eirut.– Un acto que ha generado indignación internacional fue confirmado por el propio gobierno israelí: un soldado de sus fuerzas armadas destruyó una estatua de Jesucristo en el sur del Líbano, en medio del conflicto con Hezbollah.
Las imágenes, que se viralizaron durante el fin de semana, muestran al militar golpeando con un hacha una escultura de Cristo crucificado que se encontraba en un pequeño santuario familiar en la localidad de Debel.
Confirmación y reacción oficial
Tras la difusión del video, las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) reconocieron la autenticidad de las imágenes y anunciaron una investigación.
El primer ministro Benjamin Netanyahu condenó el hecho y aseguró que habrá consecuencias.
“Me impactó y entristeció enterarme… Condeno este acto en los términos más enérgicos”, escribió, al afirmar que se tomarán “medidas severas”.
Condena internacional
La reacción no se limitó a Israel.
El embajador de Estados Unidos en ese país, Mike Huckabee, pidió sanciones “rápidas, severas y públicas”, mientras que autoridades israelíes calificaron el hecho como “vergonzoso” e “indignante”.
El canciller Gideon Saar incluso ofreció disculpas a la comunidad cristiana afectada.
Un símbolo en medio de la guerra
El sacerdote local, Fadi Falfel, calificó el acto como una profanación.
“Uno de los soldados rompió la cruz… esta cosa horrible”, declaró.
El santuario formaba parte del entorno de una familia en una de las pocas aldeas del sur del Líbano que permanecen habitadas en medio del conflicto.
Contexto de tensión
El incidente ocurre en una región marcada por la confrontación entre Israel y Hezbollah, que ha dejado miles de muertos y heridos en las últimas semanas.
A pesar de una tregua parcial, continúan los bombardeos y enfrentamientos, mientras se preparan nuevas negociaciones internacionales para intentar frenar la escalada.
El fondo
Más allá del hecho puntual, el episodio revela el peso simbólico de la guerra.
No solo se disputa territorio.
También se tensionan identidades, religiones y memorias.
Y en ese terreno, cada acto —por pequeño que parezca— tiene un impacto mucho mayor.








