Sinaloa en 2027, más cerca de lo que parece

Por Nestor

Pareciera que este sexenio tiene más de una década; pareciera que lo sucedido en el gobierno actual dista mucho de culminar. Inclusive, pareciera que la sucesión no tiene por dónde, salvo por donde un grupo lo indique.

Un gobierno que no tiene oposición, un partido principal que, aunque apenas esté generando una estructura propia, parece más un monstruo de más de 70 años; una ejecución a voluntad de los grupos de poder al negociar con quienes implementan la política; y un grupúsculo de partidos u organizaciones de la sociedad civil disfrazados de organismos ciudadanos, en realidad serviles a los intereses del partido que representen.

Este es el escenario en el que, hoy, los empresarios y líderes sindicales se acercan más a preguntarle al partido hegemónico y a sus liderazgos (que sí deciden) qué rumbo llevará esto, para poner todas las canicas en la misma bolsa. Donde los comentaristas e influencers de moda se ponen a la orden del poderoso y generan una narrativa de flores y colores hacia el poder hegemónico, mientras endulzan a la oposición con la idea de tener oportunidad de algo más que un espacio plurinominal o un lugar servil en el gobierno entrante, a cambio de fidelidad tras bambalinas.

¿2027 más cerca de lo que parece? Sí, aunque no para las y los sinaloenses en general, esos que, como nunca antes, politizados y llenos de infodemia, empiezan a saturarse y buscan en qué dedicar su tiempo para mejor no participar en más de lo mismo. Una estrategia muy usada en tiempos pasados por la derecha, y que algunos conversos o seudoizquierdistas buscan fomentar para ejecutar más sencillamente los proyectos económico-políticos personales. Ojo: es más cercano porque, hoy, la atención se centra en observar qué hará el partido hegemónico y qué decisiones tomará en su interior: quiénes quedarán dolidos, quiénes ni siquiera quedarán y, sobre todo, dónde estará la oportunidad de implantar algo no propiamente de su discurso, pero que sirva para permear y generar espacios de poder para el bloque que quiere seguir tomando decisiones.

Y es que una gran duda que surge es: ¿cambió la clase política en Sinaloa?

La otra duda es: ¿puede cambiar?

Y por último: ¿puede ser realmente de izquierda un proyecto que encauce a Sinaloa?

A la primera pregunta, es claro que no. Son los mismos grupos que, desde la caída de Labastida, se sostienen en el poder, fluctuando entre los partidos políticos. Eso de la ideología pasó a segundo término.

Sobre la segunda, sin duda puede cambiar. La palestra está puesta, y si bien no se trata de cortar de tajo a la clase política empoderada, sí es posible dar un giro a la narrativa política.

Por último, claro que puede, pero dependerá de quién encabece el proyecto y, sobre todo, de quién lo acuerpe. Ya veremos pronto qué sucede.

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