Por Alejandro Castro
Hace días bromeaba con un amigo sobre nuestra ignorancia en deportes y el cliché de que los gays no sabemos de esos temas. Pero hay uno del que sí quiero hablar: las personas intersexuales y trans en el deporte.
La semana pasada, el Comité Olímpico Internacional (COI) decidió que, para la justa deportiva que se llevará a cabo en Los Ángeles en 2028, se retomará una política de los años noventa. Esta establece que se pueden realizar pruebas hormonales y genéticas a las mujeres que sean consideradas “sospechosas” de tener niveles altos de testosterona.
Y estos exámenes no buscan únicamente detectar dopaje. Buscan identificar a mujeres que, de manera natural, producen más testosterona de lo que establecen ciertos parámetros clínicos.
Es decir, mujeres con variaciones hormonales que podrían ser penalizadas e incluso perder su lugar en la competencia por algo que su propio cuerpo produce de forma natural.
El COI le está pidiendo a estas atletas que se sometan a tratamientos hormonales para reducir esa supuesta “ventaja competitiva”, en nombre de lo que han decidido llamar “mujer biológica”.
Y me quiero ir al extremo, porque la medida es extrema: Michael Phelps posee un cuerpo que genéticamente le da ventajas sobre otros nadadores. La longitud de sus brazos supera su estatura y sus piernas son proporcionalmente más cortas que el promedio para alguien de su tamaño.
¿Esas ventajas genéticas lo descalificaron para competir y ganar 28 medallas olímpicas? No. Al contrario, hubo documentales completos exaltando cómo su cuerpo le daba una ventaja ideal para la natación.
Entonces, ¿por qué Phelps sí y las personas intersexuales no?
Les doy ejemplos de ventajas biológicas que han sido aprovechadas —y luego cuestionadas— en los Juegos Olímpicos, todas en mujeres:
Me gustaría empezar con Imane Khelif, quien fue noticia en los Juegos Olímpicos de París 2024 al ganar la medalla de oro en su categoría. Tras el escarnio mediático, la propia Imane declaró que posee una combinación genética que la sitúa en el espectro intersexual. Fue criada como mujer y se auto percibe como tal.
Fue hasta su entrada al deporte profesional que descubrió estas diferencias, cuando ya era boxeadora. Imane compite contra otras mujeres de su talla, peso y condición física; es decir, en igualdad de categoría. Sus niveles hormonales no deberían estar en discusión.
También está Lin Yu-ting, nacida en Taiwán, quien igualmente ganó oro en París 2024. En 2023, la Asociación Internacional de Boxeo la había descalificado por no cumplir con pruebas de género, es decir, por no ajustarse a los parámetros hormonales exigidos.
Lin apeló la decisión y pudo competir en París. Sin embargo, incluso después de ganar el oro, se vio envuelta en polémicas por los llamados “tests de feminidad” en competencias internacionales.
Un caso distinto es el de Laurel Hubbard, quien compitió en Tokio 2020. Laurel se declaró mujer trans en 2013 y pudo participar tras cumplir con los lineamientos del COI sobre niveles de testosterona. Aunque no obtuvo medalla, marcó un precedente como una de las primeras atletas trans en Juegos Olímpicos.
En contraste, también existen casos como el de Elis Lundholm, cuya participación en competencias ha generado debate por las categorías en las que se le ha permitido competir, evidenciando lo complejo —y aún no resuelto— del tema.
En este mismo contexto, el año pasado Donald Trump firmó una orden ejecutiva que prohíbe, en Estados Unidos, que personas trans compitan en deportes dentro del género con el que se identifican.
Esto representa un retroceso en materia de derechos humanos, igualdad y respeto a la autodeterminación, luchas que han costado décadas.
A nivel global, estamos viviendo una embestida contra los derechos de la diversidad. Derechos que han sido conquistados con esfuerzo y que no estamos dispuestos a negociar. Porque los derechos no son moneda de cambio, ni bandera de temporada.
Escríbanme, yo los leo. Sobre el tema: Mujeres biológicas, hormonas y Juegos Olímpicos.
+ + +
Alejandro Castro es originario de Mazatlán y parte de la generación millennial, estudió Turismo en la UdeO y más tarde una maestría en Ciencias Sociales en la UAS. Ha combinado la docencia universitaria con la investigación y la capacitación, además de desempeñarse en distintos espacios públicos: fue secretario técnico de la Junta de Coordinación Política en el Congreso de Sinaloa, secretario particular en la SEPyC y coordinador de proyectos estratégicos en su ciudad natal.
+++
Aviso de responsabilidad:
Las opiniones expresadas en esta columna son exclusiva responsabilidad de quien las firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de este medio.








