países africanos han avanzado en técnica y diseño táctico; y México jugó su mejor mundial en estadísticas, un primer tiempo impecable contra Ecuador (lo más brillante que le he visto en décadas) y un empeño combinado con entusiasmo contra Inglaterra.
La selección provocó alegrías durante su participación; durante los partidos los ánimos crecieron, contagiando a más sectores sociales, incluso personas ajenas a este deporte.
México mostró garra, técnica y por momentos buen fútbol, entonces, ¿qué le falta para dar ese gran salto que nos tiene en vilo desde hace más de 40 años? En 1991 cuando César Luis Menotti tomó las riendas de la selección llevó a cabo modificaciones en el sistema de juego, así como en los partidos amistosos, se trataba de tener roce internacional.
México vive de pasajes de buen fútbol, partidos excelsos; de nada le vale todo eso si no concluye las jugadas y se propone ganar títulos internacionales. En el partido de octavos donde la selección fue eliminada, Inglaterra salió a jugar con cautela, esperando el momento para hacer daño; los pupilos de Tuchel fueron inteligentes; los nuestros impetuosos, presionaron, tuvieron la posesión del balón, pero no supieron qué hacer con él, carecieron de variantes, y en eso nos hemos quedado en los momentos claves; la carencia de ideas dentro del terreno de juego.
Argentina eliminó a Inglaterra en una de las llaves de semifinal; en la otra, España le dio una cátedra de juego a la impetuosa e inoperante Francia. La final estaba sellada entre las dos mejores selecciones del mundial, siendo la española la que resultó ganadora al imponer su estilo de juego de mantener siempre la posesión del balón. Ganó la selección que jugó fiel a su estilo, dejando sin ninguna posibilidad de refrendar el título para la albiceleste.
El certamen mundialista ha resultado todo un negocio, el encuentro de octavos de final entre México e Inglaterra generó en taquilla alrededor de 42 millones de dólares, es decir, 750 millones de pesos mexicanos.
Eso representa México como sede; un rotundo negocio para la FIFA; en las llamadas Fan Fest alrededor de las ciudades donde se jugaron partidos mundialistas, como el caso de Guadalajara, la FIFA cercó el centro histórico, condicionándolo a su lógica mercantilista.
Si los gobiernos de derecha se caracterizaron por privatizar las empresas estatales, los de izquierda cedieron los espacios públicos a corporaciones lucrativas como la FIFA. De la falsa humildad de ceder el asiento en la inauguración del mundial en el Estadio Banorte (los bancos nos dominan) a aceptar la invitación del genocida presidente del país del norte; el poder tiene sus niveles.
Cercadas con grandes y coloridos cuadros metálicos revestidos con anuncios relacionados con la justa mundialista; el acceso estaba custodiado por las fuerzas del orden y una minuciosa revisión; el espacio contaba con varias pantallas gigantes y música en vivo antes de los partidos, las ventas al interior superaban por mucho los precios de los productos. Una Coca-Cola de 600ml que en una tienda cuesta alrededor de $25, en el Fan Fest costaba $70; los vasos de cerveza Corona que, por su contenido en los depósitos cuesta de $30 a $40, tenían un precio de $160, así como jersey de las selecciones con sus precios elevados.
El presidente de Estados Unidos, le pidió a Infantino que le quitara la tarjeta roja a uno de los jugadores de la selección de las barras y las estrellas. La FIFA intervino a favor del jugador sancionado, para que jugara contra Bélgica, dejando entrever que en este deporte la política y los intereses económicos están a la orden del día.
El desliz de la FIFA deja un precedente donde los intereses económicos y políticos influyen más que el aspecto deportivo. Lo anterior no es fortuito, si vemos los socios de la FIFA, algunos se dedican a la extracción de petróleo, otras al saqueo de agua de los pueblos, como las que respaldan la guerra para reestructurar territorios a la lógica de las marcas patrocinadoras: Adidas, Coca-Cola, Visa, Qatar Airways, Hyundai-Kia, Lenovo y Aramco. En México no hubo necesidad de tanto, bastó con cederle los centros históricos para que hicieran su agosto.
Entre los patrocinadores destacan el Bank of América, Lay´s, McDonald´s, Hisense, AB InBev, Mengniu, Dove Men+Care y Verizon.
Los promotores oficiales son The Home Depot, American Airlines, Diageo (Johnnie Walker/Smirnoff), Airbnb, Doordash y Boggi Milano.
De las mencionadas, hay empresas como Hyundai (infraestructura y demoliciones), McDonald´s y Coca-Cola (consumo y servicios) que apoyan la ofensiva militar de Israel sobre el pueblo de Palestina.
Si estudiamos a cada una de estas corporaciones, varias de ellas tienen inversiones con jugosas ganancias en nuestro país. Pero volvamos al fútbol, ¿es realmente un certamen justo?, ¿cuál es el precio del entretenimiento para la población sede? Los jugadores siguen siendo actores del escenario creado por la FIFA.
Podemos señalar el caso insólito de la selección de Irán, y la FIFA no hizo nada al respecto, se sabe que hay enfrentamientos entre Estados Unidos e Irán por rediseñar la geopolítica en el Medio Oriente; Irán jugaba en Estados Unidos, al finalizar el partido regresaba a Tijuana (México) a descansar por supuestos problemas de visado.
Mientras transcurría el mundial en nuestro país se suscitaron muchos problemas, y no sólo referente al fútbol; la efervescencia “ocultó” los reclamos de las madres buscadoras de sus seres queridos, la lucha ¡Aquí NO! contra la planta GPO en Ohuira, Ahome, las desapariciones que no cesaron, ni los feminicidios, la violencia sistemática que nos carcome día con día; en resumidas cuentas, la degradación de la sociedad mexicana.
Se acabó el mundial para México, justo cuando iniciaba la fase más importante, ¿será que el fútbol es un reflejo de lo que sucede en el país? Primero la ilusión, después la decepción. A esperar otro mundial, de nuevo la idea de llegar a otras instancias para que la realidad nos regrese a donde pertenecemos; un futbol mediocre donde el negocio está por encima del deporte, los sentimientos de los aficionados y la sumisión institucional.
Mucho hay por aprender de los procesos y filosofía de España, de los proyectos futbolísticos de largo alcance de Argentina y los talentos pulidos en Francia. Mucho hay por aprender, pero aquí aprender no importa, sino la ganancia.
Para finalizar el mundial (y el texto), en el medio tiempo se realizó un espectáculo al estilo americano, con las estrellas pop, en el centro del montaje la imagen de los continentes con palabras, como si de un grafiti se tratase, destaca LOVE; es el mensaje que se envía a quienes asistieron al encuentro entre España y Argentina, o quienes lo vimos a través de la televisión. Mientras se desarrollaba la justa mundialista y los ojos se ponían sobre las selecciones y jugadores, Irán era asediada por los misiles de Estados Unidos y Palestina mil veces destruida. Ante las cámaras AMOR, fuera de ella GUERRA: un evento rentable para los organizadores, mismos que participan en la reconfiguración del Medio Oriente con el mensaje de la libertad de occidente.








