Pie de foto: Fotografía tomada de la red; créditos a su autor.
Por Jorge Gastélum Escalante
Eran seis hermanos Palacios Barreda, de los que partipaban cuatro: Jaime, Sergio, Chiquis y Blanca. Vivían por la calle Rosales. De los varones el notable hombre de izquierda era Jaime. Blanca ha sido combativa siempre.
Los conocí en la universidad, esa gran escuela de vida. Jaime era dirigente estudiantil en la Escuela de Economía, que tenía su prestigio desde que José Luis Ceceña Cervantes fuese dirigente del movimiento universitario contra el rector Julio Ibarra Urrea, en 1966.
Cuando llegué a Culiacán y a la universidad, en 1970, Jaime gozaba ya de nombradía. Era buen orador, muy claro en su mensaje. Me tocó oírlo más de una vez en los mítines entre 1970 y 1972, en catedral y ante el edificio rosalino. Y conste que aquello era una pléyade de excelentes oradores.
Ese movimiento triunfó trágicamente. Jaime, junto con otros estudiantes notables, se hicieron docentes. Se echaron la universidad a la espalda ante la desbandada de los maestros de la vieja guardia. Y de docentes a sindicados, y de sindicados a militantes de institutos políticos. Los de la juventud comunista, unos se fueron al Partido Comunista Mexicano y otros a la Corriente Socialista. Jaime y sus camaradas se afiliaron al Partido Mexicano de los Trabajadores, dirigido por una figura heroica: Heberto Castillo Martínez, el científico mexicano que patentó la tridilosa y otros inventos.

Yo me fui con estos. Éramos tachados de academicistas: había figuras muy respetadas. Algunos, como ahora Jaime, ya han partido. Aparte del instituto político, conformamos una organización universitaria: el Movimiento Rafael Buelna Tenorio, MB. En uno y otro organismo, las intervenciones de Jaime, un intelectual responsable y congruente, fueron siempre muy claros llamados a la congruencia. Creo que eso es lo que define su vida como intelectual y militante: la congruencia.
Cuando su familia dejó de vivir en la Calle Rosales 248, nos propuso a los integrantes del PMT, o del MB, que compráramos la casa. Y sí, con acciones de 5 mil pesos, entre todos adquirimos esa casona que convertimos en sede del partido y de la organización universitaria. Interminables asambleas realizamos ahí; gran escuela democrática. Más de una vez recibimos a Heberto en el salón, presidiendo las reuniones al tiempo que calculaba un puente o un edificio monumentales. También había fiesta. No faltaba por qué.
Cuando el PMT desapareció para fusionarse en el Partido Socialista Unificado de México (PSUM) el inmueble se vendió y a cada uno nos fue devuelto el valor de nuestras acciones. Después vino la candidatura de Cuauhtémoc Cárdenas y a Heberto lo hicieron renunciar; no me gustó. Fue cuando dejé de militar. Pero no dejé las amistades.
Cuando me fui a estudiar a la Ciudad de México, el departamento que yo rentaba en López y Artículo 123 era la embajada de los pemetistas y emebianos en esa ciudad. Ahí recibí a varios. Allá llegó una vez Jaime y anduve acompañándolo en algunos de sus asuntos. En esa ocasión me contó varios chistes de Coyotitán, San Ignacio, su pueblo de origen. Son de reservarse de esta página.
Jaime no fue mi maestro de aula, pero si le debo múltiples charlas y la recomendación de un libro de Noam Chomsky, sobre La Responsabilidad de los intelectuales. Por ahí lo tengo. El problema no es Chomsky, somos nosotros. Le debo también su discurso, aunque no siempre estuve de acuerdo con él, lo que no importaba para seguir siendo amigos.
Un día llegué al módulo de la JAPAC a pagar el recibo del agua, angustiado por no saber cómo usar esa suerte de cajeros automáticos. Para mi fortuna, ahí estaba Jaime Palacios Barreda, pagando. Le pedí consejo. Y dijo: «No tiene ciencia, mira». E hizo el trámite. Nos despedimos celebrando mi ignorancia tecnológica y con la alegría de habernos visto.
Ayer me reuní con un alumno suyo, ahora mi tesista. Fue él quien me platicó que Jaime estaba delicado. Y ahora temprano madrugó la madrugada con el festón negro de su deceso.
Le envío un abrazo solidario a Blanca y a la descendencia de Jaime.
Jorge Gastélum Escalante
+++
Aviso de responsabilidad:
Las opiniones expresadas en esta columna son exclusiva responsabilidad de quien las firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de este medio.








