Nunca imaginé que un programa que en sus inicios parecía modesto y con recursos limitados lograría trascender tanto. 31 Minutos nació en Chile en 2003 como un noticiero satírico para niños, creado por Álvaro Díaz y Pedro Peirano, con títeres como Tulio Triviño, Juan Carlos Bodoque y Policarpo Avendaño.
Su intención era simple: entretener, pero con humor inteligente y canciones que atraparan a su público. Lo que nadie podía prever era que ese proyecto, con un presupuesto aparentemente limitado, se convertiría en un fenómeno cultural de alcance internacional.

La viralidad de 31 Minutos en redes sociales habla por sí misma: memes, clips y canciones compartidas constantemente mantienen vigente al programa.
Su participación en plataformas como Tiny Desk de NPR marcó un momento histórico, cuando Tulio Triviño, el protagonista del noticiario ficticio, bromeó: “Soy Tulio Triviño y esta es la primera vez en Washington de 31 Minutos, que es exactamente el tiempo en que expiran nuestras visas de trabajo. Así que me apuro en presentar a los latinos”.

Pero la fuerza del programa no se limita al humor. Durante la interpretación de “Objeción denegada”, los personajes destacaron la situación de los migrantes en Estados Unidos adaptando la letra: “Alza la mano si tú eres inocente / alza la mano si tú eres culpable / alza la mano si se te venció la Waiver (Visa Waiver Program) / alza la mano si tú eres ilegal”. La transmisión se convirtió rápidamente en una de las más vistas de Tiny Desk, demostrando que su crítica social y su irreverencia no solo entretienen, sino que resuenan y generan reflexión mucho más allá de Chile.
Además, el programa alcanzó un hito histórico al convertirse en la primera serie chilena en tener una exposición propia en México, en el Museo Franz Mayer de Ciudad de México. La muestra, que estuvo abierta del 20 de junio de 2024 al 12 de enero de 2025, ofreció una experiencia inmersiva con títeres originales, sets, material inédito de conciertos y giras, permitiendo a los visitantes revivir la sátira y creatividad que hicieron del programa un ícono.
Estoy convencido de que 31 Minutos preparó a toda una generación: una generación de izquierda, anti-genocidio, pro-LGBT+, prodecisión y a favor de la legalización de derechos fundamentales.

Sus irreverencias han inspirado a estudiantes y colectivos, como los alumnos de odontología de la UAS, quienes han encontrado en su humor y creatividad una forma de visibilizar sus demandas. La serie demuestra que la cultura popular no solo refleja la realidad, sino que puede intervenir en ella, cuestionarla y transformarla.

El éxito de 31 Minutos es una lección de que la autenticidad, la creatividad y el ingenio pueden superar cualquier limitación de recursos. Nos recuerda que, incluso desde lo modesto, es posible crear arte que educa, cuestiona y une, y que los títeres pueden ser mucho más que juguetes: pueden ser símbolos de memoria, resistencia y expresión colectiva.
Alza la mano si tú eres ilegal. Nos leemos a la próxima.
Jonatan Azbat Carrillo
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