Por: Cruz Antonio González Astorga
Lo que se vive en Medio Oriente es la reedición de las guerras capitalistas, el proceso que los zapatistas llaman de “destrucción-despoblamiento y reconstrucción-reordenamiento”, y, en el caso de Palestina, pero no sólo, se cumple al pie de la letra.
La premisa fundamental de toda guerra es la conquista de territorios, para organizarlo a la idea del vencedor, en el caso que nos convoca, sobre Palestina se proyecta una destrucción completa, desplazamiento de la población, o en su defecto el asesinato masivo, es decir, el genocidio.
Israel bajo el pretexto de los grupos terroristas palestinos, mas no del pueblo palestino, y con el respaldo del gobierno de Estados Unidos, realizan esta cruzada contra una población noble y resistente.
La cruzada capitalista de EUA-Israel en Medio Oriente es para reordenar esos territorios bajo la lógica de la oferta y la demanda, sobre todo posicionarse económica y políticamente por encima de sus competidores rusos y chinos.
Esta encarnizada guerra de conquistas entre las potencias capitalistas por la repartición del mundo echa abajo la mascarada con la que los nacionalismos ocultaban su verdadero rostro: el crimen para hacerse de territorios y riquezas ampliando sus mercados.
Lo que llaman el Derecho Internacional, y los múltiples acuerdos bilaterales, han sido ignorados por completo por los países colonialistas, poniendo en la palestra la prioridad de la fuerza militar por sobre los acuerdos, reglamentos y leyes de todo tipo para la buena convivencia.
Ninguna organización creada para evitar la proliferación de las armas posterior a la Segunda Guerra Mundial ha sancionado a Israel, Estados Unidos o Rusia en el plano internacional, como tampoco al interior de cada país por los abusos, persecución y asesinatos de los migrantes de todo tipo, tanto en la Europa civilizada, como en la América de los pueblos originarios, que, al igual que los palestinos, viven desde la conquista la destrucción y despojo de sus territorios de manera sistemática, en el caso de México, recientemente maquillado con el Progreso de proyectos desarrollistas como el Tren Maya y el corredor Transístmico.
Ignorando las leyes y tratados, ¿qué le queda a la humanidad para mantener la cordura, el respeto y la paz? En Palestina no sólo se juega la existencia de un pueblo que tiene su derecho a existir, sino la humanidad entera.
Esta civilización camina hacia atrás, y los nacionalismos son el disfraz en el cual ocultan las tentativas criminales de un modelo social obsesionado con la acumulación de riquezas por encima de la estabilidad planetaria y la existencia humana.
Como una bestia enloquecida, cegada por la sangre y el dinero, fundamentadas con las premisas de la ganancia, las naciones conquistan destruyendo al “enemigo”, y el territorio donde por siglos o milenios habita ese “enemigo”.
Estas acciones criminales son replicadas en lo pequeño, lo local; el campesino que es robado con mentiras o por los pistoleros del finquero o el terrateniente, para arrebatarle con el uso de la violencia las tierras donde ya se tienen pensados algunos proyectos para extraer el agua, los minerales, explotar la tierra o zona turística.
En ambos planos se viola la ley, y en ambos la justicia no llega para los afectados, por más que se denuncien, se hagan protestas, se marche, no hay nada que haga entrar en razón a los aplicadores de la ley, es cuando surgen las preguntas; ¿al lado de quién están los jueces y el aparato de justicia?, ¿para quiénes se hicieron? Preguntas tendenciosas, es cierto, pero, por los resultados obtenidos no dejan opción para pensar el respeto del principio constitucional de “imparcialidad de la ley”; en lo local como en lo global la ley respalda, no donde asiste la razón, sino donde predomina la fuerza.
Los pequeños campesinos siguen condenados al fracaso de las cosechas, condicionados u obligados a vender sus tierras. Lo mismo sucede con Palestina, por más que las naciones europeas o americanas, con excepción de Estados Unidos, hagan declaraciones reconociendo el derecho a existir de Palestina, o los dos estados como solución al conflicto, no hacen nada para detener el genocidio de esta cruzada bicéfala sobre la población en Gaza.
El poder está por encima de toda ley, cómo le explicas a los niños y jóvenes que tienen derechos, y que los mismos les serán respetados donde quiera que vayan, cuando en Gaza, en Los Ángeles y los territorios indígenas de América no se respetan los derechos humanos: la vida.
¿Cómo las escuelas mexicanas repiten al unísono la columna vertebral de la educación como son los derechos humanos, programan actividades sobre una realidad que no existe? Salvo que una persona sin relaciones políticas ni vínculos con el poder sea quien infringe la ley, por pequeña que sea, entonces sí, todo el peso del Estado como en Atenco.
Los zapatistas han vivido y teorizado por décadas esto de la guerra, en el texto titulado “¿Cuáles son las características fundamentales de la IV Guerra Mundial?” hacen una descripción de las guerras recientes donde se involucra a las naciones del mundo entero; la Primera y la Segunda Guerras Mundiales tienen como escenario territorios europeos, además de Japón; la tercera, puesto que también fue mundial es la denominada Guerra Fría, entre las dos potencias entonces existentes; Estados Unidos y la URSS, llama la atención que en ella, la guerra, los escenarios fueron los países satélites que se movían en la órbita soviética o americana, Cuba por ejemplo. Y la Cuarta Guerra Mundial es la que se vive en el presente, una guerra total, en todas partes con consecuencias globales.
A diferencia de las guerras anteriores, en esta Cuarta Guerra Mundial contra quién se lucha, el documento lo plantea de la siguiente manera: “El problema es qué territorios se conquistan y reorganizan y quién es el enemigo. Puesto que el enemigo anterior (comunismo) ha desaparecido, nosotros decimos que ahora el enemigo es la u humanidad”.
En otro párrafo sintetizan el objetivo de esta guerra: “se destruyen territorios y despueblan. A la hora que se hace la guerra, se tiene que destruir el territorio, convertirlo en desierto. No por afán destructivo, sino para reconstruir y reordenar”.
Publicado en el 2003, en el contexto de la invasión de Estados Unidos sobre el territorio de Irak, so pretexto de las armas de destrucción masiva que nunca se encontraron. El texto hace un análisis sobre la esencia de la sociedad capitalista, haciendo hincapié en su esencia, donde los analistas del “Orden y Progreso” evaden para vender esperanzas si se lucha contra la corrupción y no contra un sistema de organización social que beneficia a pocos por sobre la mayoría condenados a la pobreza, y que, cuando la ley no le permite la ganancia, entonces se usa la violencia para el saqueo, el enriquecimiento.
Después del fantasma del comunismo, la coartada del imperio para invadir países es el terrorismo, con ese argumento Israel lazó un ataque a Irán, y con ese argumento detuvieron ilegalmente la marcha de la Global Sumud Flotilla, así como a los tripulantes, quienes llevaban alimentos y medicamentos como ayuda.
La rajada del terrorismo es parecida a la rajada del comunismo que hacen en Latinoamérica los gobiernos de derecha (hasta en eso están desfasados), de alguna manera hay que estigmatizar al otro, colocarlo en el blanco de las críticas para desbancarlo en la lucha por el poder político y del lugar donde vive.
En la dimensión internacional ya el argumento del comunismo nadie lo compra, pero el del terrorismo sí, y son terroristas los palestinos, como son los iranies, como lo son los integrantes de la Flotilla, y desde luego, quienes se solidarizan con Gaza en cualquier parte del mundo.
En esta guerra mundial por los territorios, de todos contra todos, quien pierde es la humanidad, no hay futuro para nadie; lo que está en juego en Palestina es el destino de la humanidad, porque después de Palestina sigue Irán, Venezuela, Cuba (siempre Cuba) y aquellos que son diferentes, así como los territorios con recursos naturales.
La enloquecida bestia capitalista nacida en el cementerio medieval no se detendrá, mientras avanza con su paso destructor, los lazos solidarios que la sociedad civil internacional teje (no sin sobresaltos) para detenerla son esfuerzos admirables, pero no basta, no mientras la bestia siga con vida, sólo destruyéndola en sus distintos puntos centrales; la producción fundamentalmente, o como el caso de los zapatistas, construyendo “lo común”; lo que es de todos sin nadie como dueño.
El camino es largo, tan largo que lo pequeño e insignificante como la solidaridad desde las calles en cualquier rincón del mundo tiene su efecto, pero no sólo en las calles, desde el arte, la ciencia, la palabra, organizándose para crear otras formas de relación social; la solidaridad para detener lo que padece el otro y que mañana le puede suceder a uno mismo.
Cruz Antonio González Astorga
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