2027 entre destapes y destapados

2027 entre destapes y destapados
Por Néstor

El color guinda sigue marcando la pauta

Sin duda, las “corcholatas” en Sinaloa empiezan su movimiento, y todas y todos voltean a ver principalmente a quienes se perfilan dentro de los colores guindas. Y no lo digo porque esté cerca la temporada de béisbol, mis estimados lectores, sino porque a pesar de todo (que no es poco), la voluntad popular sigue dándole su voto de confianza a Morena y a la Cuarta Transformación, como si el grueso del electorado entendiera la cruda realidad que cursa Sinaloa, donde más de un ciudadano o ciudadana he escuchado manifestar lo complejo que es nuestro estado.

Un año de crisis tras la entrega del “Mayo”

No es para nada una justificación, ni siquiera se acerca a una excusa, lo ya cumplido un año en Sinaloa desde aquel fatídico día donde fuera secuestrado y entregado al gobierno americano, en condiciones aún no muy claras, el líder histórico del Cártel de Sinaloa. Sin duda, marca un antes y un después; una crisis no sólo de violencia, sino económica y emocional de los habitantes, sobre todo del centro del estado, y donde a pesar de todo, seguimos de pie buscando cómo salir adelante.

Intentos por recuperar la calma

Si bien ha sido un proceso complejo, el Estado ha buscado formas de devolver la calma —si es que alguna vez la tuvimos— a los sinaloenses, impulsando la reactivación económica con apoyos directos e inversiones históricas. Sin embargo, este esfuerzo está lejos de concluir. A esto se suma un entorno político que no termina de tomar fuerza: una oposición debilitada por sus propias fracturas y liderazgos, y una sociedad civil organizada que, en los últimos años, ha sufrido descalabros y un creciente desconocimiento social.

¿Oposición o simulación?

Aunque muchas organizaciones —e incluso algunos empresarios— culpan a Morena o a la 4T de haber desvirtuado sus causas, lo cierto es que muchas de estas agrupaciones abandonaron sus principios para enfocarse en la búsqueda de posiciones políticas personales. Basta recordar a empresarios o liderazgos ciudadanos que, si bien tenían el derecho de participar políticamente, al llegar a un cargo olvidaron por completo a las organizaciones que los impulsaron. Algunos incluso cambiaron de color y negociaron con quien fuera necesario, con tal de saborear el poder desde una curul, una alcaldía, una regiduría o cualquier espacio de representación.

Hoy, la oposición real parece inexistente. ¿Quiénes reclaman a la 4T? ¿Aquellos que aún no han dado el paso de integrarse a Morena, al Verde o al PT? ¿Los que intentaron hacerlo pero no fueron aceptados? ¿O la tercera vía: quienes juegan a ser oposición, simulan candidaturas y pierden deliberadamente para sostener sus pluris, asegurar presupuestos o mantener acuerdos comerciales con quienes sí dieran el salto de color previamente?

El inicio del juego por la gubernatura

Mientras tanto, comienzan ya —al menos en el partido con mayor fuerza— los movimientos, los destapes y los diálogos entre quienes aspiran a convertirse en las próximas “corcholatas” rumbo a la gubernatura. Aunque algunos aún no lo expresan abiertamente, sus intenciones se evidencian en sus gestos, sus recorridos y las señales políticas que envían con cada acción.

Los perfiles más visibles

  • Imelda Castro, con formación de izquierda, con probada experiencia parlamentaria, fiel a la presidenta Claudia Sheinbaum, y que ha ocupado la vicepresidencia del Senado en momentos álgidos.
  • Enrique Inzunza, que conoce como la palma de su mano el derecho, alguien de todas las confianzas del actual gobernador —no por nada se le ve acompañándolo en las agendas de obras. Joven en cuanto a participación en política, pero con mucha experiencia en el Poder Judicial, algo que sin duda sabrá explotar.
  • Tere Guerra, quien ha decidido levantar la mano valientemente. La diputada local, reconocida abogada y popular líder de opinión cuenta con un respaldo político, ideológico y social que quizá los anteriores no. Sus lealtades, más allá de un gobernador o una presidenta, persisten dentro del plano ideológico.

Y aunque no la romantizo, creo que “Tere” pudiera ser quien parta en medio. Recordar cómo en 2006 —de la mano de un AMLO y sin el respaldo popular de una 4T como en 2018—, la popular Tere sería la candidata de izquierda más votada y apenas perdería un distrito federal que hasta ese momento no había tenido competencia del sector empresarial.

  • Juan de Dios Gámez. A esta lista pudiéramos sumar al alcalde de Culiacán, quien —fuera de los hechos de violencia que ya fueron asumidos por la federación al verse rebasado el municipio— ha mostrado una labor y administración del municipio sólida: mejoramiento en la infraestructura pública, trámites y atención en colonias.

Esperemos que sus lealtades al gobernador no sean su única carta, ya que se le ve creando estructuras interesantes.

  • Graciela Domínguez.Por último, y no menos interesante, considero que la diputada federal Graciela Domínguez podría entrar en esta palestra de las “corcholatas” morenistas. Ha sabido sortear sus pruebas de fuego; a pesar de su lealtad al gobernador de Sinaloa, también es una mujer comprometida con el sentir popular, muy humana y, sobre todo, coherente con la izquierda. Veremos cómo le va a la exsecretaria de Educación.

Cierre y lo que viene

Ustedes, estimados lectores, tienen la palabra. La próxima semana escribiré sobre quiénes se perfilan desde la llamada oposición, y comensaremos a revisar, municipio por municipio, quiénes se vislumbran. Por lo pronto, aquí la dejamos.

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