Bogotá. El candidato del Pacto Histórico, Iván Cepeda, reconoció este miércoles el triunfo del ultraderechista Abelardo de la Espriella en la elección presidencial de Colombia, aunque dejó claro que su aceptación del resultado no borra las denuncias por injerencia extranjera, compra masiva de votos y manipulación electoral con inteligencia artificial.
“He decidido aceptar el resultado del escrutinio”, afirmó Cepeda en un comunicado leído ante medios de comunicación, donde reconoció a De la Espriella “como el nuevo presidente de los colombianos”. Sin embargo, el dirigente de izquierda subrayó que asumir el desenlace formal de la contienda no significa guardar silencio frente a las irregularidades que marcaron el proceso.
Reconoce el resultado, pero no legitima la intervención extranjera
Durante los días posteriores a la elección, Cepeda había impugnado la legalidad de 57 mil mesas de votación y denunció que el proceso estuvo atravesado por prácticas que pusieron en duda la limpieza de los comicios. No obstante, tras la revisión jurídica realizada por el equipo del Pacto Histórico, concluyó que las diferencias entre el preconteo y el escrutinio oficial eran mínimas, por lo que decidió no prolongar la disputa sobre el resultado final.
Aun así, lanzó una advertencia política de fondo: la legitimidad del próximo gobierno queda marcada por la intervención abierta de Estados Unidos en la campaña colombiana.
Cepeda denunció “la abierta e indebida injerencia extranjera, en este caso de Estados Unidos, y las descaradas intervenciones de Donald Trump en favor del candidato De la Espriella”, un señalamiento que también fue respaldado por el gobierno saliente de Gustavo Petro, que presentó una nota de protesta ante la Organización de Estados Americanos (OEA).
Compra de votos, IA y ofensiva contra la izquierda
El dirigente progresista también acusó a la campaña de De la Espriella de operar una “masiva compra de votos” y de utilizar “sofisticadas artimañas de la inteligencia artificial” para influir en el proceso electoral, hechos que —sostuvo— cuestionan abiertamente la legitimidad política del nuevo gobierno.
No es un señalamiento menor. La elección colombiana se desarrolló en un contexto de fuerte polarización, con una derecha arropada por Washington y una izquierda que intentó defender los avances sociales del gobierno de Petro en medio de una ofensiva mediática, empresarial e internacional.
Una victoria ajustada de la ultraderecha
El Consejo Nacional Electoral confirmó que Abelardo de la Espriella obtuvo 12 millones 960 mil 166 votos, mientras que Iván Cepeda alcanzó 12 millones 708 mil 312, una diferencia de apenas 251 mil 854 sufragios, una de las más cerradas en las últimas décadas en Colombia.
De la Espriella, abogado ultraderechista cercano a las posiciones de Donald Trump, asumirá la presidencia el próximo 7 de agosto, cuando concluya el mandato de Petro. Entre sus primeras definiciones políticas, el presidente electo ya anunció que la relación con Israel será “como nunca antes”, marcando distancia con la postura del actual gobierno colombiano, que rompió relaciones con Tel Aviv en rechazo al genocidio en Gaza.
La izquierda no se retira: se reorganiza
Aunque Cepeda aceptó el resultado, el mensaje del Pacto Histórico no fue de rendición, sino de repliegue con memoria política. La izquierda colombiana reconoce el desenlace institucional, pero deja asentado que el ascenso de la ultraderecha no se explica sólo por las urnas, sino también por la presión de Estados Unidos, la maquinaria clientelar y una disputa desigual en el terreno mediático y digital.
Lo que viene para Colombia no es sólo un cambio de gobierno, sino una nueva etapa de confrontación política entre un bloque ultraderechista que llega con respaldo internacional y un movimiento popular que ya anticipa resistencia frente al intento de desmontar las conquistas sociales del petrismo.








