La desigualdad global dejó de ser un problema económico para convertirse en una amenaza directa a la democracia. En 2025, las fortunas de los megarricos crecieron a una velocidad tres veces mayor que en los últimos cinco años, de acuerdo con un nuevo informe de Oxfam. El dato no sólo exhibe una acumulación obscena de riqueza, sino el avance de un fenómeno aún más peligroso: la captura del poder político por las élites económicas.
Qué pasó y por qué importa
Según Oxfam, desde el regreso de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos, la riqueza conjunta de los milmillonarios aumentó más de 16%, alcanzando un récord histórico de 18.3 billones de dólares. Nunca tantos tuvieron tanto, mientras millones apenas sobreviven.
El crecimiento acelerado no es casual. Está vinculado a políticas que favorecen abiertamente a los grandes capitales: reducción de impuestos a los superricos, bloqueo de acuerdos fiscales internacionales, debilitamiento de regulaciones contra monopolios y un boom bursátil asociado a la inteligencia artificial, impulsado desde el poder político.
Cuando el dinero compra la democracia
Para Oxfam, el problema ya no se limita a la desigualdad de ingresos o al dominio de mercado de las grandes corporaciones. El foco está en algo más grave: la compra de la democracia. Hoy, los magnates no sólo influyen: gobiernan.
El informe revela que los 12 hombres más ricos del planeta concentran más riqueza que la mitad más pobre de la humanidad, es decir, más que 4 mil millones de personas. La acumulación es tan desmedida que, con lo que incrementaron sus fortunas en un solo año, podrían entregarse 250 dólares a cada habitante del planeta y aun así les sobrarían 500 mil millones de dólares.
No es metáfora: es aritmética del poder.
El dinero manda, el voto estorba
La captura política se refleja con claridad en Estados Unidos. En la elección de 2024, uno de cada seis dólares gastados en campañas electorales provino de apenas 100 familias multimillonarias. Oxfam advierte que un superrico tiene 4 mil veces más probabilidades de ocupar un cargo político que cualquier ciudadano común.
Las élites, señala el informe, construyen su poder de tres formas: comprando apoyos, financiando narrativas que legitiman su dominio y asegurándose acceso directo a las instituciones. El resultado es un sistema político funcional para los ricos y disfuncional para las mayorías.
América Latina: desigualdad heredada
En América Latina y el Caribe, el panorama es igual o peor. Mientras la región se encamina a otra década perdida en la reducción de la pobreza, los millonarios viven una “década dorada”. En 2025, la riqueza de los magnates latinoamericanos creció 39%, 16 veces más rápido que el crecimiento económico regional.
Actualmente hay 109 milmillonarios en la región, 14 más que el año anterior. Concentran 622 mil millones de dólares, una riqueza comparable al PIB conjunto de Chile y Perú. No es mérito individual: más de la mitad heredó su fortuna, desmontando por completo el mito de la meritocracia.
Para ponerlo en perspectiva:
👉 Un trabajador promedio necesitaría 102 años para ganar lo que un milmillonario obtiene en un solo día.
El origen del saqueo
La riqueza extrema en la región proviene, en su mayoría, de sectores altamente concentrados y capturados: finanzas, telecomunicaciones, energía y recursos naturales. Son espacios donde el poder económico se traduce directamente en poder político, cerrando un círculo vicioso que reproduce la desigualdad generación tras generación.
Como advierte Oxfam, no es sólo injusticia social: es un modelo que vacía la democracia y normaliza el privilegio.
La pregunta incómoda
Si la riqueza se multiplica arriba mientras la pobreza persiste abajo, y si el dinero decide elecciones, leyes y gobiernos, entonces la pregunta ya no es económica, sino política:
👉 ¿Quién gobierna realmente el mundo: los pueblos o los milmillonarios?








