Por Edgar Adair Espinoza
En MĆ©xico del 24 de diciembre al 1 de enero ocurre un fenómeno antiguo y silencioso: la polĆtica baja la voz, no es que desaparezca (la polĆtica nunca se va) pero se repliega, la ciudadanĆa se aleja de la disputa. Se vuelve un susurro. Las agendas se vacĆan, los discursos se guardan en el cajón y hasta la confrontación mĆ”s dura concede una pausa. Es una tregua no escrita, un acuerdo cultural que nadie firmó y que, aun asĆ casi todos respetan.
Durante esos dĆas, el paĆs entra en otro ritmo. Las oficinas pĆŗblicas funcionan en modo mĆnimo, los telĆ©fonos suenan menos y los temas urgentes aprenden a esperar, es nuestra cultura. Es la aceptación tĆ”cita de que hay un tiempo para la gestión y otro para el reencuentro. Que incluso el poder (tan dado a la prisa) necesita detenerse para no perder el rumbo o caer agotado.
La polĆtica, en estos dĆas, tambiĆ©n se humaniza. El funcionario vuelve a ser hijo, madre, hermano, esposa. El militante se sienta a la mesa con quien piensa distinto. El adversario deja de serlo, al menos cuando el brindis obliga a mirarse a los ojos y recordar que antes de cualquier ideologĆa hay historias compartidas, afectos y ausencias.
La cultura mexicana entiende el descanso como una necesidad moral. Descansar es honrar lo vivido, es reconocer el aƱo que termina con sus errores y aciertos; es preparar el Ć”nimo para lo que viene. Por eso la Navidad y el AƱo Nuevo son rituales de recomposición social y la Ćŗltima discusión fue la semana laboral de 40 horas, el aumento al salario mĆnimo, entre otros relacionados con el bienestar de los trabajadores.
En esos dĆas, la polĆtica vuelve a ser experiencia. Se reflexiona sin micrófonos, se piensa sin cĆ”lculo electoral, se conversa mejor. Tal vez por eso, muchas de las decisiones mĆ”s importantes se gestan en la promesa Ćntima de hacerlo mejor el siguiente aƱo.
Gobernar, al final, también es saber cuÔndo entregarse a un libro, a la familia y a la reflexión.
AsĆ, mientras el calendario avanza y el aƱo se despide, MĆ©xico se concede ese respiro colectivo.
Una tregua necesaria. Un silencio fĆ©rtil. Un recordatorio de que la polĆtica es de personas como nosotros, de carne y hueso, y quienes no lo entiendan no tienen futuro.
Nota: ¿Qué habrÔ decidido la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo en su descanso en Acapulco o que decidirÔ el año nuevo de cara a los retos de 2026? Sin duda, lo sabremos muy pronto.
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