En medio de versiones que encendieron alertas y suspicacias, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo fue tajante: no existe ningún registro de sobrevuelos militares de Estados Unidos en el espacio aéreo mexicano. La aclaración llega luego de que una advertencia del gobierno estadounidense generara especulación sobre posibles operaciones militares en la región del Pacífico.
Qué pasó y por qué importa
El pasado viernes, la Federal Aviation Administration emitió un aviso dirigido a aerolíneas que vuelan sobre México, Centroamérica y parte de Sudamérica, alertando sobre posibles “operaciones militares” que podrían afectar sistemas de navegación satelital, como el GPS. Aunque el mensaje no mencionaba directamente incursiones sobre territorio mexicano, fue suficiente para desatar interpretaciones alarmistas.
Este domingo, desde la comunidad de La Cruz del Palmar, en Guanajuato, Sheinbaum desactivó cualquier lectura de injerencia: “En territorio nacional no hay nada”, respondió al ser cuestionada por la prensa. El mensaje fue claro: la soberanía no está en duda.
Soberanía frente al ruido internacional
La advertencia de la FAA habla de riesgos técnicos para la aviación civil, no de autorización ni presencia militar en México. Sin embargo, en un contexto regional marcado por tensiones geopolíticas y antecedentes de presión estadounidense, el señalamiento no es menor. De ahí la importancia de la respuesta presidencial: no hay permisos, no hay registros, no hay operaciones militares extranjeras en el cielo mexicano.
El gobierno mexicano busca evitar que avisos unilaterales desde Washington se traduzcan en narrativas de subordinación o intervención. La postura de Sheinbaum reafirma una línea política: coordinación sí, subordinación no.
Un mensaje desde los pueblos
La declaración se dio durante la visita de la presidenta a La Cruz del Palmar, donde encabezó el Plan de Justicia para los Pueblos Chichimeca y Otomí del noreste de Guanajuato y del semidesierto de Querétaro. No es un dato menor: el mensaje de soberanía se emitió desde territorio indígena, en un acto que reivindica deuda histórica, justicia social y presencia del Estado en las comunidades olvidadas.
Mientras algunos medios miran al norte, el gobierno federal insiste en mirar hacia abajo: a los pueblos, al territorio y a la dignidad nacional.








